¡ALO, PhD!

Jacobo Ramírez Mays

Suena mi celular, veo el nombre de uno de los pocos amigos que tengo, y no sé si contestar o hacerme al huepla, porque cuando llama este amigo lo hace ya sea para saludarte, chismosear o invitarte a chupar, que, dicho sea de paso, es lo que más hace. En fin, lo cierto es que le contesto. Con su voz inconfundible, y con la alegría que le caracteriza (pareciera que nunca tuviese problemas), me dice: «Hola, PhD. ¿Dónde estás?, para entregarte mi libro».

Guardo silencio, sonrío, (no me dio oportunidad para responder a su joda) y solo le contesto que estaba en mi centro de trabajo; a donde, después de unos minutos, llegó sonriendo y trayendo algunos libros en sus manos. Nos saludamos, se inclinó sobre un escritorio, sacó su lapicero y, temblando, no porque tenga párkinson sino por falta de alcohol, escribió una dedicatoria en Entre el mar y la montaña; (Ediciones Rocinante, julio del 2019), y me lo entregó.

Esa noche, en el silencio de mi hogar, leí la primera parte del libro que se titula «El mar que no conozco» …estoy solo ante un ámbito extraño, / frente a un horizonte de exilio, / bajo un cielo que no me pertenece. Levanto mi vista y veo la inmensidad del espacio que me rodea, pienso en lo que está más allá de lo que mis ojos pueden ver, y entiendo que, al igual que el poeta, estoy solo en un lugar extraño, bajo un cielo que no me pertenece, que no nos pertenece.

Continué leyendo e imaginé al gordo, como cariñosamente le llamamos, aunque él, cuando se ve a el espejo, se encuentra delgado, parado en un muelle solitario, en ruinas; lo percibí contemplando ese mar que es un misterio, lo vislumbré peleando con los alcatraces, escuchando al mar embravecido y atisbando a las aves alejarse hacia un destino que él desconoce.

Entonces entendí que la poesía es todo para él; es irse más allá de este mundo, es perderse con el vuelo de las aves solitarias, es sentirse dueño de muelles, de mares, aunque esté irremediablemente solo.

Me imaginé al poeta viendo gaviotas, albatros y piqueros, a quienes les escucha decir que él es un extranjero en ese lugar; porque él es de las montañas, de los valles, de las quebradas; el poeta comprende esas voces y admite que está lejos de su comarca, de sus aguaceros y vientos enloquecidos, y que no conoce ese mar que contempla.

La segunda parte del libro se titula «Historias entre montañas»; aquí el poeta regresa a su patria añeja para escuchar sus historias escritas en rocas, vientos, ríos; escritas por hombres que dibujaron estrellas para inmortalizar su paso por este valle, pero también dibujaron llamas, pumas, colibríes, guanacos, halcones, serpientes, al sol y a la luna en las laderas milenarias, inmortalizando así nuestra historia.

Repaso lo que dice el poeta acerca de estos hombres: «…Con trazo fuerte reprodujeron a su modo / sus vidas errantes y sencillas / sus días fértiles / sus historias fatídicas / sus amores efímeros / sus muerte dignas /…» y entiendo la historia del pueblo que me vio nacer, crecer y también me verá morir.

Después de haber terminado de leer el libro, entendí que el PhD es él, el investigador del verso sencillo, el doctor de la poesía, pues creo que ha logrado el más alto grado en esta materia y en la gran amistad que nos tiene.

P.D.: Phd es un título universitario referido a un doctorado en investigación.

 

Las Pampas, 25 de julio de 2019