El “Prestiño huanuqueño” no solo es un postre tradicional, sino una expresión histórica que, según la investigación presentada por la docente universitaria Norma Aguilar Jara, tendría su origen en la construcción del emblemático Puente Calicanto entre 1879 y 1884. Durante su exposición, realizada en el marco del reconocimiento impulsado por Indecopi, la especialista explicó que este dulce nació en un contexto republicano marcado por la Guerra del Pacífico y por la necesidad de modernizar la infraestructura de la ciudad.
De acuerdo con la versión histórica difundida, la argamasa utilizada para unir las piedras del puente se preparaba con claras de huevo. Ante el uso masivo de este insumo —se habla incluso de millones de unidades— surgió la interrogante sobre el destino de las yemas sobrantes. Fue entonces cuando, según la tradición oral, mujeres huanuqueñas transformaron ese excedente en rosquillas fritas bañadas en almíbar, dando origen a lo que hoy se conoce como prestiño.
Esta explicación vincula directamente gastronomía e infraestructura, conectando la identidad culinaria con una de las obras arquitectónicas más representativas de Huánuco, que hasta la actualidad se mantiene como patrimonio histórico y atractivo turístico.
Identidad colectiva
Uno de los aspectos centrales del relato es que el prestiño no sería creación individual, sino resultado de una construcción colectiva que integró a la población urbana y rural. Los campesinos proveían huevos frescos, mientras que las mujeres de la ciudad y del campo aportaban el conocimiento culinario que permitió perfeccionar la receta.
La preparación tradicional exige una masa de harina con sal, trabajada mediante un intenso proceso de sobado hasta alcanzar una textura específica. Posteriormente, se forman rosquillas que se fríen —antiguamente en manteca— y se bañan exclusivamente con almíbar de azúcar y unas gotas de limón.
Según la exposición, cualquier variación con frutas u otros sabores alteraría la autenticidad del producto.
La docente remarcó que esta tradición ha perdurado durante 146 años, consolidándose como patrimonio cultural inmaterial y vivo. Además, destacó que el reciente impulso para su registro como signo distintivo ante Indecopi representa un paso clave para proteger su denominación y evitar distorsiones comerciales.
Reconocimiento oficial
El evento también sirvió para resaltar la importancia del reconocimiento institucional. Tras más de un siglo de historia, el prestiño huanuqueño avanza hacia una protección formal que fortalece su valor cultural y comercial. El registro como signo distintivo permitiría diferenciarlo de otros productos similares y resguardar su elaboración tradicional.
Más allá de su simbolismo histórico, el prestiño constituye una fuente de ingresos para panificadoras y pequeños empresarios locales. Su venta se intensifica en festividades como carnavales y celebraciones religiosas, y su presencia trasciende fronteras regionales, siendo identificado como producto característico de Huánuco incluso fuera del país.
El relato presentado combina historia, tradición oral y orgullo regional. Si bien algunos aspectos, como el volumen exacto de huevos utilizados en la construcción del puente, carecen de documentación técnica ampliamente difundida, la narrativa refuerza el vínculo entre memoria colectiva y gastronomía. Así, el prestiño se posiciona no solo como un postre emblemático, sino como un elemento que sintetiza identidad, trabajo comunitario y herencia cultural huanuqueña.




