El **caos aéreo** se apoderó del aeropuerto de Heathrow, uno de los centros neurálgicos del tráfico aéreo mundial, a causa de un incendio de grandes proporciones en una subestación eléctrica cercana. El incidente no solo provocó la cancelación y el desvío de centenares de vuelos, sino que también plantea serias interrogantes sobre la seguridad de las infraestructuras críticas y la robustez de los sistemas de respaldo en el Reino Unido. El aeropuerto de Heathrow, por ejemplo, gestionó casi 84 millones de pasajeros en 2023. Además, este incidente ocurre justo antes de un fin de semana de alta afluencia por las vacaciones escolares, exacerbando el impacto en los viajeros.
Según la investigación publicada por The New York Times, la causa del incendio en la subestación eléctrica, situada en North Hyde, está siendo investigada exhaustivamente por especialistas en contraterrorismo de la Policía Metropolitana de Londres, si bien las autoridades han insistido en que, por el momento, no hay indicios que apunten a un acto malintencionado.
La interrupción del suministro eléctrico desencadenó una cascada de problemas que se extendieron por todo el planeta. Aeronaves que ya se encontraban en vuelo debieron retornar a sus lugares de origen o aterrizar en aeropuertos alternativos, generando un efecto dominó en las operaciones aéreas globales. Las aerolíneas, en una carrera contrarreloj, se vieron obligadas a reubicar a los pasajeros afectados y reorganizar sus itinerarios, una tarea titánica considerando que Heathrow es un punto clave en la red aérea mundial.
Heathrow permaneció cerrado hasta la medianoche, hora local, y se anticipan retrasos considerables durante el fin de semana. La magnitud del incidente puso de manifiesto la dependencia del aeropuerto de una única subestación eléctrica, lo que generó dudas sobre la planificación y las medidas de contingencia implementadas. El National Grid, la empresa encargada de la red eléctrica británica, anunció que había reconfigurado su red para restablecer parcialmente el suministro a Heathrow de forma provisional. Sin embargo, la reapertura del aeropuerto dependía de la finalización de las inspecciones de seguridad y de la extinción completa del incendio, que, según los bomberos, aún no estaba completamente sofocado.
La magnitud del impacto se traduce en que unos 290.000 pasajeros se vieron afectados por el cierre, según estimaciones de la compañía de datos de aviación Cirium. Las aerolíneas, incluyendo a British Airways, que contaba con unos 340 vuelos programados para aterrizar en Heathrow ese día, se enfrentaron a un desafío logístico sin precedentes para minimizar las molestias a los viajeros. La situación requirió la colaboración entre aerolíneas, aeropuertos y controladores aéreos para coordinar la reubicación de vuelos y la gestión del espacio aéreo limitado.
El Primer Ministro Keir Starmer declaró estar recibiendo actualizaciones constantes sobre la situación y trabajando estrechamente con los socios en el terreno. Por su parte, la Secretaria de Transporte, Heidi Alexander, afirmó haber conversado con los directivos de Heathrow y recibió garantías de que estaban trabajando incansablemente para reabrir el aeropuerto lo antes posible. Mientras tanto, expertos en energía señalaron que, si bien los incendios en subestaciones eléctricas son poco comunes, pueden ser provocados por fallas en los equipos, descargas eléctricas o la intromisión de animales. Es importante recordar que Heathrow contribuye con un 3,1% al PIB de Londres, por lo que su disrupción tiene un impacto económico significativo.



