Escribe: Ronald Mondragón Linares
Acabo de leer el ensayo “El poema en prosa y la desarticulación de la voz” de Miguel Ángel Zapata (Nueva York, Revistaelgolem.com, 2019), importante poeta, crítico y traductor peruano, que intenta darnos algunas luces sobre la naturaleza teórica y sobre todo el mecanismo de elaboración del poema en prosa.
Me doy cuenta que, de entrada, me encuentro ante el siguiente problema: he puesto como título a mi artículo, como materia de análisis, “la prosa poética”; mientras que Zapata establece el concepto de “el poema en prosa”. Pienso que el asunto no es tan pueril y, más bien, puede ser de gran utilidad para hacer importantes aclaraciones y operar deslindes conceptuales.
El autor del aludido ensayo comienza su trabajo realizando una analogía entre la creación de un poema en prosa y el hecho banal de jugar tenis. “Es como jugar tenis en una cancha de arcilla: el cielo limpio, el espacio amplio e incoherente, la luz desnivelada, y un apetito voraz por lo inesperado”. Zapata huye de las explicaciones académicas y prefiere quedarse en su campo, es decir, el ámbito connotativo. Más que eso, se diría que en su ensayo aplica sus propias consideraciones sobre la forma de hacer poemas en prosa. Por eso, el lector no avisado se queda perplejo al no encontrar ni la claridad ni la precisión con que cuenta un ensayo convencional.
Intentaré, pues, en esta nota esbozar brevemente la naturaleza, las características y la forma de composición de un poema en prosa o de la prosa poética.
El género lírico abarca el conjunto de las obras poéticas. Las obras poéticas pueden ser de dos tipos: un tipo convencional y formal, estructurado en base a versos organizados en estrofas que presentan cadencia y musicalidad, denominadas ritmo poético. El otro tipo de obras líricas, no muy abundantes en producción, dígase de paso, es lo que se conoce bien como poemas en prosa o prosa poética. Este tipo de poema carece de la estructura formal basada en versos y estrofas y su vehículo de expresión es la prosa.
Ahora bien, ¿la prosa poética o el poema en prosa tiene sus lineamientos generales, sus propias leyes, normas, condicionamientos y hasta sus propias limitantes?
Diremos que, fuera de los versos, las estrofas y, eventualmente, la rima y el ritmo, el poema en prosa mantiene los mismos elementos que el poema convencional: el yo lírico, la actitud lírica (transmitir sentimientos, sensaciones e impresiones), el propósito de belleza estética mediante recursos literarios y, sobre todo, la cuidadosa búsqueda de armonía en los sonidos, vale decir el esencial ritmo poético. Sin embargo, naturalmente sale a la luz una pregunta inevitable: ¿Cómo podemos discernir y luego distinguir con claridad si un escrito en prosa es o no poesía?
He leído en alguna parte que “Platero y yo” es prosa hecha poesía. Lo mismo he leído de “La casa de cartón”. Pero de ambas obras, ¿se puede decir que son poemas en prosa? Me parece que no.
El poema en prosa tiene la finalidad intencional y específica de expresar una sensación o un sentimiento, o un estado de ánimo y convertir estos -sensaciones, sentimientos, estados de ánimo- en poesía. Como los poemas en prosa de Blanca Varela, los de César Vallejo o los del iniciador moderno de esta clase de poemas, el gran Charles Baudelaire en su obra “El Spleen de París” (anteriormente, ya lo había intentado, sin éxito, el poeta Aloysius Bertrand). En cambio, tanto en “La casa de cartón” como en “Platero y yo”, si bien hay una profunda carga lírica, la amalgama de la obra se produce debido a circuitos narrativos, no poéticos, como una determinada línea argumental, personajes, intención específica de mostrar hechos y circunstancias, determinación de un tipo de narrador.
Por ello, al inicio de la nota, advertí la utilidad que podría tener la distinción entre “poema en prosa” y “prosa poética”. Existe un hermoso lirismo en muchas páginas de “María” de Jorge Isaacs, sin que por ello deje de pertenecer, en última instancia, al género narrativo. En los cuentos de G.K. Chesterton y en su novela “El hombre que fue jueves” se encuentran descripciones que constituyen preciosas piezas poéticas. Se puede decir que en estos pasajes literarios abunda la “prosa poética”, pero no se puede decir de ningún modo que son “poemas en prosa”.
A continuación, transcribo un fragmento de un poema en prosa de Blanca Varela. Absurdo existencial, pérdida del juicio aparente, libertad absoluta, mirada fría y fiereza al mismo tiempo; pero, sobre todas las cosas, gran ritmo interior: “Del orden de las cosas”: ”Hasta la desesperación requiere un cierto orden. Si pongo un número contra un muro y lo ametrallo soy un individuo responsable. Le he quitado un elemento peligroso a la realidad. No me queda sino asumir lo que queda: el mundo con un número menos…Volviendo a la desesperación. Hay quienes necesitan toda una vida para obtenerla. No hablemos de esa pequeña desesperación que se enciende y apaga como una luciérnaga. Basta una luz más fuerte, un ruido, un golpe de viento, para que retroceda y se desvanezca.”



