A NUEVE AÑOS DE LA MUERTE DE ELISEO TALANCHA BERROSPI

Por: Eliseo Talancha Crespo

El 20 de octubre de 2015 se apagaba la vida de uno de los más grandes exponentes de la música tradicional huanuqueña y peruana. Hoy, domingo, se cumplen 9 años del fallecimiento del virtuoso saxofonista Eliseo Talancha Berrospi, quien a lo largo de sus 76 años de vida dejó una huella significativa en la música local y nacional.

He escrito tantas cosas sobre la historia local y regional de Huánuco, y soy consciente de que no solo le debo la vida, sino también un buen libro para recoger su vida utilísima en favor del folclore y la cultura popular de la patria. Dejando a un lado la modestia que él mismo me enseñó, debo decir, sin falsa jactancia, que el músico folclorista Eliseo Talancha Berrospi es una de las figuras más relevantes de la historia musical de Huánuco en general y de Huácar en particular.

El también llamado “Saxo de Oro” es un referente en la música tradicional, al haber legado valiosas contribuciones en la creación artística, la formación y educación musical de nuevos ejecutantes del saxo, y sobre todo en la promoción y difusión del huayno y la música andina del centro del Perú en la gran Lima. Contribuyó a la construcción pluricultural del alma nacional en medio de un ambiente hostil, racista, centralista y capitalista, que hasta ahora discrimina y olvida las expresiones culturales oriundas del país.

En medio de una profunda crisis de identidad regional, la vida y obra de Eliseo Talancha Berrospi constituyen una permanente lección de un definido sentimiento de huanuqueñidad como fuente irrenunciable de sentido de pertenencia y orgullo por nuestra tierra. Se trata de un virtuoso músico que paseó su arte dentro y fuera del país, por lo que hasta ahora se le considera el mejor saxofonista de música popular que ha producido Huánuco.

Nacido en la comunidad huacarina de Huishca, en la provincia huanuqueña de Ambo, el maestro Eliseo Talancha demostró, desde su ámbito y trayectoria musical, su arraigo e identidad como huanuqueño con expresiones que, en medio de la diversidad, le permitían reconocerse como tal. Fundó la consagrada orquesta folclórica “Los Leones de Huánuco”, con la que paseó en los escenarios el nombre de su tierra dentro y fuera del país. Eran fácilmente reconocibles el cotón y los pantalones blancos, que a la usanza de “Los Negritos de Huánuco” usaban como uniformes.

En su variado repertorio de creación artística, el maestro Talancha Berrospi compuso muchos temas, entre ellos el vals “Soy Huanuqueño”. Con una fusión inédita de instrumentos de banda y orquesta folclórica, creó una agrupación de música típica y tropical denominada “Los Pilkos” en recuerdo del nombre originario de Huánuco y del ave sagrada que habitaba en el valle de los chuapaychus.

A lo largo de su trayectoria artística, Eliseo Talancha Berrospi fue reconocido por su versatilidad para fusionar diferentes géneros musicales, como la música tradicional andina y la cumbia peruana, con el sonido del saxofón. En busca de nuevas formas, realizó fusiones del saxo con arpa para darle otra textura al huayno peruano en la voz, por ejemplo, de las consagradas artistas Doris Rossel o Sonia Morales. Su estilo único y su capacidad de adaptación lo convirtieron en el precursor para la incorporación de instrumentos de percusión en las orquestas típicas, como la batería o los timbales, que fueron tan indispensables para la ejecución de cumbias, valses o marineras.

Hoy, al recordar el noveno aniversario de su repentina partida, se mezclan una simbiosis de sentimientos. Ya quisiera poner una inmensa escalera al cielo para que se escape un ratito y evocar juntos los momentos vividos. Ya lo veo sentado en la cotoperga de nuestra chacra en Huishca, contemplando conmigo el cielo azul del Ande. Ya lo veo celebrando mis ocurrencias de chiuchi, corriendo tras las oropéndolas en medio de los trigales y maizales. Ya lo escucho contándome la Batalla de Junín o el fusilamiento de Leoncio Prado, con tanta pasión y realismo, como si hubiese sido testigo presencial. Definitivamente, mi padre fue mi primer profesor de historia. Pero también ya lo escucho en las casas de Huánuco o Chosica, solfeando con su saxo un huaynito, una muliza, un vals o una alegre cumbia.

Con los ojos humedecidos y un grueso nudo en la garganta, me invade la humana nostalgia. No hay manera de reemplazar su presencia y el amor de un padre grande y maravilloso, pero en su memoria seguiremos con su legado y la ruta trazada. Gracias, papá, por habernos dado la vida, por hacernos hombres de bien y por enseñarme a querer Huánuco como a nadie. En este 20 de octubre, que marca el noveno aniversario de tu partida, no importa el ingrato olvido oficial. Para nosotros siempre estarás presente y siempre serás fuente de inspiración en el quehacer diario de un auténtico huanuqueño de razón y corazón, sin esperar nada a cambio.