EE. UU.: Menos ganado dispara 15% el precio de la carne

El precio de la carne de res en EE. UU. se dispara un 15% en un año, alcanzando récords históricos y llevando el kilo de carne molida a cifras nunca vistas, con pocas esperanzas de mejora en el corto plazo.

Los consumidores en Estados Unidos están sufriendo un golpe duro en sus bolsillos al momento de comprar carne de res, con el precio de la categoría general de carne y ternera disparándose un 15% en el último año. El costo de la carne molida sin cocinar, en particular, alcanzó un nuevo récord en enero de 2026, marcando su mayor ascenso desde junio de 2020.

Según la investigación publicada por Fortune, mientras la inflación general en EE. UU. ha disminuido desde su pico pandémico, los precios en los mostradores de carne de los supermercados continúan subiendo sin control. Este aumento contrasta fuertemente con otras proteínas; el pollo, por ejemplo, solo subió un 1.1% en los últimos 12 meses, y el precio de la leche apenas varió, ilustrando una presión de precios persistente y focalizada en el sector ganadero.

El ganado vacuno en EE. UU. ha caído a su nivel más bajo en 75 años

La principal razón detrás de esta escalada es la drástica reducción del hato ganadero estadounidense, el cual ha caído a su nivel más bajo desde principios de los años 50. En 2023, el inventario de ganado se situó en aproximadamente 87.2 millones de cabezas, una cifra alarmante comparada con los más de 90 millones que se mantenían hace unos años. Factores como sequías prolongadas, especialmente en los estados de las Planicies, que en su momento afectaron hasta el 40% del ganado nacional, y el aumento de los costos de producción, incluidos los intereses bancarios elevados (con tasas de la Reserva Federal entre 5.25% y 5.50%), han encarecido enormemente la cría de animales. Esta situación hace que a los ganaderos les resulte más rentable vender animales jóvenes para el sacrificio en lugar de mantenerlos para expandir los rebaños, interrumpiendo el ciclo natural de crecimiento que usualmente dura entre 10 y 12 años.

¿Existe una salida rápida para esta crisis?

La respuesta es no. Don Close, analista senior de proteínas animales en Terrain Ag, advierte que cualquier expansión del hato ganadero estadounidense tardaría, como mínimo, hasta 2028 en reflejarse en los mostradores de venta al por menor, manteniendo los precios de la carne elevados por un período prolongado. Además, las importaciones de carne de países sudamericanos, aunque benefician a los consumidores, se destinan principalmente a la carne molida y no ofrecen una solución inmediata para la escasez general de ganado. Recientemente, EE. UU. también detuvo los envíos de ganado vivo desde México debido al resurgimiento del gusano barrenador del Nuevo Mundo, un parásito mortal, añadiendo otra capa de complejidad a la ya tensa cadena de suministro.

La paradoja del ranchero: rentable, pero frágil

Aunque la escasez de ganado ha supuesto un beneficio momentáneo para algunos ganaderos, especialmente para los productores de “vaca-ternero” que venden animales jóvenes a otros criadores, la situación es precaria. Brandi Buzzard, una ranchera de Kansas, afirma: “En mi opinión, deberías ser rentable ahora mismo como operación vaca-ternero”. Sin embargo, rancheros de quinta generación como Kacie Scherler, de Oklahoma, que junto a su esposo Zach Abney gestiona una empresa de 5,000 acres, describen el ambiente como “extremadamente frágil”. Los costos de equipos, reparaciones y alquiler de tierras se han disparado, haciendo que, aunque el ganado valga más que nunca, mantenerse en el negocio sea significativamente más caro.

¿Quiénes son los más afectados por esta subida?

Más allá de los consumidores, la crisis afecta a toda la cadena. Patrick Montgomery, ex Ranger del Ejército y dueño de KC Cattle Company en Missouri, ha sentido el rigor de los altos precios. Tuvo que vender una gran parte de su rebaño el año pasado para renovar sus líneas genéticas, pero el aumento de los costos le ha impedido reponerlo. Hace cinco años, un ternero criado con biberón podía costar entre 200 y 500 dólares; ahora, esos mismos animales pueden alcanzar hasta 1,500 dólares, ya que los compradores los adquieren para engordarlos para el sacrificio. Montgomery resume la situación con crudeza: “Todo el mercado de la carne y el ganado es un desastre. Para decirlo de forma sencilla, no queda ganado en América. Puede sonar a hipérbole, pero los números son históricamente ajustados.”

Presiones financieras ahogan incluso a los gigantes cárnicos

El valor mayorista promedio de la carne de elección en 2025 subió un 16% respecto al año anterior, según el Departamento de Agricultura de EE. UU. Incluso gigantes empacadores de carne como Tyson Foods Inc. están sintiendo la tensión. Su negocio de carne de res ha registrado pérdidas trimestrales consecutivas desde principios de 2024. La industria de la carne está altamente concentrada, con las cuatro principales empresas controlando cerca del 85% del procesamiento de carne de res, un hecho que ha provocado críticas y cientos de millones en multas por litigios antimonopolio y manipulación de precios. Sin embargo, en la actualidad, estas mismas empresas están perdiendo dinero en el segmento de la carne de res y dependen de otras proteínas, como el pollo, para mantenerse rentables, lo que ha llevado a Tyson, Cargill Inc. y JBS NV a anunciar cierres de plantas de carne de res.

La lentitud de la recuperación no augura mejoras rápidas

La población de vaquillas de reemplazo para la cría, es decir, vacas jóvenes destinadas a expandir los rebaños, apenas aumentó un 1% al 1 de enero en comparación con el año anterior. Este dato ilustra la lentitud del proceso de recuperación. Criar estos animales por más tiempo “no es muy gratificante”, especialmente con las altas tasas de interés, según Joe Myers, propietario de Myers Angus Farm en Kentucky. “La gente tiene, a falta de un término mejor, un poco de miedo de hacer ese tipo de inversión en una vaquilla joven abierta y de asumir todos esos costos inherentes.”

¿Qué papel jugará la política en el futuro de la carne?

El aumento de los precios de la carne de res, aunque no alterará la trayectoria general de la inflación ni la política monetaria de la Reserva Federal, sí ilustra los focos persistentes de presión inflacionaria. Este “choque de precios” llega en un año electoral crucial para Donald Trump, donde el alto costo de vida es un tema central. Trump ha ordenado una investigación federal sobre la industria empacadora de carne, culpando a empresas “de propiedad mayoritariamente extranjera” y acusándolas de colusión y manipulación. Lograr un resultado similar al de los huevos, cuyos precios cayeron un 34% interanual tras la recuperación de la gripe aviar, será un desafío colosal, dada la complejidad de la cadena de suministro de la carne y el largo tiempo necesario para reponer los rebaños. La atención ahora se centra en si las medidas políticas y las condiciones del mercado global podrán ofrecer algún alivio a los consumidores peruanos en Huánuco, que también sienten el impacto de los precios internacionales.

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