Arlindo Luciano Guillermo
Mario Malpartida no necesita mayor presentación. Sin embargo, necesario es retroalimentar sobre él. Ha publicado más de una decena de libros de cuentos, tres novelas, antologías y comentarios literarios. Mario Malpartida, escritor de tierna nostalgia, ha convertido la infancia y la adolescencia es un rica e inagotable veta de donde proceden extraordinarios cuentos, cuya frescura, vitalidad y vigencia demuestran que Mario no escribió para el momento ni por emoción estética. Siempre estarán presentes en la memoria de los lectores Pecos Bill y otros recuerdos, Un bolero más, Cercos y soledades, Además del fuego y Con olor a vino. Leer la narrativa de Mario es regodearse con la nostalgia efervescente, la inocencia de la infancia y la audacia de los adolescentes que descubren la vida y la sociedad con asombro y picardía.
El tema de la violencia política, social y doméstica también es un tema presente en la narrativa de Mario Malpartida: ¿Te acuerdas de Pecos Bill?, La marcha, La Cruz de La Esperanza, Reino de los ausentes. La violencia subversiva de los 80 del siglo XX marcó, definitivamente, la existencia personal y social de los ciudadanos. La literatura no ha sido indiferente, ciega ni sorda. Elí Caruzo García, escritor tingalés, en Yo sabía que los iban a matar y Entre dos fuegos, aborda, precisamente, la violencia en la selva del Alto Huallaga sin cuartel, entre subversivos, militares y narcotraficantes. Desde la captura del presidente Gonzalo (12 de setiembre de 1992) han transcurrido veintisiete años, pero la secuela de la violencia en la sociedad aún se percibe y siente. La literatura tiene gran memoria para acontecimientos históricos. La novela El niño del pijama a rayas (2007), escrito por John Boyne (Dublín, 1971), narra las atrocidades inefables y el exterminio genocida en Auschwitz (Polonia) de miles de judíos durante la Segunda Guerra Mundial. La literatura no es acto de inspiración químicamente pura; siempre tiene un origen real, concreto, autobiográfico e histórico, con el ingrediente necesario de la ficción. La literatura no está al servicio de la política ni usurpa la función científica de la historia ni de la sociología. La ficción literaria representa la realidad artísticamente, la transforma para lograr un “bien estético”, sin responsabilidad pedagógica ni compromiso partidario.
Mario Malpartida ofrece a los lectores Sombras de la guerra (Edit. Ámbar, 2020. Págs. 68), que contiene tres cuentos, cuyo tema rector es alguna manifestación de violencia que procede del contexto social o de las vivencias de los personajes. El tema social y el lenguaje literario están en un punto medio de equilibrio. Es lo que debe suceder cuando la literatura aborda problemas sociales e históricos de gran impacto en la sociedad. Tal es el caso de la violencia política que azotó durísimamente al Perú, cuando SL-PCP y MRTA declararon la guerra al Estado y la respuesta, casi en la misma proporción, de este. En los tres cuentos encontramos hechos, escenas y circunstancias de violencia virulenta, brutal, de enfrentamiento bélico, vejámenes infames, muertes de ciudadanos, desapariciones, matanza de comunidades, incursiones armadas de uno y otro bando. Mario Malpartida, también periodista, no hace crónica ni reportaje de la violencia política.
Todo eso es sugerido con idoneidad. La prosa de Mario Malpartida avanza sincrónicamente entre el sentimiento y las emociones del personaje y la adversidad del contexto social. El desenlace es abierto, deja en ascuas al lector, quien debe deducir el destino final de la historia. Los personajes, con el síndrome de la guerra encima que les martilla la conciencia, buscan exorcizar el trauma; solo así encuentran paz interior y vivir con tranquilidad. El término “sombras” adquiere un matiz simbólico. La jipash Margarita, Hortensia, Violeta (Camelia) e Iván tienen marcados el estigma de la violencia verbal, física, abuso sexual o asesinato de familiares. Para ellos es una pesadilla aplastante que deben quitarse de encima huyendo, vengándose o dejando para otro momento el desquite.
Los personajes femeninos, principalmente, otorgan a los cuentos un carácter reflexivo y cuestionador. Margarita y Violeta son vejadas salvajemente por militares; mientras que Hortensia vive con resentimiento por los maltratos del esposo, ambos ancianos, con quien establece una guerra declarada en el interior de la casa, esperando la oportunidad para el uxoricidio. Violeta le dice a su hijo adolescente Iván: “No te preocupes, hijo, en estos días nos vamos a librar del capitancito ese, porque luego del banquete por su cumpleaños, nos iremos a otro pueblo para que sigas tu colegio, y ahí nos quedaremos por buen tiempo. Ya no habrá más sombras de la guerra que nos persigan. Hazte la idea de que aquí hemos librado nuestra última batalla.”
Es admirable en Mario Malpartida la continuidad literaria. Desde el lejano Pecos Bill y otros recuerdos hasta Sombras de la guerra no ha tenido descanso para escribir, fabular, construir ficciones literarias. La narrativa de MMB tiene sello propio e intransferible: nostalgia vital, apelación a los recuerdos de infancia y adolescencia, el uso de estrategias narrativas modernas, la fluidez del discurso, la sencillez del lenguaje, los personajes que siempre echan una mirada al pasado para comprender mejor las decisiones del presente y la fijación del objetivo literario en la sociedad y los problemas que la aquejan. Esto último es una muestra que el escritor no vive en una torre de marfil ni dentro de una burbuja transparente, con alergia a la historia ni a la política. Los escritores no son historiadores ni sociólogos, sino artistas que dan una versión del mundo y de la vida desde el arte literario, de la fabulación y la ficción.



