Bolivia se prepara para una elección que marcará un antes y un después en su historia política. El 19 de octubre, Rodrigo Paz Pereira (PDC) y Jorge “Tuto” Quiroga (Alianza Libre) se medirán en una segunda vuelta presidencial que no solo definirá quién ocupará la Casa Grande del Pueblo, sino que también simbolizará el cierre de dos décadas de hegemonía del Movimiento Al Socialismo (MAS).
La cita electoral ocurre en medio de una de las coyunturas económicas más duras de los últimos 20 años. La inflación golpea los bolsillos de las familias, los dólares escasean y el combustible se ha convertido en un bien cada vez más difícil de conseguir. El desgaste social es evidente: los precios de alimentos como la carne se han disparado, y una frase se repite con resignación en las calles: “100 bolivianos ya son como 10, no alcanza para nada”.
Una economía en jaque
El país arrastra un déficit fiscal desde 2014 y la caída de las reservas internacionales —que llegaron a 15.000 millones de dólares en la bonanza y hoy están prácticamente agotadas— ha limitado la capacidad del Estado para sostener subsidios y controlar precios.
La falta de combustible ha afectado al transporte público y privado, encarecido los fletes y alterado cadenas de suministro. A ello se suma la escasez de dólares en el sistema financiero, que encarece las importaciones y genera incertidumbre cambiaria.
La gestión del presidente Luis Arce, otrora considerado el “arquitecto” del milagro económico boliviano durante el primer ciclo del MAS, hoy se percibe como un fracaso. Su aprobación se ha desplomado y sectores de su propio partido le han dado la espalda.
Propuestas en pugna
En este contexto, los candidatos han planteado recetas distintas: Jorge “Tuto” Quiroga (Alianza Libre): propone un paquete de emergencia de 12.000 millones de dólares gestionados con organismos internacionales como el FMI para estabilizar la economía antes de fin de año. Plantea, además, eliminar gradualmente el subsidio a los combustibles, manteniéndolo solo para el transporte público.
Asimismo, Rodrigo Paz Pereira (PDC): apuesta por el plan 50/50, que busca repartir equitativamente los recursos fiscales entre el gobierno central y los gobiernos subnacionales, fortaleciendo municipios, gobernaciones y universidades. Ha prometido que desde el 9 de noviembre, un día después de asumir, todos los bolivianos tendrán acceso asegurado a combustible.
Las propuestas reflejan enfoques distintos: uno orientado a la disciplina fiscal con apoyo externo, y otro a la descentralización y redistribución interna de los recursos.




