Actualización Dolientes se despiden solemnemente del Papa Francisco

El fallecimiento del Papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano, ha marcado un hito en la historia reciente de la Iglesia Católica. Su estilo sencillo y visión pastoral transformaron la institución, atrayendo a fieles de diversas partes del mundo, pero también generando debates internos. La magnitud de su influencia quedó reflejada en las multitudinarias exequias celebradas en la Plaza de San Pedro, donde líderes mundiales y ciudadanos comunes se congregaron para rendirle homenaje.

Según la investigación publicada por The New York Times, más de 250,000 personas se congregaron frente a la Basílica de San Pedro para despedir al Sumo Pontífice en su funeral.

La ceremonia fúnebre, caracterizada por cantos gregorianos y versos en latín, se desarrolló en un contexto global marcado por tensiones geopolíticas y conflictos bélicos. La presencia de figuras políticas de alto nivel, como el Presidente Trump y el Presidente Zelensky de Ucrania, subraya la relevancia del evento en el ámbito internacional. De hecho, ambos mandatarios sostuvieron un encuentro previo al servicio religioso, donde abordaron temas de interés común, según informó la Casa Blanca. Esta reunión se produjo tras un altercado ocurrido en la Oficina Oval a finales de febrero, lo que le añadió un matiz de interés a su reencuentro.

Durante el funeral, dignatarios, miembros de la realeza y líderes religiosos se unieron a prelados católicos en torno al féretro de ciprés que contenía los restos de Francisco, quien falleció a los 88 años. Un evangelio abierto, cuyas páginas ondeaban al viento, reposaba sobre el ataúd. El Vaticano ha indicado que más de 250,000 personas acudieron a la ceremonia, extendiéndose desde la Plaza de San Pedro hasta las orillas del río Tíber. En los días previos, un número similar de fieles esperó pacientemente para dar su último adiós a Francisco, cuyo cuerpo yacía en estado, vestido con ornamentos rojos y zapatos negros desgastados, frente al altar de la basílica.

El féretro papal fue trasladado en un vehículo blanco especialmente acondicionado, conocido como el “papamóvil”, que recorrió las calles de Roma, recibiendo el clamor y las aclamaciones de la multitud. Posteriormente, Francisco fue sepultado en una ceremonia privada en la Basílica de Santa María la Mayor, en una tumba con la inscripción “Franciscus”. Este lugar tenía un significado especial para el pontífice, ya que solía visitarlo antes y después de sus viajes apostólicos.

El Papa Francisco había aprobado previamente directrices para que su funeral fuese menos ostentoso que los de sus predecesores, reflejando su concepción del Papa como un pastor humilde en lugar de una figura de poder. Sin embargo, los ritos seculares aún involucraron el esplendor católico y una gran participación de fieles. En una homilía durante el funeral, el Cardenal Giovanni Battista Re describió a Francisco como “un papa entre la gente”, evitando alusiones políticas directas. Las lecturas bíblicas seleccionadas por Francisco resaltaron mensajes de esperanza e inclusión, pilares de su pontificado.

Ahora, la atención se centra en la elección del nuevo Papa por el Colegio Cardenalicio en un cónclave que comenzará en mayo. Varios nombres han surgido como posibles sucesores. Mientras tanto, un niño italiano de seis años de ascendencia peruana era bautizado en una iglesia cercana, simbolizando la continuidad de la fe en medio del luto. El padre del niño mencionó que la ceremonia había sido programada con antelación y que deseaban estar cerca de su “papa latinoamericano”. Este evento fortuito representó un nuevo comienzo en un momento de despedida.

La elección del color del traje por parte del expresidente Trump, azul zafiro, causó revuelo en las redes sociales, contrastando con el luto generalizado. Algunos lo interpretaron como una muestra de su estilo particular y su deseo de romper con las convenciones, mientras que otros lo consideraron una falta de respeto. Finalmente, el Vaticano compartió un video del entierro, mostrando al Cardenal Kevin Farrell sellando el ataúd y bendiciendo la tumba, mientras los cardenales y obispos se inclinaban en señal de respeto. Kielce Gussie, una reportera de Vatican News, tuvo el honor de realizar la primera lectura durante la misa funeral.