En los últimos meses, hemos sido testigos de un proyecto bastante ambicioso pero de impacto limitado y hasta poco realista. Nos referimos a la construcción de una Nueva Carretera Central que atravesaría la cordillera hasta llegar de Lima a Junin, Huancayo, con un costo estimado de más de 24 000 millones de soles. En un país como el Perú, donde la pobreza aumenta día a día, este proyecto parece un insulto a la realidad nacional. Peor aun, cuando no se le da prioridad a vías alternas que realmente podrían crear un impacto mucho mayor y real al del propuesto por la cuestionada gestión de la presidente Dina Boluarte.
Muchos expertos y colegios profesionales como el Colegio de Ingenieros de Lima, han expresado su consternación ante este proyecto por ser exageradamente caro y porque además, existen tres vías alternas que llegan de Lima a Huánuco y beneficiarían a varias regiones directamente, en contraste con el proyecto de la Nueva Carretera Central que tanto defiende el Ejecutivo.
En lugar de construir una nueva carretera desde cero, cuya construcción podría iniciarse entre 8 a 10 años, seria mucho mas conveniente utilizar y mejorar tramos existentes, como la Carretera Huaura (variante de Pasamayo) Sayán – Churín – Oyón – Ambo – Cerro de Pasco – Tingo María, para conectar con la costa, para llegar finalmente a Lima. Esta ruta no solo descongestiona la sobrecargada Carretera Central, sino que también reduce significativamente los costos de construcción, estimados en aproximadamente un 5% del presupuesto de la Nueva Carretera Central.
O la vía Huaral – Acos – Huayllay – Dv. de Cochamarca. Y por último, la carretera Lima – Canta – Huayllay Dv. Cochamarca, Huánuco, que también son extraordinarias alternativas y que costarían menos del 10% del millonario presupuesto de la Nueva Carretera Central culminarlas.
La implementación de estas alternativas beneficiaría enormemente a los departamentos de Ucayali, San Martín y Huánuco, al facilitar el transporte de sus productos a la capital en menor tiempo y con menor gasto de combustible. Además, al evitar el paso por la cordillera a más de 4000 metros sobre el nivel del mar, se reducen los riesgos y se optimiza el transporte de carga.
En tiempos de crisis económica, es crucial que nuestras autoridades tomen decisiones sensatas y eficientes en materia de infraestructura.




