Jorge Farid Gabino González
El 10 de octubre de 2018 será un día que difícilmente podrán olvidar los fujimoristas. Los peruanos en general, claro, tampoco. Y ello gracias a la inesperada resolución (pero inesperada no ya porque no se lo creyera capaz de fallar en tal sentido, sino porque, valgan verdades, pocos creían que acabaría ocurriendo de esa manera, sobre todo tratándose de quien se trataba: de la todo poderosa “Señora K”, del juez Richard Concepción Carhuancho de ordenar 10 días de detención preliminar en contra de la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, acusada de haber constituido una organización criminal al interior del partido naranja; tienda política con la que tentó la presidencia en 2016 y que aunque no le permitió volver a la Casa de Pizarro (ahora investida con la más alta magistratura del país), sí le hizo el milagro de ayudarla a alcanzar la suma impresionante de 73 congresistas, cifra con la que Fuerza Popular pasó a convertirse en la “primera fuerza” del Parlamento, y con la que, como sabe todo el mundo, marcó la agenda política del Perú, esto es, y sin eufemismos de por medio, hizo lo que le dio su puta gana con el país.
Junto a ella, se detuvo también a otras diecinueve personas de su círculo más cercano, entre las que destacan las figuras de Jaime Yoshiyama y Augusto Bedoya. Sospechosos todos ellos de formar parte de una organización criminal dentro de Fuerza Popular, la misma que, es bueno no perderlo de vista, estaría liderada por la señora Fujimori. Al respecto, el juez Concepción Carhuancho ha sido enfático en señalar que la detención de la lideresa de Fuerza Popular obedece a que “se evidencia grave peligro de fuga de parte de Keiko Sofía Fujimori Higuchi porque ha constituido una organización criminal en el interior del partido político Fuerza 2011 (Hoy Fuerza Popular) que tenía entre sus fines obtener el poder político y, por consecuencia, tiene un nivel de influencia e interferencia en el Poder Legislativo y Poder Judicial”.
Como sea, lo cierto es que del 10 de octubre a la fecha no han hecho más que sucederse de manera casi ininterrumpida las malas noticias para la “Señora K”. Empezando por el hecho de que hoy se sabe ya, según declaración de un testigo protegido por el Ministerio Público fechada el 14 de octubre, que Fuerza Popular buscó falsos aportantes en la región San Martín, a fin de simular donaciones para la campaña presidencial de 2016.
Y habida cuenta de que cuando las desgracias llegan, lo hacen todas juntas, un día después de lo antedicho, la policía detuvo a Pier Figari, Ana Herz y Vicente Silva Checa, todos ellos asesores de Keiko Fujimori, como sospechosos de formar parte de la presunta organización criminal. A lo que se suma el que un grupo de congresistas de Fuerza Popular: Modesto Figueroa, Miguel Castro, Wilmer Aguilar y Juan Carlos Gonzales se hayan reunido con el presidente Vizcarra el 16 de octubre. ¿Que para qué? ¡Pues para hablar del clima!
Dos días después, el 19 de octubre, Francesco Petrozzi renunciaba a la bancada naranja argumentando diferencias ideológicas. Ese mismo día, José Domingo Pérez formalizaba la investigación contra la señora Fujimori, para quien pedía 36 meses de prisión preventiva. Mientras que el 22 de octubre, digamos que para no perder la costumbre, una nueva desgracia volvía a cernirse sobre las cabezas de los fujimoristas: Daniel Salaverry pedía licencia temporal a Fuerza Popular para “mantener la imparcialidad en la toma de decisiones como presidente del Congreso”.
Como para entonces era más que evidente que hacía ya rato que el barco había comenzado a hundirse, no ha de sorprender a nadie que las voceras de la bancada, Úrsula Letona, Karina Beteta y Alejandra Aramayo, pusieran sus cargos a disposición.
Las vueltas que da la vida: de haber estado a un paso de convertirse en la primera presidenta del Perú, hoy Keiko Fujimori ve no solo diluirse cada vez más la posibilidad de volver siquiera a intentar una nueva postulación a la presidencia, sino que además todo apunta a que si sigue a este paso, pronto verá llegada la hora en que al buscar a sus costados no hallará a absolutamente nadie. Lo que, por lo demás, tampoco debería sorprenderle. Después de todo, es bien sabido aquello de que cuando se hunde el barco, las ratas vuelan. Le pasó a su madre cuando perdió el favor del dictador, que tuvo que ver a su propia hija ponerse del lado del sátrapa. ¿Por qué no podría pasarle a ella? ¿Tendremos los peruanos tanta suerte? Sabrá Dios. En cualquier caso, el mes morado ya se nos acaba, ¡y hay, hermano Richard Concepción Carhuancho, todavía tanto por hacer…!



