El gran Congreso de la República del Perú sigue en el ojo de la tormenta. Sin embargo, poco o nada parece importarles esto a los padres de la patria. Los integrantes del partido fujimorista, embriagados de poder, se empecinan literalmente en satisfacer sus caprichos: compraron docenas de televisores y frigobares para sus oficinas, así como computadoras iMac de 34 mil soles, cuando curiosamente en las tiendas cuestan S/20 mil, Ipads para supuestamente ahorrar papel, rosas por un monto de S/84 mil y contrataron a más de 700 empleados adicionales, solo por mencionar algunos.
La ciudadanía ha salido a protestar a las calles. Las protestas más fuertes se evidenció en Lima, incluso hubo algunos hechos de vandalismo como la quema de un patrullero. La ciudadanía está hastiada de esta clase de políticos llenos de vicios, que solo promueven y buscan privilegiarse del poder a nombre propio y sus empresas.
Es lamentable que cada periodo de elecciones congresales muchos de los elegidos son notorios personajes con un rosario de denuncias en su haber. De tal manera que cuando llegan a sillón congresal, tiene total inmunidad para continuar sus fechorías y más. Es como dejar ingresar a un hampón a la Escuela de Policía Nacional.
Es urgente una reforma en la que el congresista sea un trabajador más del Estado y responda a un desempeño determinado. Los actuales congresistas se han olvidado que su labor es servir al país con honor, dignidad, y no para promover la corrupción ni la impunidad. Estamos cansados de que las autoridades solo busquen enriquecerse.



