A más crisis más dialogo.

Por :Roberto Praga
En tus intervenciones en diferentes foros hay una constante: siempre ponderas “el diálogo”. ¿A estas alturas, sirve de algo el diálogo? ¿Ha servido antes?
Sí, yo creo que sirve. A veces como coartada, siendo democráticamente cínicos, o también sirve como medida para superar alguna crisis. Yo hubiera esperado que PPK hubiese lanzado al inicio de su gobierno un diálogo nacional, considerando las características de una Presidencia de la República con una representación minoritaria en el Congreso. Y es curioso porque después de la segunda crisis, la primera por el caso Moreno y esta por la interpelación de Saavedra, el presidente tuvo que plantear un mecanismo de diálogo. Yo no sé los resultados de ese diálogo pero es evidente que al Perú le falta diálogo político. Yo no digo que le sobre confrontación pero le falta diálogo.
Ramiro Prialé señalaba “conversar no es pactar”, esto se ha interiorizado y ahora los diálogos no llegan a nada vinculante.
Lo vinculante no es una obligación del diálogo. Quizá él también se equivocó porque en el Perú hay que conversar para pactar. Prialé tuvo que esconderse en esta frase de “conversar no es pactar” porque precisamente su militancia y el resto de la sociedad creía que es malo conversar y malo pactar. En el Perú no es posible construir una comunidad política si tú no tienes pactos, y el Perú adolece de una comunidad política democrática a pesar de que vive en un régimen democrático. Y en segundo lugar se ha demostrado, por lo menos, en estos quince años después de la caída de Fujimori, que las políticas públicas más sostenibles son aquellas que son el resultado de diálogos. Lo que se ha hecho en materia de educación, tiene que ver con diálogos, con pactos, con acuerdos transversales. El sentido común sobre descentralización es fruto de una concertación múltiple. En el Perú no hay un diálogo minero, y curiosamente esa es la principal razón de la que tengamos quince años de conflictos por temas mineros los cuales todos han terminado en capitulaciones del Estado. Entonces no hay una razón para no pensar que una de los derroteros de la democracia en el Perú debería ser un pacto más o menos en el sentido de lo que se intentó en el gobierno de Alejandro Toledo.
¿Quién más tendría que participar en un diálogo? En lo que va del gobierno no se habla de líderes regionales por ejemplo.
Creo que de la elección de este año hemos salido como un país “en tres mitades”, con la venia de Euclides. Una primera mitad que es el Gobierno, una segunda mitad el oficialismo y hay una tercera mitad social que se demostró lejana de los partidos, que votó por las opciones políticas pero no con una profunda convicción democrática si no sabiendo que eran alternativas incompletas, y ese sector es el que se siente excluido de esta gobernabilidad forzada que establecieron PPK y el fujimorismo en estos meses. Por eso yo sí reclamo que este diálogo sea más hacia abajo que entre los que están arriba.
¿Y cuál sería el correlato práctico?
Construir una agenda que represente a la sociedad. La disputa por la censura a Saavedra era una disputa que no correspondía a la agenda pública. En la agenda pública de la gente están los temas de la seguridad, la prestación de servicios públicos: salud, educación, generación de empleo. Hay una agenda pública distinta y tengo la sensación que si hace un diálogo recogiendo esa agenda creo que el gobierno y el congreso tendrían más legitimidad. Por eso la discusión de hace unos días no era cuestión de confianza si no de legitimidad. Aquí hay un profundo déficit de legitimidad del gobierno, de las instituciones, de la élite, del sistema político frente a la sociedad. Esa es la expresión más abierta de lo que tenemos como sistema político en crisis.
Todas las referencias son a Lima, ¿no hay vida en el interior del país?
Ese es el déficit del gobierno de PPK. PPK planteó relanzar la descentralización, planteó crear el Ministerio de las Regiones y planteó un diálogo Nación-Región muy interesante que quizá el logro más sustantivo son los GORES, estas reuniones entre el gobierno y las regiones. No obstante tengo la impresión que todavía hay un vacío grande y no advierto en el gobierno una decisión de incorporar a las regiones a la gobernabilidad. Si lo hiciese tendría un aliado muy importante. No tanto como para equilibrar la fuerza en el congreso, pero se dotaría de una fuerza política un poco propia y no entiendo que el gobierno no termine de cerrar esa alianza, y más bien veo que el fujimorismo sí avanza en una relación con las regiones muy interesante. Esta ley para modificar el artículo 12 del presupuesto del Congreso para permitir que las regiones cambien o modifiquen su presupuesto sin la opinión del MEF, es un tributo que hace el fujimorismo a las regiones. Es una norma observada por el Ejecutivo que me parece es una esfuerzo muy interesante.
A la hora de hacer alianzas con líderes regionales el gobierno tendría que ir con pies de plomo porque en provincias abundan las acusaciones de corrupción.
Cierto, el gobierno tendría que separar la paja del trigo porque la crisis de la descentralización como proceso político ha tocado fondo, ha sido una crisis que se ha ido labrando creo yo desde el año 2010, cuando fueron elegidos algunos presidentes regionales indeseables, no veo un gobernador con la representatividad y legitimidad tal, como en el pasado, que le pueda hablar abierta y fuertemente al gobierno. En mi opinión son liderazgos consumidos por conflictos internos. Lo que pasa en Puno, Cusco, Ayacucho o Junín es el resultado de una desestructuración del poder regional y la demostración de que la descentralización no ha contribuido precisamente a fortalecer ese poder regional.
¿No hay élites empresariales locales?
Si las hay, pero creo que no están interesadas en la política. Los empresarios que han entrado a hacer política, hay algunos formales como los empresarios que han ejercido la presidencia en la región Piura, por señalar un ejemplo, pero la informalidad política en las regiones ha ido de la mano de la informalidad empresarial. El triunfo de Oscorima en Ayacucho es la expresión de esta informalidad económica que señalo, que termina asumiendo informalidad política.
¿Cuál es tu mirada particularmente sobre Huánuco que es tu patria chica?
Lo que pasa en Huánuco no es muy diferente de lo que pasa en el interior del país. Huánuco es una región que tiene una seria crisis de proyecto. Me parece que la larga pérdida de la hegemonía de la capital en la región ha terminado por lo cual los actores están buscando salidas a esto, no podría decir que Huánuco es una región policentrista o bipolar que tiene a Huánuco y a Tingo María como ejes centrales, pero si podría decir que la capital no logra tener un poder hegemónico sobre el resto de la sociedad. He visto los dos últimos gobiernos regionales debatirse en dificultades de proyecto. Si bien es cierto que somos una región que ha crecido en estos años sobre el 6 % más que el promedio que el regimiento nacional, no se ha crecido en base a una actividad definida. Lo que más se ha desarrollado en Huánuco es la construcción pero a partir de la autoconstrucción. No hay un crecimiento agrario sostenido, igual pasa en minería, turismo y otros sectores.
No hay un diseño de desarrollo…
No lo hay, es una región que vive de la Amazonía, claramente en auge y una pérdida de actividad económica en la sierra. Y mientras no se resuelva eso me parece que Huánuco va a estar en dificultades.
Eso también es extensivo a la zona central Pasco, Junín.
Sí, pero en Huánuco se notan algunos elementos más. En política por ejemplo Huánuco se parece mucho a Puno. Es una región donde los actores políticos se organizan para destruir al otro, porque la competencia política es irreconciliable. Donde no es posible construir consensos entre ganadores y perdedores, donde las diferencias políticas terminan en un proceso judicial, no solo hay fragmentación social, también hay fragmentación política, entonces lo que tenemos en Huánuco es una competencia política destructiva y autodestructiva. Todo esto hace que se parezca mucho a Puno y que se parezca menos a regiones como Piura o Arequipa.
¿Entonces qué cohesiona a Huánuco?
No tiene muchos elementos de cohesión. Huánuco es una ciudad que vivía de una tradición aparentemente hispana que ha recibido una influencia racial y ha sido refundada como un crisol del mestizaje, con migración proveniente de la selva, de las provincias y distritos de la sierra alta de Huánuco y también de Pasco, eso crea fragmentación social y sobre eso una fragmentación política que es profundamente autodestructiva. Yo diría que el problema de Huánuco es falta de proyecto político y económico, pero también un problema serio de cohesión social.
¿Esta crisis entre el gobierno de PPK y el fujimorismo es real? Desde el punto de vista del Frente Amplio son lo mismo o expresiones de lo mismo.
No pueden ser lo mismo si es que en la segunda vuelta electoral PPK le arrebata una presidencia casi ganada a Keiko Fujimori. Lo que sí tenemos es una convivencia forzada, creo que es un estado en el que los dos tienen que entenderse sin desearlo. Creo que el fujimorismo tenía tres opciones frente a PPK: 1) Ahogarlo rápidamente, produciendo una crisis. 2) Un cogobierno como pedían los sectores de la derecha y los grandes grupos empresariales, y 3) Este camino intermedio que es un poco consenso y un poco de fuerza. Lo que ha puesto en crisis la interpelación y censura a Saavedra es ese modelo, entonces hoy día no solo el fujimorismo pero principalmente él, no sabe cómo encarar sus relaciones con PPK, y viceversa el gobierno tampoco sabe. Las idas y vueltas más de PPK que del fujimorismo tienen mucho que ver con eso. Lo que tenemos ahora es un modelo de gobernabilidad que está suspendido en el aire y que quizá en las primeras semanas del 2017 se aclaren. O regresan estos señores a la casa de la convivencia forzada o inaugurarán este proceso de mayor tensión con resultados que creo nadie puede predecir cuál será finalmente.
Finalmente ¿Cómo está cerrando el gobierno este medio año?
Coincide con el fin de 2016, y no diría que está en crisis, tiene un casi 50 % de aprobación. Es un gobierno que atravesó una crisis complicada, que podría agravarse este proceso en el futuro. Si es un gobierno acosado por la oposición, también acosado por sus fallas internas, pero yo no diría que el gobierno se encuentra en una grave situación de inestabilidad que obligaría a cambios rápidos. Yo diría que es un gobierno que se debilita lentamente, pero que todavía tiene un amplio margen de maniobra.