Por León Trahtemberg
En reciente viaje a Toronto-Canadá las autoridades educativas de un sistema que parece funcionar muy bien a los ojos de los analistas internacionales de la educación, me comentaron que estaban muy preocupados por los temas de salud mental de escolares y universitarios y que ese tema estaba siendo priorizado en sus agendas.
Coincidentemente en esos meses una columna del Economist sobre el tema en Gran Bretaña y Estados Unidos traía información preocupante.
La Mental Health Foundation británica estima que un 25 % de adultos británicos han sido diagnosticados con algún desorden psiquiátrico que tiene muchas causas. Una de las más fuertes en el caso de los jóvenes de 14 a 24 años es el consumo intensivo de las redes sociales. Estos usuarios de Instagram, Snapchat, Facebook o Twitter están diagnosticados con problemas de ansiedad, depresión, trastornos de sueño, exposición al bullying, síndrome de quedar excluidos y problemas de imagen corporal, según la Royal Society for Public Health de UK. Por el lado positivo, su uso permite generar bienestar al construir comunidad, estar alerta y acceder a temas de salud, favorecer la identidad, expresión y proveer soporte emocional. (How heavy use of social media is linked to mental illness, The economist, 18 05 2018).
Los neurocientíficos de la Universidad del Sur de California han encontrado en 2014 en una muestra de 20 examinados que Facebook dispara las mismas partes impulsivas del cerebro que ocurre con las apuestas y el abuso de sustancias psicoactivas y además se relaciona con el funcionamiento anormal del sistema cerebral de control inhibitorio. (Examination of neural systems sub-serving facebook “addiction”; Turel, Xue, He y Xiao).
Entre 2013 y 2015 en un seguimiento a 5208 norteamericanos se encontró que el incremento de actividad en Facebook estaba asociado a un futuro deterioro en la salud mental (Shakya y Christakis; “Association of Facebook Use With Compromised Well-Being: A Longitudinal Study”)
Al preguntarles por su sensación de felicidad, casi el 63 % de los usuarios de Instagram reportaron sentirse miserables pasando un promedio de casi una hora por día en la aplicación. El 37 % que expresó que estaba contento consumía en promedio solo cerca de la mitad del tiempo.
Lamentablemente en la educación peruana aún no se trabaja seriamente estos temas.



