Agradecer a Chat GPT tiene un precio elevado pero quizá valga la pena pagarlo

La **cortesía** en la comunicación con la inteligencia artificial plantea un debate inusitado, especialmente considerando su naturaleza artificial. La práctica de añadir fórmulas de cortesía como “Por favor” y “Gracias” a las instrucciones dirigidas a chatbots está siendo objeto de análisis en relación con su impacto económico y energético.

Según la investigación publicada por The New York Times, Sam Altman, CEO de OpenAI, ha revelado información sobre los costes asociados a la inclusión de estas expresiones en las interacciones con los modelos de lenguaje.

La controversia surgió tras una publicación en la red social X donde se cuestionaba el gasto en electricidad de OpenAI derivado del uso generalizado de fórmulas de cortesía por parte de los usuarios. Ante esta interrogante, Altman respondió que, a pesar de representar un costo de “decenas de millones de dólares”, la inversión valía la pena, argumentando que “nunca se sabe” los beneficios que esto podría traer.

El uso de cada chatbot implica un gasto energético y económico intrínseco. La adición de palabras incrementa este costo. Cada solicitud genera un proceso que consume recursos, una realidad que afecta directamente la eficiencia de los servidores que alojan estos modelos de lenguaje.

Neil Johnson, profesor de física en la Universidad George Washington, compara las palabras adicionales en las peticiones a la IA con el embalaje innecesario de productos minoristas. El chatbot debe procesar estas palabras “adicionales” antes de llegar al núcleo de la solicitud, lo que supone un trabajo extra para el sistema.

Johnson recalca que cada tarea realizada por ChatGPT implica el movimiento de electrones, un proceso que demanda energía. Esta energía, inevitablemente, tiene un costo asociado que debe ser cubierto. Este planteamiento subraya la importancia de comprender la infraestructura energética que sustenta la inteligencia artificial.

La creciente adopción de la inteligencia artificial y la interacción diaria con chatbots como ChatGPT o asistentes virtuales como Alexa, plantea interrogantes sobre el impacto ambiental de estas tecnologías. En este contexto, el debate sobre la pertinencia y el costo de la cortesía en la comunicación con la IA adquiere una nueva dimensión.