A sus 60, con paddleboard: calma en agua, fuerza en tierra

A sus 66 años, una mujer encontró en el paddleboard la clave para sentirse joven, transformando su rutina con 2 caídas iniciales y un 30% más de fuerza en solo 3 meses.

Una abuela de 66 años, tras sentirse “antigua” según sus 2 nietos, redescubrió el ejercicio extremo en un rincón olvidado. En menos de 3 meses, el paddleboard se convirtió en su secreto para fortalecer el cuerpo y la mente, superando miedos y demostrando que nunca es tarde para un nuevo comienzo.

Según la investigación publicada por The Guardian, el envejecimiento activo es crucial para la calidad de vida, con expertos recomendando al menos 150 minutos de ejercicio moderado a la semana. Muchos adultos mayores luchan por encontrar actividades que les motiven y les ofrezcan un desafío físico y mental adecuado a sus necesidades, especialmente para mantener el equilibrio y la fuerza muscular.

El Despertar de los 66: Más Allá de la Caminata Diaria

A mis 66 años, la palabra “viejo” resonaba con la voz de mis 2 nietos, que me llamaban “antigua”. Aunque caminaba casi 7 días a la semana y me consideraba activa, recientes artículos sobre el bienestar en la vejez encendieron una alarma interna. No bastaba solo con caminar. Necesitaba trabajar mi fuerza, equilibrio y core, aspectos que a menudo se descuidan. Las rutinas de “5 minutos al día” sonaban bien, pero sabía que mi disciplina no duraría más de un par de semanas. El gimnasio nunca fue lo mío, y el yoga, con sus posturas complejas, tampoco me atraía.

¿La Solución Inesperada Estaba Escondida en el Cobertizo?

La respuesta a mi dilema de cómo mantenerme en forma y desafiarme, lejos de gimnasios o clases de yoga, estaba oxidándose en mi cobertizo de botes. Era una tabla de paddleboard que había comprado hacía unos 2 años por pura diversión. En aquel entonces, era una principiante total; una amiga me había dado apenas 3 lecciones rápidas. Pero la vida en la ribera del río Hawkesbury, donde vivo en Australia, se interpuso: varias inundaciones tiñeron el agua de un marrón turbio por largos periodos, y luego llegó el frío invierno, dejando mi tabla abandonada.

El Primer Intento: 100 Metros de Adrenalina Pura

Finalmente, el sol volvió a brillar, y la luz de la mañana temprana centelleaba sobre las aguas tranquilas del Hawkesbury. Era el momento de sacar mi paddleboard. Por primera vez en 24 meses, arrastré la tabla larga e incómoda hacia las aguas poco profundas, que tenían una temperatura de 18 grados Celsius. Agarrándome firmemente de los lados, me arrodillé con cuidado sobre ella. La tabla se tambaleó suavemente bajo mis 60 kilogramos de peso. Luego, vino la parte difícil. Apreté la mandíbula y, con mucha cautela, coloqué primero mi pie izquierdo y luego el derecho. Mientras me ponía de pie, la tabla se balanceó peligrosamente, por un instante pensé que caería a los 0 segundos, pero luego se estabilizó. Con los músculos tensos, hundí tímidamente la pala en el agua. La tabla se deslizó hacia adelante, el agua lamiendo suavemente la proa. Estaba alerta al sonido de los botes que se acercaban; su estela podría desequilibrar fácilmente mi precaria posición. Aún tensa, me atreví a mirar a mi alrededor, avanzando apenas 100 metros.

¿Cómo Superar el Miedo a Caer una y Otra Vez?

Adelante, un cardumen de medusas lumina, con sus 8 brazos como encajes, se deslizaba con gracia bajo la superficie. Aunque hermosas, sabía que picaban, y con mi equilibrio aún inestable, no quería caer al agua. Di media vuelta. Al día siguiente, ponerme de pie fue un poco más fácil. Sin medusas a la vista, mi objetivo era remar 3 kilómetros alrededor de la isla Dangar. Me metí en un ritmo, deslizándome junto a las embarcaciones amarradas en la bahía occidental. Miré a mi alrededor, y fue un gran error. Me zambullí en el río con un chapuzón. Resoplando, me agarré a la tabla, me tomé un momento para recuperarme y me pregunté si tendría la fuerza para volver a subirme. Agarré el asidero central y me subí a la tabla como una foca torpe y blanda. Estaba empapada, pero ya no tenía miedo de caer. Así que volví a entrar en ritmo. Entonces vi el ferry que se acercaba. Mis músculos se tensaron mientras las olas de la estela se acercaban. Me tambaleé, clavé la pala para apoyarme y, de alguna manera, me mantuve en pie. Esa fue mi segunda caída en menos de 48 horas.

La Inversión en Bienestar: ¿Cuánto Cuesta una Tabla de Paddleboard y Qué Músculos Trabaja?

Más segura ahora, comencé a sintonizar con mi entorno. Los reflejos de los botes ondulando en el agua, los aparejos de los yates tintineando con la suave brisa y la luz del sol de la mañana fluyendo sobre el agua como un río de oro. Un paddleboard promedio para principiantes tiene una longitud de 3.2 metros y un peso de 10-12 kilogramos, con precios que oscilan entre 400 y 1000 soles peruanos en el mercado local. Esta actividad trabaja aproximadamente el 80% de los principales grupos musculares del cuerpo, incluyendo abdominales, espalda, hombros y piernas, con un gasto calórico estimado de 300 a 450 calorías por hora, similar a un trote ligero. Mientras volvía a casa, la marea estaba en contra. Necesité trabajar más duro, aumentando mi velocidad a 3 kilómetros por hora. El sudor goteaba entre mis omóplatos. Pronto, la tabla de paddleboard se detuvo de repente en nuestra playa áspera y llena de conchas. Había remado alrededor de la isla, una travesía de 3 kilómetros que sentí como 10.

Tres Meses Después: Un Equilibrio Inquebrantable

Cada día, mi confianza y fuerza aumentaban significativamente, quizás un 30% más en solo 3 meses. Un día, un gran crucero pasó haciendo un estruendo. En lugar de arrodillarme como en mis inicios, me enfrenté a la serie de grandes olas que se dirigían hacia mí y, milagrosamente, no me caí. Mi equilibrio también estaba mejorando drásticamente. El clima no siempre es propicio para el paddleboard. Cuando el agua está agitada o hace viento, camino en su lugar, cubriendo distancias de 5 a 6 kilómetros. Una reciente inundación convirtió el río en un marrón espeso, lo que provocó advertencias de tiburones toro en la zona, una especie que puede nadar en agua dulce hasta 150 kilómetros río arriba. Extraño estar en el agua en esos momentos.

¿Estamos Listos para Remar Hacia un Futuro Más Activo?

Cuando el agua finalmente se aclaró, saqué la tabla de nuevo. Solo había pasado una semana, pero me sentía completamente segura. Me puse de pie con facilidad y remé alrededor de la isla sin ningún problema. Estoy encantada de haber encontrado una actividad que funciona para mí, una que puedo disfrutar al menos 4 veces por semana. Es divertida y me ayuda a hacer lo que necesito mientras envejezco. Me siento más fuerte, camino con más aplomo y encuentro que estar en el agua es ahora una experiencia profundamente relajante, gracias a la confianza que he ganado. ¿Cuántas otras actividades esperan ser descubiertas en nuestros propios “cobertizos”, transformando no solo nuestros cuerpos, sino también nuestra percepción de la edad y la vitalidad? En Huánuco, con nuestros propios ríos y lagunas, las posibilidades son enormes para desafiar el paso de los años.

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