Editorial. Festival de la papa amarilla

Culminó el vigésimo Festival de la Papa Amarilla, en la que un grupo de campesinos orgullosos e identificados con su trabajo, decidieron mostrar las diferentes variedades de productos que cultivan, obviamente, se trata en su mayoría de papas amarillas mejoradas o de papas nativas.

Nuestra región es una de las pocas zonas a nivel país donde todavía se preserva la actividad del cultivo de papas nativas. Los campesinos, quienes probablemente fueron capacitados, tomaron la decisión empresarial de continuar sembrando papa de alta calidad, tanto para su consumo como para comercializar, dándole una ventaja competitiva y además, en muchos otros casos, dando un valor agregado a sus productos, como son la enorme variedad gastronómica en base a la papa amarilla y nativa, desde los platos fuertes, sopas y entradas, hasta los deliciosos postres.

No todos los campesinos han decidido seguir por ese rumbo. En su mayoría, los agricultores han preferido el sembrío de tubérculos tomando en cuenta un objetivo en particular, de más cantidad que calidad, aún cuando esto implique sacrificar a la larga, literalmente toda la calidad del producto. Es decir, la gran mayoría de tubérculos y vegetales que llegan a los mercados son productos con gran contenido químico. Tristemente, estos químicos, no se quitan así los lavemos o los dejemos remojados de un día para otro. Estas sustancias tóxicas son absorbidas por el producto, y son comercializadas así.

La realidad huanuqueña parece ser muy irónica; por decir, tenemos inmenso potencial turístico y no lo explotamos; por otro lado, somos una región eminentemente agrícola y de las mayores productoras de papa; sin embargo, a pesar de eso, penosamente, no hay investigación, no contamos con plantas de procesamiento, tampoco con centros de capacitación, en fin, no contamos con políticas que nos permitan afianzar y desarrollar las dos más grandes fortalezas que tiene esta región.