Denesy Palacios Jiménez
En un trabajo interesante sobre “el sueño del pongo de José María Arguedas; Significaciones Lúdicas de la Gran Aventura de los 60” de la chilena Karina García Albadiz, hace un análisis de este cuento. Este trabajo de investigación da cuenta como un intelectual peruano de los 60, José María Arguedas (1911-1969), se aboca a pensar la realidad latinoamericana, permitiendo que en el cuento quechua “El sueño del pongo”, se articulen cuatro corpus teóricos fundamentales en el periodo como son: el marxismo-leninismo; la teología de la liberación; la teoría de la dependencia y el existencialismo sartreano. Este artículo busca pensar la identidad y alteridad latinoamericana, presentes en este relato literario, a la luz de los citados corpus.
En los años 60, se generan las principales rupturas, así como los corpus teóricos vigentes hasta finales de siglo. En estos años, hay un cambio de sensibilidad social respecto a las minorías étnicas, políticas y sexuales, lo que se observará, por ejemplo, en la apertura que tiene lugar en Latinoamérica respecto a distintos grupos indígenas, a las mujeres, los homosexuales, etc.; así como en las alianzas estratégicas que se darán entre los mismos países pobres para resistir la ideología norteamericana dominante. Es además una época fuertemente tensionada por el término de la Segunda Guerra Mundial y el origen de la trama conspirativa que significó la guerra fría, ya claramente ideológica y desterritorializada, lo cual configuró un nuevo orden político, dando paso a la bipolarización del mundo en dos grandes bloques. Este escenario obligará a que Latinoamérica replantee su posición en estas nuevas correlaciones de poder.
En síntesis, los años 60 son terriblemente fértiles, ya que concretizan experiencias inéditas en la historia latinoamericana, experiencias de apertura que terminarán con el advenimiento de las dictaduras en nuestro continente y la instalación definitiva del modelo neoliberal. En este contexto, muchos escritores latinoamericanos se abocaron a pensar la realidad latinoamericana y lo que pretende este trabajo de investigación es ver cómo se superponen algunos de estos corpus teóricos en el cuento en cuestión, en la creencia que la literatura sigue siendo clave para comprender la cultura de un pueblo porque forma parte del “fondo de imágenes básicas de una nación” y que como tal representa la tensión entre identidades y alteridades.
Me parece necesario partir comentando que en el fondo de “El sueño de pongo” lo que hay es un conflicto entre dos mundos: el mundo indígena, representado en el “pongo” y el mestizo y el mundo de los blancos, representado en el patrón y los colonos. Las tentativas teóricas de abordar un tema tan descomunal como la convivencia de estas dos tradiciones y visiones de mundo antagónicas han oscilado entre los conceptos de aculturación, mestizaje cultural, transculturación y superposición de culturas. Entonces debiéramos partir diciendo que “El sueño del pongo” es un relato quechua y que por lo tanto se alimenta del sentimiento indígena y de la tradición autóctona.
Así, a través del contar su sueño, el pongo recurre a la oralidad doblemente reforzada por un mediador como San Francisco de Asís y logra sobreponerse a la bestialización en la que vive. Podríamos decir que en este momento el pongo se transforma en “el hombre salvado”, es decir, en aquel que reconoce y le da nombre a la diversidad y alteridad, aquel que se esfuerza en captarse en su estructura más profunda como creador de mundo y se niega a captarse y agotarse en ser lo que no es, porque hasta este momento el que hablaba era el patrón, ahora que el pongo le cuenta su sueño su oralidad contrasta con las pequeñas intervenciones del patrón, que incluso “no oyó lo que oía”. Así en este especie de juicio final comparecen ante San Francisco tanto “el gran señor” como el pongo; el primero como “hombre rico y grande” enfrenta los ojos del inquisidor, pero el pongo no sabe si lo enfrentó porque “no puede saber lo que vale”.
Al mirarlos por primera vez San Francisco, este decide que el ángel mayor cubra con miel el cuerpo del patrón y que un ángel viejo cubra con excremento humano el cuerpo del sirviente, el patrón que atentamente escuchaba el relato señala muy conforme que “así tenía que ser”, es decir el orden del cielo respondía a la desigualdad en la tierra. Sin embargo, San Francisco, al mirarlos por segunda vez señala: “Todo cuanto los ángeles debían hacer con ustedes ya está hecho. Ahora ¡lámanse el uno al otro¡. Despacio, por mucho tiempo”.
Con esto se produce la inversión y la liberación del pongo, al menos en los sueños; el final es abierto, no se sabe si el patrón cambiará de actitud o todo seguirá igual, pero la denuncia y el juicio de valor están configurados. Si uno no conociera la vida de Arguedas, podría señalar que refuerza el conformismo cristiano, prometiéndole una justicia divina después de la muerte, pero pienso que este escritor lo que quería hacer era mostrar el fuerte antagonismo entre las culturas de las que estamos formados y de dónde viene ese antagonismo, en el fondo una cuestión de poder que decide quien está abajo o sometido y quién es el que manda; mostrando la salida a través de un sueño que debe transformarse en nuestro sueño, ya que es fundamental querer una sociedad justa donde todos seamos respetados.
Arguedas, parece decirnos: soñar no es suficiente, pero es necesario, terriblemente necesario, para saber quiénes somos y qué tipo de sociedad queremos. Después de eso, queda la hermosa resolución de cambiar.



