Denesy Palacios Jiménez
Cada 1 de mayo se celebra el Día del Trabajador en homenaje a los sindicalistas anarquistas que murieron reclamando mejoras en las condiciones laborales en 1886, y lograron la reducción de la jornada laboral
A partir del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional celebrado en París en 1889, la fecha comenzó a utilizarse para realizar reivindicaciones sociales laborales para la clase trabajadora. Desde ese entonces, el 1 de mayo puede considerarse un día de reflexión pero también de acción, y mucho más para nuestros trabajadores, que salen a laborar buscándose el pan de cada día.
El lema que se utilizó desde entonces es: ocho horas de trabajo, ocho horas de sueño, ocho horas con la familia. Estos episodios sentaron las bases de los derechos laborales que hoy disfrutamos. Sin embargo vale la pena aclarar cuántos peruanos gozamos de este derecho al trabajo, que también por supuesto es un deber. Y sabemos que somos muy pocos los que conformamos la Población Económicamente Activa y que estamos considerados dentro de la economía formal.
Según el resultado del censo de 2017, la población peruana asciende a más de 31 millones de habitantes, de los cuales el 50.8 % son mujeres y el 49.2 % son varones, y según datos del INEI. La PEA peruana se ha incrementado y un 62 % de peruanos estamos considerados en ella. Mayores de 14 años a 60 años, que durante el periodo de referencia estaban trabajando (ocupados) o buscando activamente un trabajo (desempleados), de acuerdo a la definición de Banco Central de Reserva (BCR).
Si la gran mayoría de peruanos estuviera insertada laboralmente, el crecimiento económico de nuestro país crecería, y ese debe ser el propósito de nuestros gobiernos, insertar a la gran cantidad de jóvenes en su gran mayoría buscando un trabajo, porque por otra parte vemos que entre las causas de inseguridad que se detectan, está el desempleo que vive una gran cantidad de personas. También, se identificó a la pobreza como otra causa que puede generar agresividad y, además, altos índices de delincuencia que, generalmente, se ubican en las zonas marginales de la ciudad. La falta de educación de los ciudadanos genera delincuencia, agresividad y, por supuesto, inseguridad en aquellas personas que se mantienen al margen, pero que son los que sufren las consecuencias de esta situación. Asimismo, la cultura de violencia que queda como secuela de la guerra interna vivida en el país y especialmente en esta región y que no ha recibido el tratamiento adecuado.
Uno de los problemas que vemos en nuestro país es la gran migración interna, donde gran cantidad de poblaciones altoandinas se desplazan hacia las ciudades como Chiclayo, Trujillo, Arequipa, Moquegua y Tacna, en busca de trabajo, y es que este problema tiene que ver con la poca atención que brindamos a las zonas rurales, quienes no solo sufren la desatención del Estado, sino que muchas veces ven incrementar la brecha entre lo rural y lo urbano.
El peruano es laborioso y de gran creatividad, pero requiere de oportunidades donde pueda mostrar su talento y su capacidad; y es por eso quizá uno de los problemas que ha generado en los últimos meses la masiva migración de extranjeros especialmente venezolanos, quitando oportunidades a los propios peruanos, y es por eso que también se debe legislar en favor de los nuestros.
El empleo laboral juvenil debe ser uno de los propósitos que persigamos para lograr insertar a nuestros jóvenes, a nuestros estudiantes universitarios y de institutos tecnológicos, pues ellos persiguen también apoyar a sus padres en su manutención y mejorar sus condiciones de vida.
Saludamos en este día tan especial a todas las mujeres y hombres trabajadores de nuestra región y del país.



