Artista huanuqueño es considerado uno de los más importantes caricaturistas del siglo XX
El 05 de abril se inauguró en el Centro Cultural de Bellas Artes -Lima la muestra artística “Memorias dibujadas” del maestro Oswaldo Sagástegui. Exposición que exhibió una selección de más de 150 obras realizadas por el destacado artista y caricaturista huanuqueño.
Ha sido una alegría desbordante saber de la estadía del maestro Oswaldo Sagástegui en Lima (para una periodista cultural en formación que solo ha visto sus trabajos de manera virtual). Sobre todo porque lo tenía más cerca. Aunque con un poco de tristeza, siendo uno de los más grandes representantes del arte peruano, en su tierra no se le recuerda.En muchas ocasiones las autoridades han apoyado a personajes oportunistas, seres que jamás han tenido respeto por el arte, ni por el ser humano.
Estos valerosos hombres (por que para el arte uno hay que tener valor), con mucho esfuerzo se abren paso en el difícil mundo cultural, después de mucho sacrificio, de haber enfrentado dolor y sufrimientos. Conocí a Oswaldo Sagástegui por intermedio de algunos artistas plásticos de Huánuco. Francisco Palomino y Raúl Briceño fueron los que me incentivaron a buscarlo. Siempre dijeron, “hay alguien más grande en el arte que ahora vive en México”. Eso me llamó poderosamente la atención, sobre todo porque en nuestro pequeño pueblo aún no se ha escrito sobre la historia del arte plástico.
Primero, indagué si en Huánuco tenía familia, no logré respuesta, solo sabía que radicaba en México. Mi búsqueda empezó en Google, la primera vez que escribí su nombre encontré información, pero no había alguna referencia más allá de su obra que estaba muy bien valorada en el mercado internacional. (En este tiempo aún era estudiante, así que después de intentarlo varias veces, abandoné esta tarea por continuar la universidad)
Años después, ya egresada volví a la búsqueda, ubiqué una galería virtual con su apellido, escribí al correo y otra vez sin respuesta. Varios intentos después en el 2021, aparecería una pequeña esperanza en el Facebook, donde contacto a Mauricio Sagástegui, artista plástico mexicano de sangre peruana, hijo menor del maestro Oswaldo, sin nada que perder escribí un mensaje y al fin tuve una respuesta un 15 de marzo de ese año. Amablemente me respondió y por su intermedio llego a Iván (hijo mayor) dos días después. Lo primero que pedí fue una entrevista con el maestro Oswaldo, algo que de manera virtual no logramos concretar.
El 19 de marzo recibí a través de Whatsapp una carta del maestro. Un par de días después me sorprendí al contestar una llamada que decía “soy Oswaldo Sagástegui” no pude contener las lágrimas, aunque él no sabía que lloraba, respondí. Desde que recuerdo, casi siempre he llorado de alegría, no pude con la emoción. Lo oí por primera vez. Mi búsqueda había dado resultados.
Oswaldo Sagástegui es llatino de nacimiento, pero el trabajo de su padre hizo que sus primeros 5 años los viviera en la selva, de donde lo regresaron a los 7 para vivir en la ciudad de Huánuco hasta los 10 años.
Y como él lo manifiesta: “La ciudad de Huánuco, para mí, representa el gran encuentro con la civilización, ahí empecé a los 8 años y medio a realizar mi primer trabajo, pues vendía golosinas en la cazuela del cine, y por las mañanas la tarea de limpieza del mismo inmueble. Ahí fue también donde, junto a mi hermano menor Marino, empezamos nuestros estudios y por todo esto, a Huánuco lo llevo siempre en el corazón y en mi memoria, pues nunca me olvidaré de sus calles y sus plazas, en donde dibujaba”.
De Huánuco pasó a vivir a la capital donde conoció por primera vez sobre arte, estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, graduándose con medalla de oro en 1959, formando parte de la legendaria “Promoción de Oro”. Con un sinnúmero de exposiciones colectivas y muestras personales en ciudades como Lima, Roma, Bolzano, Miami, Nueva York, Buenos Aires, entre otros. En 1985 expone en México, iniciando así su etapa más fructífera y más importante, hasta convertirse en uno de los más importantes caricaturistas del siglo XX. . Después de su gira por Europa se fue abriendo camino, en 1976 llegó a México a visitar a su hermano menor y se quedaría ahí como historietista titular de la séptima plana editorial del diario Excélsior (México).
Sus obras forman parte de exposiciones permanentes en los museos en Basilea (Suiza), el de Arte Latinoamericano en Estados Unidos, Uruguay, Argentina, Perú, etc.
Para hablar de la vida y obra del maestro, son necesarios mucho trabajo e investigación constante. Como me repetía “La entrevista que vas a hacer, es a un hombre de 84 años pero que en realidad es la vida de un hombre de 120 años como mínimo, o sea que se necesitan muchas entrevistas para hablar de todo lo que he vivido en esta maravillosa vida de artista”, era lo más justo, los más humano, lo más racional que se podía ser.
El maestro vuelve cada cierto tiempo a su país, pero la ingratitud de su tierra natal es desafortunada. Será por ello que cuando recibí su carta entre sus líneas se leía: “Saber que mi ciudad que tanto amo me va a dar la oportunidad de demostrarles que aquel niño de Huánuco sigue viviendo su niñez dentro de su cuerpo de 84 años. Las circunstancias me invitan a agradecer a la vida, antes de que me vaya para siempre, poder por fin sentir que mi ciudad tiene también memoria hacia mí y me lo quiere hacer sentir…”
Con tantos sentimientos encontrados por estos acontecimientos en mi vida, sentí doblemente una gran responsabilidad. Como sucede siempre muchos talentos y personajes tienen que irse de sus lugares de nacimiento para crecer, avanzar y perfeccionarse, porque no encuentran oportunidades, muchas veces ya no regresan. El maestro Oswaldo y su hermano Marino son los dos grandes caricaturistas y dibujantes que le han dado reconocimiento a Huánuco por su dimensión internacional. En el caso de su hermano, no regresó más a su tierra.
Después de ese encuentro virtual, publicamos su vida y obra en el proyecto “Huanuqueños del bicentenario” del Diario Ahora (31 de marzo de 2021). Huánuco volvió a recordarse y a conocerlo. En ocasiones solemos olvidar a grandes personajes, por mezquindad, por falta de interés o por obra de algunos oportunistas que por todos los medios quieren escalar o alcanzar reconocimiento sin importarle a cuentos haya que pisotear. Afortunadamente, los grandes maestros que nuestra tierra ha dado conservan esa grandeza de ser humildes, agradecidos y buenos seres humanos.
El maestro Sagástegui había regresado a Huánuco (aunque de manera virtual), en abril de este año (2023) se inauguró en Lima una retrospectiva de sus caricaturas, esta exposición iba hasta el 28 de abril. Cuando decidí consultar mayores detalles a su hijo Ivan, él me dejó un mensaje “ojala puedas ver la muestra”. Ese día regresaban a México, supe que tenía una tarea pendiente. En la tercera semana de abril recibí el comunicado de que si iba a la presentación de Permanencia Revista Cultural en Lima. A la semana siguiente alistamos las maletas con bebé y enrumbamos a Lima (la gris).
El 27 por la tarde presentamos Permanencia, gracias al apoyo de Natalia, el director del Centro Cultural Uni, Roger Rodríguez y Rodrigo Portales. Al término volvimos a casa en Jesús María y mientras cenábamos, decidimos armar el itinerario del día siguiente, último día en el que la exposición abría sus puertas.
Al siguiente día, nos pidieron un taxi y fuimos al centro de Lima a desayunar con la bonita vista de la arquitectura de la Lima republicana. Después caminamos al local de la exposición, pero la encontramos cerrada. Resultó que todavía abrían a las 10 am, teníamos las 9:45 en el reloj. Decidimos dar un paseo por el centro histórico de Lima. Deben saber que para mí la suerte no existe, solo es cuestión de trabajo, perseverancia y mucho esfuerzo. Dios ya había hecho los planes, el mundo y creo todo el universo habían conspirado.
A las 10 en punto, regresamos a la exposición, éramos los primeros visitantes del día. Recorrimos observando las obras a detalle. Al finalizar quise dejar unos ejemplares de Permanencia, el personal de seguridad me guió hacia las oficinas para hacerlo. Acto que hicimos en cuestión de segundos, les conté la historia de la entrevista con el maestro Oswaldo que nunca pudimos realizar de manera virtual y les dije que él seguía en México, para mi sorpresa, una vez más, uno de los asistentes que me escuchaba atentamente, al fin decidió decir algo: “¿y si te digo que él está aquí?, ¿qué va a venir en un momento?”
Desde ahí la magia surgió efecto, un par de llamadas y Jimmy Rivera ayudaría con el contacto final. Llamá a la directora del Centro Cultural de Bellas Artes, quien muy atenta y con voz dulce contestó para informar que llegarían en una hora y media. No se diga más fuimos por un helado (con Bebé y Vecker mis compañeros en esta historia).
Pasado ese tiempo decidimos volver nuestros pasos, al llegar nos guiaron hasta la puerta de la oficina de la directora, Martina Martínez, y allí, ahí estaba el gran maestro.Nos recibió con una sencillez extraordinaria (en nuestro pueblo el que hace algo por primera vez, ya se cree el nobel de literatura o la eminencia del arte). Pronunció correctamente mi nombre, corrí a abrazarlo, lo abracé prolongadamente, como cuando uno abraza a alguien cuando lo extraña mucho. De pronto un: ¿Cómo está nuestra tierra? Quebró el silencio extendido. (¿qué decir, que responder ante una gran pregunta?)
-Bien, los jóvenes están trabajando, dije.
– ¿Y qué están haciendo?, proseguí a contarle los proyectos culturales que se han gestado. Le entregue el disco objeto de Maria Haydeé y Omar Majino, Permanencia, no hizo falta mencionar “Las matracas de la revolución”, porque conoce este importante proyecto y está feliz de ver su matraca recorrer por todo el Perú. Sobre todo le alegra mucho que ya exista un espacio artístico que esté llevando el nombre de Huánuco a todos los rincones. Como todo artista sensible siente la responsabilidad de conocer la realidad de su tierra para aportar en el futuro a su crecimiento.
-Esta muestra se inaugura en julio en el ICPNA de Miraflores, participa también el maestro Quintanilla, expresé.
– Qué bueno, me alegro. Hace tiempo ya entregué mi matraca, recordó. Se puso muy contento y la nostalgia se reflejó en su rostro, al ver a su amigo y compañero el maestro Quintanilla en Permanencia.
A Huánuco, el lugar donde nacieron sus primeros sueños de artista lo lleva en la mente y el corazón, “siempre tengo en la memoria a Huánuco, yo soy triplemente peruano. Nací en la sierra, crecí en la selva y me vine a estudiar a la costa. Nadie me gana en peruanidad”, dice jocosamente.
Después de unas horas de plática y charla, decidimos que era tiempo de partir. El maestro nos firmó los autógrafos, la directora del centro cultural nos atendió con tanta amabilidad que nos ofreció algunos obsequios. Agradecidos con la vida y el cariño demostrado partimos, no sin antes oír la orden “lleva mi saludo a nuestros paisanos, que nunca dejen de hacer arte”.
Ahora mismo “que proso estos versos” la piel se me ha puesto de gallina, el corazón se me acelera de solo volver a pensar en ese encuentro con un gran maestro, que ha trabajado de manera magistral en todas las técnicas del arte. Deberíamos de tener en Huánuco un parque del arte, donde se les haga un monumento a los personajes como él, que escribieron, dibujaron y compusieron nuestra historia para el mundo. No uno que se muera en el abandono, si no más vivo donde siempre se realicen presentaciones y puestas en escena, que mantenga vivo el arte de nuestro pueblo.
Oswaldo Sagástegui guarda los recuerdos de Huánuco de antaño, cuyos rastros se perdieron en el tiempo y que ha cambiado mucho, su crecimiento ha sido desordenado y su río donde niños y jóvenes iban a bañarse y a jugar ahora se ve desolado, descuidado, sus aguas discurren lentamente bajo el Calicanto, pidiendo auxilio, porque de cristalino quizás sólo podríamos imaginar un futuro promisorio.




