La crisis de adicciones en Chicago encuentra un punto de apoyo fundamental en organizaciones como la liderada por Dora Dantzler-Wright, quienes diariamente distribuyen medicamentos para revertir sobredosis en las calles. Su labor va más allá, ofreciendo capacitaciones sobre el uso de estos fármacos y facilitando la reinserción laboral y familiar de personas en proceso de recuperación por adicciones al alcohol y drogas. Esta red de apoyo es vital en una ciudad donde la tasa de sobredosis ha visto un preocupante incremento en los últimos años, especialmente entre las comunidades más vulnerables.
Según la investigación publicada por The New York Times, la colaboración de estos grupos con el gobierno federal, a través de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias (SAMHSA), es crucial. Esta agencia federal monitorea la productividad de las organizaciones, las conecta con grupos afines y, lo más importante, proporciona los fondos esenciales para mantener su funcionamiento. El silencio actual por parte de SAMHSA genera incertidumbre y pone en riesgo la continuidad de programas vitales.
El reportaje del Times revela que las comunicaciones entre Dora Dantzler-Wright y sus colegas con Washington se han interrumpido abruptamente. Los asesores federales de la oficina local, responsables de supervisar la Chicago Recovering Communities Coalition, así como otros programas de adicción en seis estados del Medio Oeste y 34 tribus, han desaparecido. Esta situación deja a estas organizaciones sin la guía y el apoyo necesarios para enfrentar los desafíos que plantea la crisis de adicciones.
La incertidumbre se agrava ante la posibilidad de una reducción del 50% en el personal de SAMHSA al final de esta semana. Esta información, proveniente de altos funcionarios de la agencia y asesores del Congreso presentes en reuniones informativas con funcionarios de la administración Trump, plantea serias dudas sobre el futuro de la lucha contra las adicciones a nivel federal. Un recorte de esta magnitud impactaría directamente en la capacidad de SAMHSA para coordinar y financiar iniciativas locales.
Con un presupuesto de $7.2 mil millones destinados a subvenciones estatales y organizaciones sin fines de lucro, SAMHSA, a pesar de su tamaño relativamente pequeño, juega un papel fundamental en abordar dos de los problemas de salud más urgentes del país: la adicción y la salud mental. Tradicionalmente, la agencia ha contado con apoyo bipartidista, lo que subraya la importancia de su misión y la necesidad de mantener su operatividad.
La posible reducción de personal en SAMHSA ocurre en un momento crítico, justo cuando las comunidades luchan por recuperarse de los efectos devastadores de la pandemia, que exacerbó los problemas de salud mental y aumentó las tasas de adicción. El futuro de organizaciones como la Chicago Recovering Communities Coalition y su capacidad para seguir prestando servicios esenciales pende de un hilo.



