Jacobo Ramírez Mays
Choras es un pueblo en el que, cada vez que lo visitamos, nos tratan como si fuéramos los mismos jirkas que hemos bajado desde el Complejo Arqueológico de Garu, que se encuentra en el cerro Cóndor Waganan. Digo esto porque hace unos días atrás nuestro común amigo Klin Papas Tucto (coordinador académico de letras del centro educativo de Garu) tuvo la generosidad de invitar a Andrés Cloud, Luis Mozombite, Andrés Jara y a este escriba a participar del “II Encuentro de Escritores, Garu, 2019”.
El profesor Josué Berrios Esteban, quien es docente del área de Ciencias Sociales, fue quien generosamente nos llevó en su camioneta a esa ciudad. Por la forma en que manejaba, estoy seguro de que sería capaz de conducir con los ojos cerrados por esos lares, porque creo que los conoce más que a las palmas de sus manos. Ese día, por estar realizándose trabajos en la carretera, nos llevó por un paraje hermoso que se encuentra a más de tres mil metros, en donde el ichu, conocedor de muchos secretos de esos lugares, nos recibió acompañado de un viento suave que enfriaba nuestras voces y hacía que nos perdamos contemplando la hermosura de las alturas. Si así fuera el paraíso del que nos hablan tanto los cristianos, quisiera irme a ese lugar para estar eternamente sintiendo esa brisa y contemplando la naturaleza. Antes de llegar a nuestro destino, desayunamos un rico caldo de gallina con trucha frita en Llicllatambo.
Ya en Choras, nos recibió efusivamente el director del colegio, acompañado de sus bellas profesoras, de sus profesores, junto a una delegación de alumnos que nos dio la bienvenida en la calle principal, con orquesta, danzantes de pallas y ramos de flores. Escuchar hablar al alcalde del colegio fue muy emotivo; de igual manera, las palabras del director estuvieron llenas de emoción.
Estar con todos los miembros del colegio en el auditorio y ver la participación masiva de los jóvenes alumnos, así como de los profesores y personal administrativo, creo que es único en este medio, y los libros que llevamos los adquirieron como si estuvieran comprando canchita, tanto los profesores como los alumnos. Un profesor, que se parecía mucho a Alan García, compró un ejemplar de cada uno de los libros que llevamos y, después, como si tuviera un abanico en sus manos, se tomó fotografías con todos lo que estábamos ahí, mostrando sus tesoros, que estoy seguro que no se arrepentirá de leer.
La alumna Mily Juipa Berrios declamó un poema de autoría de nuestro amigo Anchico, mientras que el alumno Jhulino Espinoza, quien tenía puesto un cordón de brigadier grueso y brillante, que muchos soldaditos quisieran llevar, declamó un poema mío, mostrando así sus dotes artísticas.
Después de que se terminó la jornada de la firma de autógrafos, preguntas sueltas y después, también, de habernos tomado más fotografías que los actores Brad Pitt, Marlon Brando y Robert de Niro juntos, nos llevaron a almorzar un rico picante de cuy; posteriormente, con la nostalgia de no querer regresar, tuvimos que subir a la camioneta y regresar a esta ciudad, dejando parte de nuestra vida y nostalgia en ese lugar lleno de vida y amor.
Por el trato que nos dieron, quisiéramos que cada semana se dé un encuentro de escritores en ese lugar, pero eso no es posible ya que requiere de mucho esfuerzo por parte de los organizadores. De lo que estoy seguro es de la gran generosidad de Baby Soto, alcalde la Municipalidad Distrital, así como de la del profesor Anderson Valdivia Usuriaga, un profesional que ama mucho a su distrito; quienes se pondrán el próximo año, una vez más, la camiseta de la cultura y harán en Choras una fiesta literaria en donde espero participar.



