EDITORIAL. Caos y desgobierno

Como todos los años, parecería haberse institucionalizado el caos y el desorden para estas fechas en la ciudad de Huánuco. Como es de costumbre, aun cuando exista prohibición municipal, los ambulantes toman por asalto las calles aledañas del Mercado Modelo, e invaden literalmente las vías a la redonda de hasta dos cuadras. Como si se tratara de una galería, los comerciantes informales se acomodan en los cantos y al centro de las vías. Curiosamente hasta tienen los “puestos” debidamente marcados y numerados en la acera.

Suceden dos cosas acá. En primer lugar, hay un grupo de personas que se encargan de este empadronamiento irregular a vista y paciencia de las autoridades. Lo segundo es que, estas personas cobran un alquiler diario, a cada vendedor informal por colocarse en ese puesto. Estamos hablando de costos de hasta 10 a 15 soles por día y por puesto. Imagínese usted estimado lector la cantidad de plata que se mueve en una sola cuadra, donde cada vendedor tiene en promedio un metro cuadrado como espacio de trabajo, uno al lado del otro.

La pregunta es ahora quiénes son estos personajes que trabajan silenciosamente y desde las sombras. ¿Es tal vez la directiva del mercado? Se sabe que normalmente ellos cobran alquiler a los ambulantes que trabajan en los alrededores, y obviamente conocen muy bien este “negocio”.

Por otro lado, se supone que hay una disposición que prohíbe la venta, comercialización y uso de pirotécnicos, sin embargo, parece que la ciudad está exenta de todo cumplimiento relacionado con esta normativa. Por fiestas de Navidad, docenas de ambulantes ofrecían los artefactos pirotécnicos a vista y paciencia de las autoridades. Es más, la noche del 24 se vivió a lo “grande”, con miles y miles de pirotécnicos haciendo explosión. La pregunta es ¿Valió la pena? Ahora más que nunca sabemos que nuestro medio ambiente es mucho más frágil que nunca, sin embargo, preferimos contaminarlo más. Nos interesa tampoco que las mascotas y otros animales sufran por nuestra decisión. Probablemente solo entendamos nuestras acciones cuando tengamos las consecuencias de ellas encima de nosotros.