Escribe: Ronald Mondragón Linares
Uno de los altos valores de la poesía de Andrés Jara Maylle en “Entre el mar y la montaña” (Ediciones Rocinante, 2019) es esa especial y preciada capacidad de ciertos escritores de transmitir en el lector su propio deleite, el inefable goce estético que los conmueve al momento de escribir.
Esta virtud de algunos literatos no es común, ni mucho menos; a lo mucho, se puede dar en ciertos momentos o en ciertos contextos de la evolución o la creación literaria. Por ejemplo, en Samuel Cárdich se hace notoria en “Puerta de exilio”, donde en muchos pasajes es evidente el verdadero placer con que escribe el autor; a diferencia de “Último tramo”, tenso y nervioso libro de gran exploración psicológica. Luis Alberto Sánchez hace notar ese aspecto en el prólogo o pórtico del libro “La casa de cartón” de Martín Adán, como un rasgo sobresaliente de la prosa del escritor en esta obra.
El deleite en la escritura de Jara Maylle nos lleva a abordar uno de los principales rasgos formales de su libro: el control del ritmo poético. Demás está decir que forma y fondo se unimisman en una sola unidad, aunque no olvidemos que la forma y los recursos retóricos están subordinados al contenido y al mensaje -implícito o explícito- que el autor desea transmitir.
El control del ritmo poético es diestro y da cuenta de la madurez y experiencia adquiridas en el trabajo del poeta. El ritmo, para que sea logrado, no solo se refiere a la cadencia y a los vocablos elegidos en la cadena fonética, sino a su íntima conexión con el tono y el contenido que el escritor busca expresar. El ritmo en “Entre el mar y la montaña” es predominantemente pausado, de graduada y cuidadosa lentitud. Y es así porque el tono es reflexivo y denota un sereno y sosegado estado de emoción. Y tanto el ritmo como el tono presentan estas características que van de la mano, porque están supeditadas a lo que, en el fondo, busca el poeta: mostrar con claridad, sencillez y sin exaltaciones innecesarias la dualidad de sus impresiones frente al contraste sentimental que vive ante la tierra extraña y ante el propio terruño. Precisamente por ello, el texto poético está dividido en dos secciones claramente diferenciadas: “El mar que no conozco” -que recoge el sentir del yo lírico ante la tierra ajena y desconocida- e “Historias entre las montañas” –donde el poeta manifiesta sus emociones al reencontrarse dichosamente con en lar nativo.
El poema signado con el número 4 de la primera sección bien puede ser harto ilustrativo para entender tanto el ritmo como el tono del poemario en su conjunto: “Estoy en otro territorio,/ lejos de mi comarca,/ de mis aguaceros y vientos enloquecidos;/ de mi ciudad enclaustrada entre altas montañas./Lejos de mi río con sus entretenidos cantos…” ( p. 19 )
Otro de los aspectos de forma o de expresión fundamentales en el libro es el uso tipográfico del texto. El empleo de espacios amplios para la ubicación libérrima y absolutamente soberana de los versos -que favorece al logro del ritmo del que ya hablamos- da cuenta tanto del ceremonioso y placentero gusto estético con que Jara Maylle moldea sus versos, como del interés que tiene en mostrarnos pacientemente y con verdadera delectación la motivación temática del poemario.
En relación al lenguaje que emplea el autor, para lograr sus fines se vale de una adjetivación precisa y siempre pertinente; en general, la sencillez y la moderación de recursos estilísticos es la línea dominante del estilo. No obstante, llega a un punto alto de creación de recursos literarios cuando utiliza la imagen o personificación (al respecto, ver el poema 3 de la segunda parte, donde se personifica al río; y, sobre todo, el poema 5 “Discurso del halcón”, de la misma, que debe de ser uno de los más logrados del conjunto). El lenguaje es directo; pero cuando utiliza metáforas, la elegancia es norma: “Pronto seré un ave de plumas blancas/ y obedeceré el llamado de mi estirpe” ( p. 21 ). La aliteración o reiteración fonética en el poeta es absolutamente natural: “…en el raro reino de la garúa” ( p. 15) o también “…playas de sol y sal/ irradiando mis irritados ojos”. ( p. 18)
¿Cómo es el mecanismo de composición poética en Jara Maylle? A diferencia de otros poetas que prefieren la introspección -la mirada hacia adentro-, nuestro autor ha elegido el camino inverso: prefiere la extrospección -léase la descripción, evocación o el discurso de línea narrativa o reflexiva- para, a partir de ahí, volver hacia sí mismo y sugerir o decantar sus sentimientos, luego de la mirada de los elementos externos. Veamos un ejemplo. En el poema 5. de la segunda sección, ya citado, leemos: “Nací en la última cornisa/ del farallón incrustado en la falda/ de aquella montaña coronada por las nubes”. A medida que avanza el poema, el yo lírico va desvelando su interior: “Pobres tristes hombres/ que abajo se arrastran junto al río, / los veo y siento una rara compasión”. ( p. 34)
En la misma línea de ideas, el autor, en la primera sección, luego de describir el mar, la playa, el muelle, nos remite a su sentimiento de intrusión en un mundo ajeno y extraño, donde no solo se siente un forastero sino totalmente extraviado. Llama la atención que el escritor lleve al extremo esta sensación y esta certeza de estar perdido, cuando nos habla inclusive de “una patria ajena” -el paisaje costeño del mar- donde prácticamente tiene la impresión de ser un “extranjero” y además de hallarse “desterrado”. ( pp. 20 y 22, respectivamente), haciendo de esta manera más vivo el contraste entre dicho lugar y su añorada tierra.
Si realizamos una extrapolación y lectura crítica del texto poético, sobre todo leyendo los últimos poemas, se diría que el autor termina, inconscientemente, por conducirnos a la reflexión de importantes temas de debate sociológico: la discusión del concepto de nación peruana, las varias identidades o “naciones” en el seno de la patria, la convivencia de las distintas culturas nacionales. Todo lo cual no hace sino poner en evidencia la profundidad temática, interpretativa y de contenido que puede llegar a tener la verdadera poesía.
En suma, “Entre el mar y la montaña” de Andrés Jara Maylle constituye un meritorio aporte de auténtica y transparente poesía a la literatura huanuqueña -pese a que, en muchos ávidos lectores, por la misma brevedad del cuaderno, nos ha dejado aún con la miel en los labios- y la indudable confirmación de la madurez y la mano diestra del autor en el difícil oficio del quehacer poético.



