La muerte de un adolescente de 15 años, identificado con las iniciales P.H.V.T., durante una jornada de ejercicios físicos en el complejo deportivo de Paucarbamba, distrito de Amarilis, ha generado consternación y preguntas urgentes sobre las condiciones en las que se realizan entrenamientos exigentes para menores de edad en academias prepoliciales de Huánuco.
De acuerdo con la información preliminar, el menor participaba en una sesión de preparación de la academia prepolicial “Alipio Ponce Vázquez” cuando sufrió una descompensación. Sus compañeros y responsables del entrenamiento habrían solicitado apoyo para trasladarlo de emergencia al Hospital Materno Infantil Carlos Showing Ferrari. Sin embargo, el adolescente llegó al establecimiento sin signos vitales, según se reportó.
Diligencias para esclarecer lo ocurrido
El caso fue comunicado a la Policía Nacional del Perú y al Ministerio Público, entidades que iniciaron diligencias para determinar las circunstancias del deceso. Como parte del procedimiento, el cuerpo fue trasladado a la morgue de Huánuco para la necropsia de ley. Las autoridades aguardan los resultados oficiales que permitan establecer la causa exacta de la muerte y si existieron factores prevenibles vinculados a la rutina física, a la atención inmediata o a eventuales omisiones de protocolos.
Familiares del menor señalaron que el estudiante —quien cursaba secundaria en un colegio de Panao— no presentaba antecedentes médicos conocidos. La madre viajó desde esa localidad hasta Huánuco al conocerse la noticia, en medio del dolor y la incertidumbre. También se indicó que, hasta el momento, no se habría brindado una versión pública completa sobre lo sucedido durante el entrenamiento, lo que aumenta la tensión y el pedido de explicaciones.
La exigencia física y el deber de cuidado
Más allá de lo que determine la necropsia, el hecho deja una reflexión inevitable: cuando se entrena a adolescentes, la disciplina no puede estar por encima de la salud. Rutinas de alta exigencia requieren controles médicos previos, monitoreo constante, hidratación, pausas, personal capacitado para emergencias y criterios claros para detener el ejercicio ante signos de alarma.
Compañeros y vecinos expresaron preocupación por la presión que enfrentan muchos jóvenes que buscan “prepararse” para postular, a veces sin acompañamiento profesional adecuado. “Nadie debería perder la vida por entrenar”, comentaron en los exteriores del hospital.
Las investigaciones deberán establecer responsabilidades, pero el llamado es inmediato: revisar protocolos, fiscalizar academias y reforzar la cultura de prevención. Porque la vocación de servicio empieza por cuidar la vida.




