Andres Jara Maylle
Por fin después de mucho pensar
don Martín el congrezoo decidió cerrar.
Fue una tarde muy funesta y peculiar
para todos los brutos de fuerza popular.
Petulantes hasta la última ceja
con su uniforme anaranjado en ristre
hicieron en sus curules harta bulla y queja
sabiendo que por más que pongan la cara triste
ya no gozarán más de sus muchas gollerías
y de sus tantas otras pillerías.
Desde su antiguo escaño se le vio a la bartra
levantando su voz con tono indecente
gritando sandeces como un mantra
y poniendo su falsa cara de niña inocente.
Pobre becerril, mudo te quedaste
cuando del solar de quien mal pensaste
cuestión de confianza propuso
ante todo ese corral confuso
en que se había convertido
el legislativo: nido de alimañas pervertido.
Y nuestra consagrada beteta
la de la dulce escritura y alto pensamiento
ya no encontrará otra treta
para justificar sin remordimiento
el goce impune de la gratis y sabrosa teta.
Ni qué decir del innoble galarreta
que quiso meter con las justas una aguja
para luego, junto a la foronda, otra granuja,
sacar como premio inmerecido una gran barreta.
¡Te quedaste, como yesenia, con la abierta jeta!
¿Alguién se acordará de una tal foronda,
chacón o alcorta, con pena honda?
Quién podrá extrañar a la vilcatoma,
al inefable tubino, o a la esthercita bravucona.
Adiós salaverry, hasta nunca indira:
ojalá solo se elijan de mentira.
La que harta pena da, es sin duda chihuán
quien salió con su fama de desleal
sin en los bolsillos un real.
Con pasos tristes cerró el antiguo zaguán
perdiéndose entre el gentío como una truhán.
¡Pobre chihuán!
Ahora, mamani, que inmunidad no tienes
cuenta ante el señor fiscal lo que debes:
quién te puso el reloj con que grabaste
a kuszynski y sus ministros en desgaste.
No olvides que un fuerte enrejado te espera
si te empecinas en mentir como vulgar ramera.
Aquella tarde, sí, aquella tarde,
cuando el establo hizo su último alarde
al escuchar al presidente disolvente,
todos vimos lo que hizo un mulder decadente:
ladrar y ladrar como un can cobarde
junto a otro congresista cuya mente arde:
ese que se hace llamar del castillo
quien hablaba y hablaba muy triste y sin brillo.
Dicen que ellos son de la vieja guardia apristas
aunque actuaron como simples arribistas
Qué papelón el tuyo, mechita,
primero tan escondida y calladita.
Presidente sin la presidencial banda
aplaudida, eso sí, por una verdadera tanda,
de esa cuadrilla obscena y forajida
que creyó que tú serías la elegida.
Dicen que lloraste como una magdalena
con nada de gloria y sí con mucha pena,
cuando te enteraste que no serías presidente
de ochenta cacasenos al día siguiente.
Tú, solo tú tienes la culpa de tu cruel destino
por no actuar con el debido tino,
por hacer caso a keiko y a olaechea
por obedecer, ciega, a esa gente tan fea.
Qué día aquel, peruano afortunado,
cuando pensaste que todo estaba acabado
entró empujando la puerta el ministro primero
para discursear sin tono lastimero,
y plantear, desafiante, la cuestión de confianza
dizque con el pueblo en alianza.
Luego, con su mensaje, vino el presidente,
ordenando a toda esa gente
largarse prontamente,
dejando a los deprimidos saurios
sin el mejor de sus augurios:
sus sueldazos espurios
Por eso, ciudadano ejemplar,
la próxima elección piensa antes de votar.
Y tú, hermano huanuqueño,
que eres de tu voto el auténtico dueño
no votes por el primer impostor ni pregonero
vota por el hombre primero
que trabajó y estudió con mucho esmero.



