ACERCAMIENTO A LA PROBLEMÁTICA DE LA UNIVERSIDAD (II)

Escrito por: Ronald Mondragón Linares

De manera que la profundidad, la actualización y la investigación, desde el lado de los docentes, constituyen las bases que cimentan la construcción académica de la universidad. Y el verdadero motor que dinamiza la vida universitaria es la creación intelectual unida a la producción científica. Sin estos componentes, la universidad no sería más que un edificio vacío, languideciente y sin una mirada al futuro. En otras palabras, sería el estancamiento y la posterior muerte lenta de la institución.

Hay que tener en cuenta que la relación docente-estudiante y enseñanza-aprendizaje no son sino dos caras de la misma moneda. Puesto que, por el mismo hecho de entrar en una relación dialéctica, el resultado final no haría sino reproducir con mucho mayor impacto la relación anómala, satisfactoria o enriquecedora de ambos términos, según sea el caso. Cuando no existe hondura teórica, cuando subsiste la falta de actualización bibliográfica, metodológica y tecnológica y cuando, por último, firmemente ligado a lo anterior, la generación de saberes científicos se estanca o se pierde en pobres contenidos, podríamos afirmar que la universidad tiene un grave déficit académico. Por ello, pues, no basta, no es suficiente la presentación periódica y estadística del número de egresados, por ejemplo. Los logros cuantitativos, tal como se exponen actualmente en los procesos de acreditación, pueden conducir a falacias académicas imperdonables; y no deben suplir reales estándares de calidad, ni menos aún maquillar los cruciales problemas educacionales de fondo.

Cuando se habla de producción académica en la universidad no solo estamos hablando de producción bibliográfica propiamente dicha (se da el caso de que algunos docentes asumen por su cuenta y riesgo, en forma aislada, la publicación de obras de su autoría), también nos referimos a artículos científicos, ensayos, tesis relevantes o reconocidas, trabajos de sustentación, proyectos de trabajo de campo alternativos, diseños de nuevas metodologías didácticas, aplicaciones tecnológicas innovadoras, etc.

¿Qué producen los docentes universitarios, además de las tesis que dejaron, al egresar, en los anaqueles de las bibliotecas (ahora también virtuales) de las universidades? ¿Qué han producido los egresados? ¿Cómo funcionan las unidades o los departamentos de investigación? ¿Estos trabajan al ritmo de la competitividad y de los objetivos esenciales, más allá de los cumplimientos formales y burocráticos?

Al tocar el corazón del problema universitario, estas son preguntas que deberían hacerse; aunque la intención del presente artículo no es apuntar hacia una crítica despiadada, ni mucho menos. Y no lo es porque la complejidad del problema exige un tratamiento estructural pero sin ambages: modelo de sociedad, incertidumbre económica, proyecto nacional e institucional, reforma educativa y universitaria, reforma del Estado.

En Chile existen 58 universidades, frente a las 91 que hay en el Perú, cifras que incluyen tanto a universidades estatales como particulares, a pesar de lo cual ha generado cinco veces más publicaciones científicas que sus pares peruanos: 8422 y 1605, respectivamente (Red de Indicadores de Ciencia y Tecnología, 2018).

Cierto es que los resultados meramente cuantitativos hay que examinarlos con cuidadosa atención, puesto que se corre el riesgo de tomar cifras de manera aislada y desprovistas de contexto, fuera de que hay que hacer abstracción de varios factores y variables; por eso aquí solo sirven a modo de referencia. 

¿Qué otros aspectos habría que tener en cuenta para entender el problema académico? Hemos dicho que la universidad forma profesionales en distintas áreas, los cuales deben generar nuevas investigaciones y conocimientos científicos, en consonancia con las necesidades sociales. Aquí asistimos, en el caso peruano, a una grave fractura entre universidad y sociedad. La universidad no ha podido ni ha sabido articular las realizaciones del conocimiento con las necesidades del aparato productivo, tanto de la empresa privada como de la estructura estatal. Como vimos en los datos ofrecidos líneas arriba, nuestro país casi duplica a Chile en el número de universidades, pero asombra su absoluta falta de planificación en materia de necesidades educativas y laborales, que produce como correlato desempleo, subempleo, desvalorización de la profesión, insuficiente personal calificado, etc.

También hemos visto hemos visto el problema de la actualización, no solo en el aspecto tecnológico sino en el de la modernidad de los nuevos enfoques y modelos de enseñanza. Hicimos mención a la implementación, que debe ser eficaz, del modelo sistémico; igualmente, deben acogerse conceptos actuales que apuntan a una enseñanza renovadora, como la trilogía conceptual del aprender-desaprender y reaprender; o al empleo de nuevos patrones teóricos en cuanto a instrumentos de evaluación.

Se observan también, notoriamente, carencias en el lenguaje científico de los proyectos de investigación y trabajos de tesis. Aún se manejan en muchos casos estilos y esquemas anticuados y que necesitan ser reexaminados, en una labor conjunta que debe ser conjunta entre docentes y las unidades de investigación, que deben funcionar como correas de transmisión de las novedades científicas, sean conceptuales, metodológicas o instrumentales. Es pertinente aquí, como ejemplo,  poner de relieve las acciones en este sentido de la UNHEVAL, que recientemente modificó los esquemas de proyectos de investigación y de la tesis misma, de acuerdo al carácter y naturaleza de los mismos (por mucho tiempo, este tema había permanecido en el limbo); así como el anuncio que ha hecho a propósito del rediseño curricular. Asimismo, esperamos que el diseño y el uso adecuado de una Guía científica universitaria sean realidades verificables y no solamente una declaración jurídica (ver Reglamento de Grados y Títulos de la UNHEVAL, decimocuarta disposición complementaria).

Sin embargo, si bien estos esfuerzos son positivos, las acciones deben estar articuladas no solo de manera burocrático-administrativa, sino de manera real y efectiva entre autoridades, docentes y estudiantes, en un esfuerzo mayor de divulgación y diálogo enriquecedor y que realmente tenga miras de verdadero cambio, mirando al futuro.