Israel Tolentino
Hay un hecho fáctico en esta primera exposición de Alfredo Rolando, el Curador autónomo. Federico de la Puente (São Paulo, Brasil. / Octubre 2024) escribe: Vamos a poner en juego la pregunta que resulta inabarcable, imposible y absurda: ¿Para qué sirve la pintura? contestar desde el contexto peruano tiene sus bemoles; en Lima, esta práctica batalla con nuevas tendencias artísticas, se renueva y avejenta, se oxigena y aliena; en cambio en las provincias, la pintura sobre lienzo es una actividad permanente, el referente primordial dentro de las movidas artístico – culturales. La capital, siempre se ha caracterizado por “estar al día”, este indicador advierte que en la práctica de la pintura que realiza Alfredo Rolando hay un “algo” que sobrepasa considerarse dentro de la corriente o haberse quedado en el ejercicio de pintar por pintar, con esto, la respuesta a la pregunta de Federico de la Puente responde Alfredo, pintando.

De los artistas que conozco en este último quinquenio, Rolando es de los más convencidos del valor intrínseco de la acción y la técnica de pintar; este convencimiento ha despertado en él una constante confrontación entre el lienzo y su impulso vital. Tiene un taller dotado de las suficientes herramientas e insumos para producir estos artefactos bidimensionales y valerse de ellos para narrar su rica experiencia personal.
Ciertamente, pintar sobre un lienzo es una práctica en extinción (tal vez exagere), tensar una tela sobre un bastidor, poner una base y ensuciarse las manos y el mandil con los pigmentos, lavar los pinceles, toda una diligencia de voluntad y disciplina.

Hasta hace poco Alfredo Rolando se posaba frente al paisaje y practicaba el “splashing” una manera de usar la pintura donde involucraba todo su cuerpo, solía caminar mucho y buscar un punto en el paisaje exterior donde su espíritu creador encontraba las condiciones para posar su lienzo e iniciar con un movimiento su catarsis.

Un artista que anda y pone en entredicho la técnica que usa, puede en algún momento sorprendernos con un cambio formal y, es ello lo que ha sucedido con la pintura de Alfredo. Toda la fuerza corporal impregnada en los ritmos que el “splashing” le permitía, ha mutado a sintetizarse en dos fuerzas opuestas que se vislumbran, en dos trazos opuestos: uno horizontal que recorre el lienzo de canto a canto y parece indicar que hace las veces de estructura guía y, otro trazo curvo, como un arco algunas veces, donde sus brazos dan paso a una dimensión que, contraponiéndose a la primera recta, crean una sensación de espacio de cuerdas.

El pintor logra convencer de que hay un diálogo entre la planitud del lienzo y la oscuridad del universo. La fuerza física que posee Alfredo se encamina en estos dos trazos, como si su deseo de acercarnos a las incógnitas del mensaje cósmico se sintetizara en una línea recta sin inicio ni final y, los círculos u arcos que se desprenden, intersectan o viajan tangencialmente como la representación espiritual de los seres humanos. Se sustenta lo dicho en el título de esta su primera muestra individual “El Mensaje”, el conjunto de pinturas participa de esta dialéctica, incluso, al alinear todos los lienzos, el ojo se encuentra con un mensaje consumado, así, al separar cada pintura, en el espacio que se fragmenta se continúan hallando atisbos del mensaje integral. Cada nombre individual de los lienzos, así como las series ratifican el Mensaje: “entre las dimensiones”, “expansión de conciencia”, “universo paralelo”, “código dimensional”, “la gran trasmutación”, “trilogía cósmica”, “la simulación (díptico)”, “el nuevo tiempo”, “propulsión interdimensional”, “geometría bidimensional”, “intervención divina”.
Alfredo Rolando seguirá pintando, esta sumido a los pinceles y colores con un ardor inquebrantable, toca esperar las sorpresas que nos traerá (Oxapampa, diciembre 2024).




