GRACIAS, YA TENEMOS CONGRESISTAS

Andrés Jara Maylle

Para bien o para mal (creo que es lo último) Huánuco, región de infortunios, ya tiene sus tres nuevos congresistas.

En realidad, el electorado (aunque aquí cae como anillo al dedo la sorna “electarado”) no tenía mucho que elegir, salvo contadas y admirables excepciones. Entonces todo podía ser posible ante tantos improvisados, tantos mercachifles de la política, tantos candidatos con cuentas ante la ley, tantos semianalfabetos que no pueden expresar ni una oración coherente, tantos testaferros de autoridades que necesitan urgente blindarse desde arriba. En fin, ya todo está consumado y solo queda la lejana posibilidad de que me equivoque por el bien de este Huánuco moribundo.

Meses atrás, de la nada, casi casi como por arte de magia, los diversos partidos, alianzas y entrecruces políticos, iban mostrando sus candidatos a cual peor. Y entre los pocos más o menos reconocidos aparecían nombres extraños, ilustres anónimos, como salidos de la penumbra; personajes que hacían su incursión como quien prueba suerte, como quien aprende en el camino, buscando cambiar su destino de la noche a la mañana. Y tres de ellos lo han conseguido, creo.

No hay duda de que las recientes elecciones deben haber sido unas de las más opacas y raras de nuestra intermitente historia democrática. Una campaña que no duró ni un mes pero que sirvió para mostrar nuestras antiguas taras; también las mismas artimañas, los mismos embauques, los mismos defectos. Todos esos vicios repetidos viciosamente por los candidatos sumidos en el mismo lodo y con pocas intenciones creadoras para salir de un marasmo absorbente y degenerativo de la política abaratada de ideas.

Resultó, en todo caso, un buen mercado de ofertas: algunos ofrecían cambiar la constitución para botar a todas las empresas privadas y que el estado, ese monstruo incompetente, se haga cargo de todo; ofrecían también, con mucha facilidad y desparpajo, construir escuelas, abrir caminos, levantar el ánimo, reivindicar a los pobres, encarcelar a los ricos.

Otros, tal vez los menos indicados, prometían combatir, como gladiadores, a la corrupción. Enviar a la cárcel a todo corrupto, ladronzuelo, pillo de saco y corbata y etc., etc. Por allí no faltó alguien, para variar, que no permitirá de ninguna manera el matrimonio entre hombres o mujeres; prometían defender a la familia por sobre todas las cosas y que ellos estarán allí, poniendo el pecho si es posible, para que se respete lo que Dios, en su infinita sabiduría, ha ordenado desde los tiempos antiguos.

Tantos candidatos hubo que a un buen número de ellos ni siquiera se los ha visto, se los ha escuchado, ni se los conoce ni se los conocerá porque pasaron desapercibidos, de incógnitos; porque estaban allí solo para que los partidos políticos llenen los recuadros y cumplan con los requisitos que se solicitan para estos casos. Quién sabe si entre estos oscuros  candidatos, entre estos ciudadanos ignorados, hemos dejado pasar, como agua bajo el puente, a algún huanuqueño decente y diferente a todo lo que hemos visto, más para vergüenza que para pena.

Pero ya ven, Alea jacta est (la suerte está echada) decían los romanos; ya no hay vuelta que dar para inútiles arrepentimientos. Ya tenemos nuestros tres congresistas que pronto se instalarán en sus curules ya para legislar, ya para levantar la mano y cobrar su sueldo, ya para decir su palabra digna y valiente, o ya solo para calentar el asiento.

Dos de ellos pertenecen a Acción Popular y la tercera a la agrupación Alianza para el Progreso. Y si nos atenemos a las estadísticas y al pasado (que siempre es un buen referente) sabremos que el partido del extinto Fernando Belaúnde, lamentablemente para Huánuco, siempre nos endilgó pura rémoras dignas de un merecido olvido. Y de Alianza para  el Progreso mejor ni comentamos.

De todos modos, no me conviene ser pesimista. Por eso ansío con toda mi vehemencia equivocarme en mis apreciaciones y que los tres flamantes elegidos si no descollan por su inteligencia (no es bueno pedir demasiado) por lo menos nos representen con decoro, con honradez, integridad y, sobre todo, decencia. No es mucho pedir…