A los 66 años, una mujer desafía el envejecimiento con la tabla de paddle surf, transformando su fuerza y equilibrio en solo semanas y demostrando que la edad es un número.
¿Cómo se siente una persona de 66 años que se resiste a sentirse “vieja” pero busca mejorar su bienestar? Descubrió en el paddle surf la clave. En solo 10 días, esta actividad acuática cambió su perspectiva, fortaleciendo su cuerpo con un esfuerzo de 30 minutos diarios.
Según la investigación publicada por The Guardian, la actividad física regular es crucial para adultos mayores, con expertos recomendando al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado. Sin embargo, solo el 28% de los mayores de 65 años cumplen esta meta, haciendo del paddle surf una opción innovadora para combatir el sedentarismo y mejorar la calidad de vida.
A los 66: Más allá de la Caminata Diaria, ¡Necesidad de Cambio!
A sus 66 años, a pesar de sentirse razonablemente activa y mantener una caminata diaria de al menos 45 minutos, una perspectiva interna se afianzó: caminar ya no era suficiente. Artículos recientes sobre el envejecimiento saludable resonaron profundamente, señalando que la fuerza, el equilibrio y el core son pilares fundamentales que a menudo se descuidan. Aunque la idea de rutinas de “cinco minutos al día” parecía atractiva, la experiencia le había enseñado que las buenas intenciones suelen disolverse rápidamente. La sala de gimnasia nunca fue un espacio que le atrajera, y la disciplina del yoga, con sus intrincadas posturas, simplemente no era lo suyo. Había una clara necesidad de un enfoque distinto, una actividad que ofreciera un compromiso sostenible y resultados tangibles, más allá de la simple resistencia cardiovascular de la marcha.
¿La Respuesta Inesperada Estaba Escondida en el Cobertizo?
La solución, insospechada y olvidada, aguardaba pacientemente en el cobertizo de su bote: una tabla de paddle surf. La había adquirido hace unos 3 años, movida por un impulso de diversión, y un amigo le había impartido unas cuantas lecciones básicas para principiantes. Sin embargo, la vida en el río Hawkesbury, donde reside, había presentado obstáculos. Múltiples inundaciones transformaron el río en una masa de agua turbia y marrón en hasta 2 ocasiones importantes en un año, dejando la tabla inutilizada por varios meses. Luego llegó el invierno, con sus frías temperaturas y vientos gélidos, sentenciando la tabla a un reposo forzoso de aproximadamente 4 meses adicionales. Pero ahora, con el sol de la primavera asomándose y las primeras luces del amanecer reflejándose como destellos dorados sobre las tranquilas aguas del Hawkesbury, era el momento perfecto para rescatar su tabla de 3.2 metros de largo.
Primer Intento en Aguas Turbulentas: Medusas y Equilibrio Precario.
Por primera vez en años, arrastró la larga y poco manejable tabla hacia las aguas poco profundas. Agarrándose firmemente a los lados, se arrodilló con cautela sobre la tabla. Se bamboleó suavemente bajo sus 65 kilogramos de peso. El momento más difícil llegó al intentar ponerse de pie. Apretó la mandíbula y, con suma delicadeza, colocó primero el pie izquierdo y luego el derecho. Mientras se incorporaba, la tabla se balanceó peligrosamente durante unos 5 segundos, antes de estabilizarse precariamente. Luego, a unos 15 metros, apareció una sorprendente formación de “medusas burbuja” (jelly blubber), deslizándose con una gracia engañosa. Sus 8 brazos lacios y sus campanas en forma de paraguas eran hermosas, pero su picadura, dolorosa. En su estado inestable, el riesgo de caer en el agua era demasiado alto. Con cautela, decidió regresar a la orilla, dando por finalizado este primer y desafiante intento.
¿Caer para Aprender? Un Chapuzón que Cambió Todo.
Al día siguiente, ponerse de pie resultó sorprendentemente más fácil. Sin medusas a la vista, su objetivo era remar unos 3 kilómetros alrededor de la isla Dangar, una distancia que representaba un desafío real. Se zambulló en un ritmo constante, deslizándose entre las embarcaciones ancladas en la bahía occidental. La calma la invitó a mirar a su alrededor, una distracción fatal. Con un gran chapoteo, cayó al río, unos 2 metros de profundidad. Tras recuperar el aliento, se aferró a la tabla y se preguntó si tendría la fuerza necesaria para volver a subir. Con un esfuerzo que tensó cada músculo de su cuerpo, se sujetó del asa central y se izó, cayendo sobre la tabla como una foca torpe en unos 20 segundos. Mojada hasta los huesos, pero liberada de la principal barrera: el miedo a caer. Volvió a remar, y pronto avistó un ferry que se acercaba. Los 70 metros de distancia no evitaron que las olas de la estela se aproximaran, desafiando su recién encontrada confianza. Se tambaleó, hundió el remo para apoyarse y, milagrosamente, logró mantenerse de pie, superando una prueba crucial.
Inversión en Bienestar: Mejora Técnica y Fortaleza Diaria.
Ahora, con una confianza que se elevaba más allá del 80%, se permitió conectar plenamente con su entorno. Las reflejos de los botes danzando en el agua, el suave tintineo de los aparejos de los yates con la brisa matinal, y la luz temprana del sol bañando el agua como un río de oro, creaban una sinfonía visual. Al emprender el regreso a casa, la marea estaba en contra, exigiendo un esfuerzo adicional y unos 25 minutos más de remada. El sudor goteaba entre sus omóplatos, una señal gratificante del trabajo físico. En poco tiempo, la tabla se detuvo con un chasquido suave en la áspera playa de conchas. Había logrado circunnavegar la isla, un trayecto total de casi 7 kilómetros. Cada día, su confianza y fuerza aumentaban exponencialmente. Una tarde, un crucero de gran tamaño, de unos 30 metros de eslora, pasó retumbando. En lugar de arrodillarse por precaución, enfrentó la serie de 5 grandes olas que se dirigían hacia ella y, asombrosamente, no cayó. Su equilibrio había mejorado en un 50% en apenas unas semanas.
La Rutina Semanal: Desafíos Climáticos y Recompensas Constantes.
El clima no siempre se mostraba propicio para el paddle surf. Cuando el agua estaba agitada o el viento arreciaba con ráfagas de hasta 30 km/h, optaba por sus caminatas habituales, que ahora sentía más enérgicas. Un reciente diluvio convirtió el río en una sopa marrón por hasta 10 días, generando advertencias sobre la posible presencia de tiburones toro, un riesgo real en esa zona costera. Extrañaba profundamente estar sobre el agua. Cuando el río finalmente se aclaró, después de una semana de espera, volvió a arrastrar la tabla. Había pasado solo una semana, pero la confianza ya estaba arraigada. Se puso de pie con total facilidad y remó alrededor de la isla sin ningún contratiempo, completando el circuito en poco menos de 90 minutos.
¿Qué Sorpresas Guarda el Próximo Amanecer para su Equilibrio?
Esta actividad se ha convertido en su refugio, una forma divertida y efectiva de afrontar los desafíos del envejecimiento activo. Se siente más fuerte, camina con una postura más erguida, sintiendo que ha ganado unos 5 centímetros de altura, y la experiencia de estar sobre el agua, ahora que su confianza es plena, le resulta profundamente calmante. Definitivamente, ya no se siente vieja; se siente renovada, con la energía de una persona 10 años menor. Este viaje no solo transformó su cuerpo, sino también su espíritu, abriendo un nuevo capítulo de aventura y bienestar. ¿Qué otros límites derribará con cada amanecer y cada remada, inspirando quizás a los más de 7 millones de adultos mayores de 60 años en Perú a encontrar su propia forma de desafiar la edad?
Crédito de imagen: Fuente externa




