La catadura moral de Alan García Pérez traspasó fronteras. Y no lo decimos solo por la noticia de su reciente solicitud de asilo, no. Desde su trágico primer gobierno, AG fue conocido como el líder de, probablemente, la primera banda de los cuellos blancos existente en el Perú.
Nos permitimos relatar algunas anécdotas que pusieron énfasis para decirle al cobarde de aje que era un ladrón de siete suelas. Por ejemplo, en una charla dada por el difunto y exdictador de Venezuela, Hugo Chávez, llamó corrupto y ladrón a AG: “Dios libre al Perú de un bandido como este, como presidente. Dios libre a nuestro hermano pueblo peruano de un truhán como este, de un corrupto de siete suelas, como lo es Alan García”. Estas frases fueron pronunciadas en la campaña presidencial de 2006, cuando García y Ollanta Humala disputaban la segunda vuelta. Eso no fue todo, lo llamó también “El sinvergüenza es usted, corrupto, sinvergüenza, ladrón de cuatro esquinas”. Definitivamente, fue interesante ver a dos sinvergüenzas disputarse el primer puesto.
Por otro lado, en una entrevista dada por García a un noticiero nacional en 2016, refirió que: “A mí nadie me ha llamado corrupto. Nadie me ha encontrado ni una casa en Las Casuarinas o fondos en otros países, ni narcoagendas ni US$1700 millones en un gobierno”.
Como lo dijimos antes en esta columna, nunca se le pudo probar nada judicialmente porque se encargó, en su momento, de desaparecer las evidencias o de archivar los casos, obviamente con ayuda de jueces apristas.
Por otro lado, han sido docenas los seguidores apristas que sacrificaron años de sus vidas en la cárcel, por asumir responsabilidades de corrupción en sus dos gobiernos. Probablemente, por disciplina a sus compañeros o por miedo, no sabemos. Lo que sí sabemos esta vez, es que hay gente de su entorno, que actualmente está encarcelada y que está dispuesta a confesar.
Alan García ha vivido decenas de años de impunidad total. Obviamente, siempre se ha encargado de crear amigos donde mejor lo necesite, por ejemplo, la fiscalía, el PJ, o en la embajada del Uruguay, cuyo actual embajador es amigo suyo.



