Todos los seres humanos estamos causando, de una manera u otra, la destrucción de nuestra casa, la Tierra. Acciones regulares del día a día, en la mayoría de los casos terminan siendo nocivas para nuestro planeta. Ya sea desde nuestro gran y habitual consumismo, el indiscriminado uso de todo tipo de artefactos y de vehículos, el “deshacernos” de nuestros residuos arrojándolos a las calles, donde tampoco reciben tratamiento; y ni qué decir de acciones mayores como la abusiva depredación de nuestros bosques para convertirlos en campos de cultivo, o peor, destrucción total por la minería informal; todo lo cual suma al desequilibrio natural de nuestro planeta, produciendo el calentamiento global.
Con toda certeza ahora podemos decir que microfibras de plástico pueden estar en el aire y el agua que consumimos, sin que nosotros nos demos cuenta, y lentamente nos están envenenando. El abismal uso de plástico de las grandes empresas y consumidores, ha hecho que este producto considerado conveniente de fácil uso y barato, un tremendo problema para nuestro medio ambiente.
Nuestros antepasados los incas, sin mucha ciencia, cuidaban la tierra, el agua, el aire y los recursos naturales, donde vivía y todavía en algunos lugares le hacen su homenaje, con un simbólico pago por los regalos en diversos frutos que nos prodiga. Actualmente, las pocas tribus nativas que sobreviven en el planeta, cuidan la naturaleza, su entorno, viven en armonía con la naturaleza, porque saben que de eso depende su existencia. Lamentablemente, la civilización, el hombre desarrollado, los que vivimos en las ciudades, somos los que estamos destruyendo la Tierra, la mayoría de las veces de manera negligente, aprovechando que los recursos se agotan y lo necesitan para vivir.
El biólogo y artista huanuqueño, Armando Cabanillas, invitó a reflexionar a la sociedad al señalar que debemos cuidar la tierra, las plantas, los árboles, que mañana nos entregarán sus frutos para vivir.
Debemos tener en cuenta que estamos matando nuestros ríos con tanto desecho que se le echa. En mismo Huánuco ciudad, los desagües terminan siendo vertidos al Huallaga. Empecemos a tomar mayor conciencia por nuestro propio bien.



