La migración laboral hacia países del Golfo, particularmente Arabia Saudita, se ha convertido en una vía aparentemente prometedora para muchas mujeres kenianas que buscan mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, esta oportunidad laboral, que se presenta como un camino hacia la estabilidad económica y un futuro mejor, esconde una realidad mucho más sombría. La promesa de altos salarios y una vida digna choca frontalmente con las condiciones precarias y los abusos que sufren estas trabajadoras en el extranjero.
Según la investigación publicada por The New York Times, en un día cualquiera en Kenia, decenas, si no cientos, de mujeres se congregan en el aeropuerto internacional de Nairobi, ansiosas por emprender su viaje a Arabia Saudita. Vestidas con camisetas a juego, celebran con selfies la perspectiva de los empleos que les esperan como empleadas domésticas. El atractivo es claro: dos años de trabajo podrían significar la construcción de una casa, la educación de sus hijos y la posibilidad de ahorrar para el futuro.
La terminal de llegadas, en contraste, revela el lado oscuro de esta realidad. Mujeres demacradas, con la mirada perdida, regresan a Kenia tras haber sufrido impagos, maltratos físicos, privación de alimentos y abusos sexuales. Algunas vuelven arruinadas, otras, lamentablemente, dentro de un ataúd. En los últimos cinco años, al menos 274 trabajadores kenianos, en su mayoría mujeres, han perdido la vida en Arabia Saudita. Una cifra alarmante, especialmente si se considera que se trata de un sector laboral que, en la mayoría de los países, se considera de bajo riesgo. Es crucial recordar que Kenia, según datos del Banco Mundial, tiene una tasa de desempleo juvenil superior al 20%, lo que empuja a muchos a buscar oportunidades en el extranjero.
El año pasado, al menos 55 trabajadores kenianos fallecieron en Arabia Saudita, el doble que el año anterior. Los informes de autopsia, a menudo vagos y contradictorios, señalan evidencias de traumatismos, quemaduras y descargas eléctricas, pero las causas de muerte se catalogan sistemáticamente como «muerte natural». En un caso, la causa de la muerte de una mujer se describió simplemente como «muerte cerebral». Además de las kenianas, un número indeterminado de ciudadanas ugandesas también han fallecido, pero su gobierno no divulga datos al respecto. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha señalado la necesidad de mayor transparencia en la recopilación y publicación de datos sobre muertes de trabajadores migrantes.
Existe una notable falta de rendición de cuentas y protección para estas mujeres. Funcionarios gubernamentales como Fabian Kyule Muli, vicepresidente del comité laboral en la Asamblea Nacional de Kenia, tienen la potestad de exigir investigaciones exhaustivas sobre las muertes de trabajadores, presionar al gobierno para que negocie mejores protecciones con Arabia Saudita o promulgar leyes que limiten la migración hasta que se implementen reformas significativas. Sin embargo, la inacción y la falta de voluntad política persisten. El gobierno de Kenia recibe remesas significativas de sus ciudadanos que trabajan en el extranjero, lo que crea un dilema entre la necesidad económica y la protección de sus ciudadanos. El flujo de remesas desde Arabia Saudita contribuye significativamente al producto interno bruto (PIB) de Kenia.
La situación exige una respuesta urgente y coordinada. Es imperativo que el gobierno keniano tome medidas concretas para proteger a sus ciudadanos que trabajan en el extranjero. Esto incluye la negociación de acuerdos bilaterales con Arabia Saudita que garanticen condiciones laborales justas, salarios dignos y acceso a asistencia legal y médica. Además, se necesitan campañas de concientización para informar a las mujeres sobre los riesgos de la migración laboral y los recursos disponibles para buscar ayuda. La colaboración con organizaciones de la sociedad civil y grupos de defensa de los derechos de los trabajadores migrantes es fundamental para garantizar que las voces de estas mujeres sean escuchadas y que sus derechos sean protegidos.



