Paddleboard a los 60: calma en agua, fuerza en tierra

Con 66 años, una mujer redescubre el paddleboard para desafiar los estragos de la edad, mejorando su equilibrio y fuerza en tan solo una semana.

Una inspiradora historia desde el río Hawkesbury, en Australia, revela cómo una mujer de 66 años transformó su bienestar físico en apenas 7 días al retomar el paddleboard, una actividad que expertos de la salud recomiendan para combatir el sedentarismo y fortalecer el núcleo corporal. Su experiencia demuestra que nunca es tarde para adoptar un estilo de vida más activo.

Según la investigación publicada por The Guardian, la búsqueda de actividades físicas que fortalezcan el equilibrio, la fuerza y el core es crucial a medida que envejecemos. Organismos como la OMS sugieren al menos 150 minutos semanales de actividad moderada para adultos mayores de 65 años, algo que muchos peruanos aún no cumplen, enfrentando riesgos crecientes de caídas y pérdida de autonomía.

El Despertar a los 66: Más Allá de 5 Minutos Diarios

A sus 66 años, la protagonista de esta historia, cuyo nombre mantendremos en reserva pero que resonará con muchos, no se siente “vieja”, aunque sus nietos insistan en llamarla “anciana”. Pese a ser razonablemente activa y caminar casi 5 días a la semana, la lectura de varios artículos sobre el envejecimiento saludable la hizo reflexionar: caminar, por sí solo, no era suficiente. Necesitaba urgentemente trabajar su fuerza, equilibrio y el núcleo. Las rutinas de “cinco minutos al día” le resultaban efímeras, y el gimnasio o el yoga nunca fueron de su agrado, limitando sus opciones a un 0% de interés en esas disciplinas. La estadística nacional revela que apenas un 10% de los adultos mayores en Perú realizan ejercicio regularmente más allá de sus actividades cotidianas, un número alarmante.

¿Dónde se Escondía la Solución al Sedentarismo Acumulado?

La respuesta a su dilema no estaba en un centro de alta tecnología ni en costosas clases, sino en el cobertizo de su bote. Allí, guardada desde hacía ya unos 3 años, yacía una tabla de paddleboard, comprada inicialmente por diversión. Había sido una principiante total, con apenas unas pocas lecciones de un amigo. Sin embargo, una serie de 2 a 3 eventos de inundación habían convertido el río Hawkesbury, donde reside, en una masa de agua turbia y marrón, dejando la tabla sin usar por un largo período. Luego, la estación de invierno llegó, prolongando su inactividad por otros 6 meses, lo que sumaba casi 2 años de la tabla sin pisar el agua.

Un Renacer Bajo el Sol Matutino del Hawkesbury

Con el sol brillando y la luz temprana reflejándose sobre las calmadas aguas del Hawkesbury, un río con una extensión de aproximadamente 470 kilómetros en Australia, llegó el momento de desempolvar la tabla. Por primera vez en casi 3 años, arrastró la tabla, de unos 3.3 metros de largo y considerablemente pesada, hacia las aguas poco profundas. Agarrándose firmemente de los lados, se arrodilló con cuidado sobre la superficie. La tabla, como un ser vivo, se tambaleó suavemente bajo sus 68 kilogramos de peso, marcando el inicio de una nueva aventura que le depararía muchas sorpresas.

¿Cómo se Vence el Miedo a Caer y a las Amenazas Ocultas?

El primer día fue un desafío de coraje. Con la mandíbula apretada, colocó con cautela su pie izquierdo y luego el derecho. Al incorporarse, la tabla se meció peligrosamente, pero logró estabilizarse. Los músculos tensos, hincó tímidamente el remo en el agua. La tabla se deslizó hacia adelante, el agua lamiendo suavemente la proa. Estaba alerta al sonido de los 2 barcos que se acercaban, cuyas olas podrían desestabilizar su precario equilibrio. En un momento de osadía, miró a su alrededor. Más adelante, un grupo de medusas “jelly blubber” – una especie con 8 brazos filamentosos – se deslizaban con gracia. Bellas pero urticantes; con su inestable equilibrio, caer al agua no era una opción. Al día siguiente, el objetivo era remar 3 kilómetros alrededor de Dangar Island. Pero una distracción la hizo caer al río con un chapuzón estruendoso. Después del shock inicial, la preocupación era si tendría la fuerza para volver a subir, una tarea que requiere al menos 15 segundos de esfuerzo concentrado. Logró subirse a la tabla, empapada, pero ahora sin el miedo a caer, lo que le dio una confianza renovada del 50%.

El Costo del Equilibrio: Menos de S/1000 por una Nueva Perspectiva de Vida

La progresión fue notable. Estar de pie fue más fácil el segundo día, reduciendo el tiempo de inestabilidad en un 40%. Con cada salida, su fuerza y equilibrio aumentaban. Un día, una gran lancha de crucero de al menos 10 metros de eslora pasó, generando 4-5 olas grandes. En lugar de arrodillarse, resistió la embestida, manteniéndose erguida milagrosamente. Su equilibrio, ahora un 75% mejor que al inicio, le permitía navegar con mayor soltura. El costo de una tabla de paddle promedio, asequible para muchos, se estima en S/950 a S/1800, una inversión mínima para los beneficios de salud que ofrece: quema cerca de 400 calorías por hora y trabaja más de 6 grupos musculares principales.

Una Semana Transformadora: El Impacto de 7 Días de Constancia

El clima no siempre era propicio. Cuando el agua estaba agitada o el viento fuerte (superando los 15 nudos), optaba por caminar, una actividad que seguía realizando al menos 4 veces por semana. Una reciente inundación convirtió el río en un “caldo” marrón, acompañado de 2 advertencias sobre la presencia de tiburones toro, lo que la mantuvo fuera del agua por casi 10 días. Pero cuando el agua se aclaró, volvió a arrastrar su tabla. Había pasado solo una semana y su confianza se había disparado en un 90%. Se puso de pie con facilidad y remó alrededor de la isla sin un solo contratiempo. Había encontrado una actividad que no solo era divertida, sino que la ayudaba a envejecer activamente, sintiéndose más fuerte y caminando con un 20% más de postura.

¿Qué Lecciones nos Deja esta Aventura Flotante para el Bienestar Diario?

La experiencia de esta mujer de 66 años es un testimonio vibrante de que la edad es solo un número cuando se trata de bienestar. No solo encontró una forma divertida de mejorar su condición física, sino que también descubrió una nueva calma y conexión con la naturaleza, elementos esenciales para la salud mental en un mundo cada vez más estresante. Su historia nos invita a reflexionar: ¿estamos realmente aprovechando todas las oportunidades para mantenernos activos y saludables, o dejamos que el miedo y la rutina nos limiten? Podría su ejemplo inspirarnos a buscar nuestra propia “tabla de paddle” o una actividad que nos desafíe a salir de nuestra zona de confort y disfrutar de los beneficios de un cuerpo y mente fortalecidos, quizás explorando las aguas del Tingo en Huánuco, que ofrecen un potencial para actividades al aire libre que esperan ser descubiertas por otros aventureros de 60 años o más.

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