ESTOY TRISTE

Por Jacobo Ramírez Mays

Porque hace algunas semanas se terminó la campaña política, y fueron las elecciones. Se eligió a nuestros futuros gobernantes municipales y, para el Gobierno Regional, tendremos que esperar hasta el nueve de diciembre. Ese día, cueste a quien le cueste y aunque votemos todos en blanco, viciado o pongamos algunos recordatorios en las células de sufragio, uno de los dos candidatos que están en la segunda ronda será elegido.
Lo cierto es que estoy triste porque ahora, cuando paseo por las calles de esta ciudad, solo escucho los bocinazos que algunos choferes hacen con sus carros, pero ya no oigo un huaynito adaptado, en donde nos hablan sobre las bondades y virtudes de un candidato «x» o tal vez triple exis.
Como sea, lo cierto es que estoy triste porque ya no sé qué hay que hacer para ser un auténtico huanuqueño; tampoco sé quién será el que continuará con las obras y las fiestas, ni sé quién es el honesto o la honesta. Eso me entristece porque en ese contexto, cada vez que uno salía a las calles, se sentía bien y feliz porque era como si estuviera viviendo rodeado de gente buena, virtuosa y santa.
Estoy triste, también, porque ya no hay quien me regale una cajita de fósforos para prender mi cigarrillo. Demás está decir que, cada vez que lo hacía, me gustaba ver el rostro sonriente del candidato en medio del humo que se disipaba por el ambiente.
Estoy triste, asimismo, porque hasta la fecha muchos candidatos no borran sus nombres y sus símbolos que pusieron en diferentes paredes u otros lugares. Presumo que no tendrán presupuesto para hacerlo, en cuyo caso les sugiero que hagan una pollada o coctelada; y si no saben cómo hacerlo busquen en Google un tutorial, especialmente de los del tipo realizado por la “Señora K”, y les saldrá redondito.
También estoy triste porque ya me había acostumbrado a mis dos autoridades más importantes, que dentro de pocos meses dejarán sus lugares para que otros los ocupen. Podría jurar, de hecho, que en este mismo momento han de estar llamando a algunos amigos (a quienes nunca hicieron caso, pensando, seguramente, que sus cargos serían eternos) para conversarles, saludarles o darle like a las informaciones que suben en sus muros, ya que a estas alturas deben haberse dado cuenta de que están completamente solos. Pero es ya tarde: los cargos pasan, pero la amistad perdura.
Estoy triste, de la misma manera, porque un ingeniero que se va solo deja para Huánuco puentes baileys y un gran sinsabor en todos los que alguna vez pensamos que iba a ser la solución. Y me pone más triste todavía que después de que deje el cargo tendrá que irse de vacaciones un tiempito para gastar sus pequeños ahorritos hasta que nosotros nos olvidemos de él hasta verlo de nuevo caminar por estas calles solitarias, pero ya no seguramente con sandalias sino con botas marca Caterpillar.
Y como la tristeza me agobia y me entristece más, me voy como un hombre triste caminando por estas calles silenciosas hasta que el bocinazo que algún figlio de porco realice, me haga volver en mí.