No a la “Ley mordaza”

Por: Jorge Farid Gabino González

El presidente del Congreso, Luis Galarreta, ha vuelto a poner sobre la mesa un tema que no deberíamos dejar pasar tan a la ligera. Se trata, ni más ni menos, de la posibilidad de que el Parlamento apruebe una ley que, en palabras del susodicho, decidirá a quiénes va la publicidad estatal y a quiénes no. Como era de esperarse, el Consejo de la Prensa Peruana no ha tardado en pronunciarse, y lo ha hecho como sigue: «Esto parece formar parte de una campaña de desprestigio que busca mellar la imagen de los medios de comunicación y minimizar el rol fiscalizador de la prensa».
Lo siento, pero alguien tiene que decírselo a la sarta de innombrables que hoy gobiernan nuestro país (hablamos, naturalmente, de los del Legislativo; porque de los del Ejecutivo, mejor ni pronunciarse): El Perú ya no está para fujimorismos ni para fujimoradas ni, mucho menos, para fujimontesinadas. ¡Basta! Porque la gente, para hablar en buen cristiano, ya está harta. Ya se le llegó hasta el gorro.
Todo tiene su límite, dicen. Y es cierto: Hemos tocado fondo. Solo queda, por tanto, resurgir. Salir a flote. Demostrarle al mundo entero que el Perú, como habría refrendado el gran Jorge Basadre, es más grande que sus problemas…; mucho más grande que la tira de pendejos que pretenden levantárselo en peso.
Porque aquí las cosas, mal que bien, comienzan a cambiar. La gente ya no es tonta. Ya no se chupa el dedo. Piensa, razona, discrimina. Advierte, por ejemplo, que detrás de tanta cortina de humo, hay fango, hay podredumbre, hay mierda. Es por eso que hoy, como nunca, la llamada gente de a pie brinda su respaldo a la prensa peruana, a la buena prensa peruana, que podrá tener todos los defectos del mundo (y lo cierto es que tiene no pocos; como es normal, por lo demás, tratándose de una institución donde por obvias razones debe primar el pluralismo), pero que es todavía, a pesar de todo y por sobre todas las cosas, el único mecanismo verdaderamente democrático gracias al cual ningún tipo de poder, ni político ni económico ni religioso, puede hacer lo que le dé la gana, sin que aquí no pase nada.
Pues sí. Mal que les pese a los poderosos, la prensa libre, la verdadera prensa libre, tiene, entre otras muchas, la importantísima función de mantener informada a la ciudadanía, sea cual fuere la naturaleza de la información que transmita: Si favorable o no a los intereses de los llamados dueños del país. Porque para eso está también la prensa, para dar a conocer, por ejemplo, las bellaquerías en que incurren con pasmosa regularidad los miembros de nuestra llamada clase política. Y es que, si no fuera por ella, el ciudadano común y corriente difícilmente podría saber con una por lo menos mediana dosis de seguridad qué es lo que en verdad ocurre en su país. Aquí lo sabemos. Demos gracias a Dios por ello. Pensemos, por ejemplo, en Venezuela, hermano país que no tiene nuestra “suerte”…
Como sea, una cosa es cierta, nada que venga de los fujimoristas debería presentársenos como caído del cielo. Faltaba más: ¡fujimoristas hablando de libertad de prensa!: ¡No jodan! «El burro hablando de orejas», diría el gran Lucho.
Ya lo hicieron en la década del noventa. Está en nosotros no permitírselo nuevamente. Tendremos todos los defectos del mundo, pero idiotas no somos. La prensa peruana será, como decía mi abuela, lo que sea, pero es lo que tenemos. Cuidémosla, que no nos ocurra como en Venezuela, hermano país que, contrariamente a lo que se suele decir, no tiene la culpa de los gobernantes que tiene.