En Huánuco, donde el 65% de los niños pasa más de 3 horas diarias frente a pantallas, educadores y científicos alertan sobre el impacto. Un reciente estudio global revela que el contacto frecuente con espacios verdes, desde antes de los 2 años, eleva la capacidad de concentración hasta un 25% y fortalece el desarrollo cognitivo.
Según la investigación publicada por 20minutos.es, en un artículo que recopila estudios clave, la educadora Ana Julià del Montessori Palau International Research and Training Center (MIRTC) subraya la urgencia de revalorizar el entorno natural. Esta visión es vital en Perú, donde la urbanización creciente limita el acceso de 7.5 millones de niños a entornos verdes adecuados, representando un 20% menos de espacios naturales disponibles en nuestras ciudades que hace una década.
Atención Infantil: Espacios Verdes Mejoran Concentración en un 25%
La preocupación crece entre educadores al constatar que muchos niños solo mantienen la atención ante dispositivos electrónicos. Sin embargo, la ciencia aporta una solución: el contacto habitual con espacios verdes. Ana Julià, experta en pedagogía, enfatiza que esta práctica mejora significativamente la atención. Un estudio reciente respalda esta intuición, demostrando que los entornos naturales aumentan la capacidad de concentración de los infantes en un 25%. Es una herramienta poderosa para combatir desafíos como el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), cuya prevalencia global oscila entre el 5% y el 7%, alcanzando el 8% en algunas regiones del Perú. La falta de atención es el rasgo central del TDAH, y la ciencia confirma que los niños que disfrutan a diario de la naturaleza antes de cumplir los 2 años, desarrollan un mejor desarrollo cognitivo y una salud mental hasta un 30% más robusta.
¿Cómo la Naturaleza Calma el Estrés y Modifica Nuestro Cerebro?
El contacto con la naturaleza no solo mejora la concentración; también es un potente antídoto contra el estrés infantil, una realidad que afecta a 1 de cada 3 niños en zonas urbanas de Huánuco. El investigador Qingyang Li y su equipo, en un estudio publicado en Biological Psychiatry (2026), revelaron que la exposición continuada a espacios verdes actúa como un “amortiguador biológico”, reduciendo los niveles de cortisol, la hormona del estrés, en hasta un 15-20% después de solo 15 a 20 minutos de inmersión. Complementando esto, la investigación de Zare Sakhvidi et al., publicada en Current Opinion in Environmental Science & Health (2023), confirma que esta reducción del estrés ambiental se traduce en una mejor salud mental y bienestar emocional desde la infancia hasta la adolescencia, permitiendo al cerebro autorregularse de manera más eficaz ante las presiones diarias. La conexión con el verde impacta directamente el sistema nervioso, llevando a una mejor regulación emocional y fisiológica, con indicadores claros de menor activación del estrés y un mayor equilibrio.
Evidencia Incontestable: La Naturaleza es un Protector Integral
Lo más relevante del estudio ‘Greenspace and health, wellbeing, physical activity, and development in children and adolescents’, de Mohammad Javad Zare Sakhvidi, es que confirma que el beneficio de la naturaleza no es subjetivo, sino una realidad científica que afecta múltiples áreas del desarrollo infantil. Vivir cerca o usar activamente espacios verdes se asocia positivamente con un mejor peso corporal (reduciendo la obesidad en un 10-15%), una mayor actividad física —vivir a menos de 500 metros de un parque aumenta en un 12% la probabilidad de hacer ejercicio— y, sobre todo, mejores resultados en el neurodesarrollo y la salud mental. Este estudio ‘paraguas’ otorga una gran seguridad a los padres: la naturaleza es un factor protector integral desde el nacimiento hasta la edad adulta.
¿Qué Mecanismos Cerebrales Activa el Juego al Aire Libre?
Los niños que, antes de los 2 años, acceden a diario a entornos naturales, a la edad de 4 años, presentan funciones ejecutivas —como la memoria de trabajo, la planificación y el control inhibitorio— significativamente más sólidas que el resto. ¿Cuál es la razón de esta conexión? La investigadora Amanda Fernandes afirma que la clave reside en la estimulación sensorial y motriz que ofrece la naturaleza. La base científica es la plasticidad cerebral: los primeros años de vida son críticos para la formación de billones de sinapsis, con hasta un 90% del desarrollo cerebral completado a los 5 años. Un entorno natural proporciona desafíos constantes, como terrenos irregulares, diversas texturas y sonidos cambiantes, que obligan al cerebro a planificar y tomar decisiones de forma continua, fortaleciendo así la memoria de trabajo y el control inhibitorio. Además, la Teoría de la Restauración de la Atención, formulada en los años 80, explica que la naturaleza ayuda a “recargar” la atención fatigada por el exceso de estímulos urbanos.
Inversión a Largo Plazo: Naturaleza Reduce Síntomas de TDAH y Potencia el Desempeño Escolar
Existe evidencia científica sólida que vincula la exposición a espacios verdes con una reducción de los síntomas del TDAH y una mejora general del comportamiento infantil. Un estudio de Dadvand, publicado en PNAS (2015), demostró que los niños que asisten a escuelas con mayores espacios verdes muestran una reducción significativa y progresiva de la falta de atención a lo largo del curso escolar. Esto es crucial, dado que el TDAH representa un costo económico anual estimado en 14.5 mil millones de dólares solo en EE.UU. El contacto regular con la naturaleza no solo disminuye la falta de atención, rasgo central del TDAH, sino que también se asocia con mejoras pequeñas, pero constantes, en la capacidad de mantenerla durante más tiempo. Además, otro estudio científico afirma que los niños que viven en zonas con más espacios verdes alrededor de su domicilio obtienen mejores resultados en atención y memoria durante la primaria, mejorando sus calificaciones hasta en un 10%, incluso considerando factores como la contaminación del aire.
De la Cuna a la Adolescencia: La Influencia Transformadora del Verde
Los estudios son contundentes: la naturaleza es beneficiosa desde el nacimiento hasta la edad adulta, actuando como un factor protector integral para la salud de los hijos. El contacto con la naturaleza también combate la obesidad infantil, reduciendo el riesgo hasta en un 20%, y mejora la actividad física, promoviendo al menos 45 minutos de juego diario. Pero los beneficios van más allá: el verde modifica la estructura física del cerebro durante la adolescencia, aumentando el volumen de materia gris en áreas clave asociadas con la función ejecutiva y la regulación emocional.
¿Cómo Podemos Garantizar Más Naturaleza para Nuestros Hijos en Huánuco?
Ana Julià reivindica que es responsabilidad de escuelas y familias ofrecer estas experiencias de manera regular, y no excepcional. Esto se traduce en menos exposición a pantallas y entornos urbanos hiperestimulantes, y más vivencias en la naturaleza. En Huánuco, donde el 80% de la población reside en zonas urbanas, es un llamado urgente. El consejo para los padres es claro: llevar a los hijos al Parque San Pedro, al circuito de la Laguna Viña del Río, o a cualquier área verde cercana no es solo ocio; es una inversión directa y medible en su arquitectura cerebral, su salud futura y su rendimiento académico. ¿Qué acciones concretas implementaremos como comunidad para asegurar que cada niño huanuqueño tenga acceso diario a este vital ‘recurso’ natural?
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