La celebración de los carnavales huanuqueños ha comenzado a trascender el ámbito regional, pero no por su riqueza cultural sino por una serie de desmanes protagonizados por jóvenes identificados como seguidores de “Calixto”, según se observa en varios videos difundidos en Facebook en las últimas 48 horas. Las grabaciones muestran agresiones con pintura a transeúntes en calles céntricas de Huánuco, incluyendo a una mujer que, pese a pedir que no la tocaran, fue manchada en el rostro y la ropa el miércoles último.
En uno de los registros, de aproximadamente 1 minuto y 20 segundos de duración, se aprecia cómo una joven camina por una vía del centro histórico cuando 3 sujetos se le acercan con el propósito de pintarla. La mujer les advierte de forma reiterada que no está participando en ningún juego y que no autoriza el contacto. Sin embargo, metros más adelante, en una esquina concurrida, es alcanzada con una sustancia de color que le cubre el rostro y parte de la vestimenta.
Las imágenes, compartidas decenas de veces en redes sociales en menos de 24 horas, han generado indignación entre usuarios que cuestionan la falta de control durante las actividades festivas. En otros videos se observan situaciones similares, así como actos que podrían calificarse como vandálicos, incluyendo pintas y daños a bienes públicos. Hasta el cierre de esta edición, no se ha informado de intervenciones policiales vinculadas a estos hechos específicos.
En los últimos 3 años, la organización de actividades ha estado bajo coordinación de la municipalidad provincial, que otorga autorizaciones para pasacalles y eventos masivos. Sin embargo, los hechos difundidos esta semana han reabierto el debate sobre los límites entre tradición y agresión. Para comerciantes del centro, que enfrentan interrupciones en sus actividades durante al menos 2 semanas al año por las celebraciones, la falta de regulación impacta directamente en sus ingresos diarios.
El señalamiento hacia la gestión municipal y el alcalde surge en redes sociales, donde usuarios sostienen que existiría tolerancia frente a estos comportamientos. La ausencia de comunicados oficiales en las primeras 24 horas tras la difusión de los videos ha sido interpretada por algunos sectores como falta de reacción institucional. No obstante, hasta el momento no se ha emitido una posición formal que aclare responsabilidades o medidas adoptadas.
La discusión trasciende el episodio puntual. Para familias que transitan por el centro —incluidos niños y adultos mayores— la posibilidad de ser agredidos con pintura sin consentimiento plantea un problema de seguridad ciudadana. A nivel político, el manejo de estas celebraciones podría convertirse en un factor de evaluación de la autoridad local, especialmente cuando restan poco más de 2 años para las próximas elecciones municipales. La pregunta que queda abierta es si los carnavales de 2026 serán recordados por su tradición o por la incapacidad de imponer reglas claras en el espacio público.




