MANUEL LIMAY INCIL Y EL PREMIO DE ARTE CONTEMPORÁNEO DEL ICPNA

Israel Tolentino

Encontrar a alguien radicado en provincia ingresando al sistema capitalino es un hecho que, poco a poco, se va habituando en la horrible capital. Al centralismo no se le da vuelta desde su lugar; uno debe desplazarse o, como en otras situaciones, concluidos los estudios céntricos, radicar o regresar a su lugar de origen o al que considere oportuno; eso sí, lejos del tambor de la ciudad, en este caso, de los Reyes.

Conozco a Manuel Limay por el proyecto Canal Museal; con ellos he podido ver de cerca su proceso creativo y, por sus participaciones en los concursos de arte como el del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) y Museo Central (MUCEN). Si bien, a partir de los productos artísticos, cabe la posibilidad de “competencia”, mucho más allá, en un concurso se descubren nuevas voces. Los premios son, al fin y al cabo, parte de la validación, a veces coyuntural, mientras que mantenerse en el tiempo es la más fuerte de las ratificaciones por sobre la crítica, medios, marchands, museos, etc.

Manuel, hace unos meses, recibió el Primer Premio del concurso ICPNA Arte Contemporáneo; si bien la obra presentada posee todo el fundamento y méritos suficientes, aquel trabajo es la cumbre de algo que viene andando desde hace muchos años: un proyecto fecundado, sostenido y desarrollado en su natal Cajamarca, geografía que lleva a recordar una línea creadora con nombres clásicos: Mario Urteaga, José Sabogal, Camilo Blas, Andrés Zevallos; miradas contemporáneas como la de Marco Pando y, emplazándose en esa línea, Manuel Limay.

El artista en temporada de cosecha de papas (Foto: cortesía del artista).

La visualidad es, por momentos, una trinchera machista (queda investigar y formar para revertir o equilibrar la balanza), línea que pone sobre el tapete un sistema masculinizado con fuerza en el mundo de las provincias. Las oportunidades fuera de Lima son tan complicadas como en la capital; tal vez pueda considerarse una diferencia sustancial el estatus económico, relevante en esta época de individualismo exasperado; sin embargo, pueden sumarse otros motivos.

Las escuelas o universidades de arte, junto con las inagotables carencias, en esas flaquezas incuban a los futuros artistas; fuera de sus mallas curriculares, en la falta de una vida cultural crítica, se cocinan las mentes creadoras. De ese fuego emerge Manuel Limay, quien va ubicando sus soluciones visuales colectivas e individuales en Lima. En su “propuesta” hay un componente gráfico, de reproductibilidad, monotipia, cualidad que le ha ido canjeando una veta de originalidad, una voz con acento donde las supuestas debilidades le suman singularidad y rareza.

BARBECHO Instalación con tierra y papas. Medidas variables. Fotografías reveladas sobre papa 2025. (Foto: cortesía del artista).

Hace buena cantidad de años choqué con la instalación de Víctor Grippo (1936-2002), Analogía I, hecha de papas, obra desconcertante, como una pesadilla que nunca se puede borrar de la cabeza (creía que era uno de los elementos representativos latinoamericanos, decía Grippo); en un tiempo, hace mucho, en el país hubo un concurso/homenaje en torno al tubérculo andino; visto con el cedazo del tiempo, quedan resultados inocuos. Emplear un tema no es lo mismo que adentrarse en cuerpo y alma en él.

 Manuel Limay realizando un taller sobre Cianotipia (Foto: cortesía del artista).

Una serie de obras del artista huanuqueño Erick Miraval, radicado en Madrid, se titulaba: “Arraigados” (es en los intersticios fértiles en donde se desarrolla el meristemo, principio que genera la arquitectura de la vida), obras hechas desde su condición de migrante. En otra ocasión, junto con don Víctor Domínguez, Lucho Torres y Antonio Paucar, participamos en la cosecha de cerca de 600 variedades de papas nativas de don Raymundo Palacios en la comunidad de Pozo Pozo, en las alturas de Huánuco. La papa y el maíz, dos puntales en el desarrollo de la civilización andina. Manuel suma a ese camino sin retorno su cosecha.

BARBECHO. Instalación con tierra y papas impresas. Es un magnífico conjunto donde el artista relata: “La presente obra reivindica la tierra cultivada: ‘chacra’ andina, como un espacio de resistencia académica; su construcción utiliza tierra en reposo o cansada”.

Autorretrato sobre una papa (Foto: cortesía del artista).

Manuel Limay Incil estampa en la transparencia del almidón emulsiones fotosensibles a base de clorofila y sales de hierro; imprime en cada fruto o rebanada de papa un momento de tiempo comunitario, como cuando, sentados en círculo para iniciar la labor en la tierra, se mastican coca e historias (Tomaykichwa, febrero de 2026).