Algunos aliados europeos temen que Trump busque destruirlos

La **diplomacia** transatlántica se encuentra en un punto crítico, tras las declaraciones y acciones del expresidente Trump que sugieren una ruptura con la tradicional alianza entre Estados Unidos y Europa. Este distanciamiento, que se gestó durante su primer mandato, ahora amenaza con profundizarse, generando incertidumbre sobre el futuro de las relaciones internacionales y la estabilidad geopolítica global, especialmente en un contexto marcado por conflictos bélicos y tensiones comerciales crecientes.

Según la investigación publicada por The New York Times, la visión de Trump sobre la Unión Europea como un “enemigo” comercial ha escalado, evidenciando una postura que algunos interpretan como una hostilidad manifiesta, mientras que otros la ven como una simple indiferencia hacia los socios europeos.

Durante una reunión de gabinete reciente, Trump reiteró su acusación de que la Unión Europea fue “creada para perjudicar a Estados Unidos”, una afirmación que, según expertos, ignora el complejo entramado de acuerdos comerciales y alianzas estratégicas construidas durante décadas. Además, amenazó con imponer aranceles del 25 por ciento a los automóviles y otros productos europeos, una medida que podría desencadenar una guerra comercial de consecuencias impredecibles para ambas economías. Es crucial recordar que la Unión Europea es el segundo socio comercial de Estados Unidos, representando un flujo de bienes y servicios que supera los 1.1 billones de dólares anuales.

El acercamiento de Trump a Rusia, sumado a sus advertencias a Europa para que se defienda por sí misma, ha reforzado la percepción entre líderes y analistas europeos de que el expresidente y su círculo cercano consideran a los aliados tradicionales de Estados Unidos en Europa como adversarios en prácticamente todos los ámbitos. Este cambio de paradigma se produce en un momento en que la cooperación internacional es esencial para abordar desafíos globales como el cambio climático, la seguridad cibernética y la lucha contra el terrorismo.

La designación de JD Vance como su vicepresidente, conocido por sus ataques a la democracia europea y su apoyo a partidos de extrema derecha, junto con la influencia de figuras como Elon Musk, quien ha expresado desprecio por los líderes europeos y respaldado a partidos extremistas en Alemania, amplifican la preocupación sobre la dirección que podría tomar la política exterior estadounidense bajo un nuevo mandato de Trump. Musk, por ejemplo, ha invertido fuertemente en Alemania, con la construcción de una gigafábrica de Tesla en Brandeburgo, lo que hace su postura aún más paradójica.

Un hecho particularmente alarmante para los líderes europeos fue la negativa de Estados Unidos a condenar la invasión rusa de Ucrania en las Naciones Unidas, votando en cambio junto a Rusia, Bielorrusia y Corea del Norte, todos gobiernos autoritarios. Esta acción, que contradice la postura de sus aliados europeos, socava la credibilidad de Estados Unidos como defensor del orden internacional basado en reglas y pone en duda su compromiso con la seguridad y la estabilidad en Europa.

El futuro de la OTAN, la alianza militar transatlántica que ha sido la piedra angular de la seguridad europea durante más de 70 años, también se encuentra en entredicho, dado el historial de críticas de Trump a la organización y su alineamiento con Rusia, considerada la principal amenaza a la alianza por muchos de sus miembros. La incertidumbre sobre el compromiso estadounidense con la OTAN podría alentar a otros actores a desafiar el status quo y desestabilizar aún más la región. La adhesión de Finlandia y Suecia a la OTAN, tras la invasión rusa de Ucrania, subraya la importancia de la alianza para la seguridad europea en el contexto actual.