Denesy Palacios Jiménez (*) 18/9/19
La familia es una construcción histórica indisoluble, ligada a cada contexto socio-cultural, que acusa todos los conflictos de una determinada época, se modifica a través del tiempo y se constituye ella misma, en ciertas circunstancias en factor de cambio u obstáculo para la transformación y el desarrollo. Por otro lado, no olvidemos que la familia es el instrumento fundamental para hacer real la socialización de niños y niñas, y comúnmente lo que apreciamos es represión y violencia en todas sus formas, de la misma manera, como la violencia también responde en otros ámbitos por el mantenimiento de determinados intereses, ideologías y poderes.
Es por eso que el espacio familiar recibe con mayor magnitud que otros espacios sociales, la frustración, la explotación, la subordinación, la violencia y manifestaciones que son diferenciables para los diversos sujetos sociales de acuerdo con su tipo de vinculación a la esfera de la producción. La institución familiar sigue siendo una entidad viva y fundamental para la reproducción biológica y social, y el análisis debe partir no sólo de sus funciones, estructura, sino también de su dinámica interna y externa, de los afectos y desafectos que se generan en ella y por ella.
En el Perú y en Huánuco, por el machismo imperante, muchos hogares sufren el problema del abandono, especialmente los menores, refiriéndome a los hijos. Como nos indica Violeta Sara-Lafosse, la ausencia del padre, es decir el abandono paterno de los hijos aparece como un hecho cotidiano, como si fuera connatural al ser masculino, por eso se les conoce con el nombre de familias despóticas. En estas el «status de la familia está centrado alrededor de la figura del padre o de lo que puede demostrar en sí mismo o gastar fuera del hogar».
Una situación alarmante en el Perú, es una tasa alta de hijos ilegítimos, que aunque legalmente no figuran como tales en las partidas de nacimiento, en el hecho su situación es de abandono. Lo que apreciamos es un comportamiento egocéntrico e irresponsable del progenitor, con sus efectos negativos en el desarrollo psicosocial de los hijos varones carentes de modelo paterno, como deficiente identificación sexual y comportamientos agresivos y antisociales. Este hecho internalizado y legitimado, afecta no sólo a las instituciones familiares, sino también a las del ordenamiento social, jurídico y policial; obedeciendo aquello a la subcultura denominada “machismo”
Quien sabe, uno de los problemas más críticos en los hogares peruanos y huanuqueños es la violencia familiar, esta ataca a todos los hogares sin distinción de edad, sexo, religión, etnia, nivel educativo o nivel socio-económico; la violencia contra las mujeres es un hecho cotidiano, que lo vemos a menudo como un hecho privado, normal y no es asumido como un problema social.
Hace pocos días, hemos visto como el Correo, publicó en su primera página el título de “Rector Pegalón”, esto nos sorprendió a todos, no solo porque se trata de la máxima autoridad de una universidad, sino porque dicho profesional es psicólogo; y él en defensa alega que su esposa lo denunció por violencia psicológica y física, ante la fiscalía, en un momento de cólera; es decir en ningún momento niega los hechos que ocurrieron el 30 de agosto.
Sin embargo, llama poderosamente la atención que el Ministerio Público dispuso el archivamiento del caso, al no encontrar los elementos para probar la agresión; se sabe que la denunciante, es la esposa agraviada y también la menor hija por salir en defensa de su madre; se aduce que las pruebas realizadas de parte de los peritos psicológicos dieron negativo.
Señores profesionales que velan por la salud mental, autoridades que deben salir en defensa de las personas más vulnerables, ¿Es así como se debe combatir la violencia familiar? Esto es actuar con impunidad al tratar de invisibilizar hechos como este; y todo porque es persona con alto cargo, pues la violencia familiar está presente en todos los estratos y en todos los niveles.



