Muchos te ven con los ojos abiertos, no te entienden, no escuchan la música que posees, repiten mil veces las palabras que muestras visiblemente, pero tienen nubes y tinieblas en la esclerótica; huyen asustados como si hubieran visto un fantasma que les pone los pelos de punta, prefieren coger plácidamente un libro de cuentos, una novela, diario con noticia coyuntural, un libro de autoayuda (que no conoce de tus encantos y sutilezas), un artículo periodístico o un ensayo literario; eso sí se entiende más rápido, no exige mayor esfuerzo de lectura, entendimiento, análisis ni interpretación. Podemos ver mil veces la rosa luciendo el rojo intenso, pero jamás sentiremos el aroma penetrante ni la tersura de los pétalos.
Estás hecha de palabras, tu voz va más allá de lo que esas palabras dicen. Poesía, no estás hecha para la multitud, la muchedumbre, no tiene en ti cobijo el que repite la lección al pie de la letra; sabes, perfectamente, que estás hecha para unos pocos, unos cuantos que leemos tus versos una y otra vez, que valemos por muchos. Roque Dalton, aquel poeta guerrillero, salvadoreño, dijo de ti esto: “Perdóname, Poesía, por haberte hecho entender que no estás hecha solo de palabras.” ¡Tú lo sabes! Eres una esponja que absorbe el sumo más prístino de la vida, los deseos inconfesables, como pocos discursos sobre la vida de los pueblos, las preocupaciones políticas y sociales, la necesidad de vivir en paz y con estabilidad económica. Eso de que eres “linda”, “bonita”, “hermosa” es cursilería. Tú no eres “bonita” ni “preciosa”; eres la revelación del lenguaje, creatividad ilimitada de metáforas, adjetivo idóneo, verbo siempre vivaz y movedizo como pez en el agua, verso condensador, palabras exactas e imágenes que los lectores construimos en el pensamiento. Ah, solo tú sabes cómo te apreciaban los viejos haravicus, los trotamundos juglares y los memoriosos rapsodas griegos. Por ellos disfrutamos la Ilíada, la Odisea, El cantar del mío Cid, los antiguos harawis sentimentales, nostálgicos y de ausencia. Ah, si el ciudadano del siglo XXI entendiera eso, tendríamos una legión de compradores y lectores de poesía. Así habría menos ciudadanos viendo televisión basura, no estaríamos encadenados al celular y a las redes sociales, leeríamos más horas al día.
César Vallejo, el cimiento poderoso de la poesía contemporánea, el que más epígonos tiene en el Perú e Hispanoamérica, interpretó con palabras, versos, metáforas e imágenes la intensidad del dolor que llega hasta los tuétanos, advirtió la desgracia y deshumanización de los pueblos por la injusticia, la tiranía y la exclusión social. Pablo Neruda exalta belleza sensual y erótica de la mujer, compañía inseparable y lealtad a prueba de fuego: Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Cien sonetos de amor y Versos del capitán, aparte del monumento de granito y sensibilidad social, el épico-lírico Canto general. Rubén Darío cambió de estilo, incorporó la poesía de fuera (Francia principalmente), hizo sonar más melodiosos los versos, le dio ciudadanía mundial a la poesía americana. Charles Baudelaire, gran bohemio, putañero, es el mago ebrio que hizo de la palabra una navaja para cortar la yugular de la moral hipócrita de la burguesía que lo marginó y condenó a la cárcel. Las flores del mal es un registro de maldad, brutalidad y deleite estético. Vivió según el evangelio de los “poetas malditos.” El precoz y maldito poeta Arthur Rimbaud y el escueto Una temporada en el infierno es el testimonio de una vida turbulenta y excéntrica del autor, “hermoso como un querubín”.
Huánuco, después de Adalberto Varallanos, José Varallanos y Graciela Briceño, surgen tres poetas de méritos suficientemente válidos y objetivos: Samuel Cárdich, Luis Mozombite Campoverde y Andrés Jara Maylle. Hay en gestación y proceso literario, que es muy natural, jóvenes impetuosos que escriben y publican. No hay todavía un gran libro que les dé la credencial de gran poeta. Mudanza, Enturbiando el amor, Entonando retornos y Bajo el mismo cielo tiene un sitial meritocrático, una butaca en la historia de la poesía huanuqueña.
José María Eguren exhibe la poesía fantástica, candorosamente infantil y de imágenes simbólicas. Blanca Velera, Antonio Cisneros, Javier Heraud, José Watanabe, Juan Gonzalo Rose también entendieron que la poesía es un acto de orfebrería, de trabajo meticuloso, gran humanismo, harta paciencia, cincelamiento del verso hasta convertirlo en escultura perfecta, Ah, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Mario Benedetti, Ernesto Cardenal. Y ese José Ángel Bueso, poeta cubano, autor de versos intensamente sentimentales, de amores perdidos, frustrados, donde la mujer es la felicidad o la desgracia. Irreverente siempre Nicanor Parra. El breve, sustanciosos y musical Federico García Lorca. El romancero gitano, versos breves, metafóricos, rítmicos, personajes vitales: la luna, Antoñito Camborio, el río Guadalquivir, gitanos trágicos y la casada infiel.
Yo confieso, Poesía, que es poco lo que te conozco; me gustaría conocerte, como dice Ricardo Arjona, ese trovador posmoderno, “desde el pelo hasta la punta de los pies”. Pero voy conociéndote cada día más. No cuando te pones oscura, esparces neblina en el camino o cataratas en mis ojos. Pero sigo al pie del arpa, terco, insistente, sin recular, sin dar mi brazo a torcer. Estás en mi velador franciscano como impecable despertador.



