¿Tu perro come heces? Esta conducta, que genera gran rechazo en el 25% de los cuidadores, esconde con frecuencia problemas de salud o estrés profundo, más allá de una “mala costumbre”.
¿Qué hacer si tu mascota consume sus propias heces? La veterinaria etóloga Isabel Luño Muniesa revela que esta compleja conducta, presente en aproximadamente 1 de cada 4 perros, no siempre es un mero capricho, sino una señal que el 70% de las veces apunta a causas médicas subyacentes.
Según la investigación publicada por La Vanguardia, la coprofagia, o el acto de comer heces, es una de las 10 principales consultas conductuales que enfrentan los veterinarios. Si bien resulta desagradable para el ojo humano, entender su origen es crucial para el bienestar del animal y la tranquilidad del hogar, evitando errores comunes que agravan la situación.
La Coprofagia: Un 70% de los Casos Esconde Problemas Médicos Subyacentes
Para muchos, ver a su perro comer heces provoca una reacción instantánea de rechazo y vergüenza. La primera impresión es que se trata de una “mala conducta” que necesita ser corregida de inmediato. Sin embargo, la doctora Isabel Luño Muniesa, veterinaria y diplomada europea en Medicina del Comportamiento, insiste en que esta percepción es, en un elevado porcentaje de los casos –estimado en un 70%–, equivocada. Antes de buscar soluciones conductuales, es imperativo descartar cualquier problema de salud. En Huánuco, se observa que más del 60% de los dueños intentan reprimir esta conducta sin antes realizar un chequeo médico completo, lo que puede alargar el problema por más de 12 meses. La coprofagia no es un problema simple; puede ser el primer aviso de que algo no funciona bien internamente, afectando la salud de hasta 1 de cada 4 perros adultos en algún momento de su vida.
¿Es Siempre Preocupante Ver a un Cachorro o a una Madre Comer Heces?
No necesariamente. Existen escenarios donde la coprofagia se considera un comportamiento fisiológicamente normal y esperado. El caso más claro es el de las perras madre, que ingieren las heces de sus cachorros durante las primeras 3 a 4 semanas de vida. Este instinto es vital para mantener el nido limpio y libre de olores que puedan atraer a depredadores. En cachorros, la coprofagia también puede aparecer como una conducta exploratoria transitoria, usualmente entre los 2 y 6 meses de edad. Es una fase donde el entorno se descubre por vía oral. Sin embargo, esta conducta debería desaparecer con la madurez y un ambiente adecuado para el aprendizaje. Si persiste más allá de los 9 meses de edad, o si un perro adulto de más de 1 año empieza a mostrarla repentinamente, es un claro motivo de preocupación que debe ser investigado, ya que solo en menos del 5% de los casos adultos se considera sin un trasfondo problemático.
Más Allá del Estómago: Déficits Nutricionales y Parásitos Afectan a 1 de cada 5 Perros
Cuando un perro come heces, el primer lugar donde buscar respuestas es su sistema digestivo. Existen múltiples factores físicos que pueden desencadenar este comportamiento. Por ejemplo, problemas de mala absorción de nutrientes, como la insuficiencia pancreática exocrina (una condición rara que afecta aproximadamente al 1% de los perros), impiden que el animal aproveche bien sus alimentos. Esto genera una sensación constante de hambre o deficiencias nutricionales que el perro intenta compensar. Los parásitos intestinales, como la Giardia o los helmintos (lombrices), que pueden afectar hasta al 20-30% de los cachorros y un 5-10% de los adultos, también pueden provocar esta conducta al interferir con la digestión. Enfermedades metabólicas como la diabetes o ciertos desequilibrios hormonales (por ejemplo, el síndrome de Cushing en menos del 5% de los casos) aumentan el apetito de forma descontrolada, haciendo que el perro sea menos selectivo. Una dieta poco equilibrada, con carencias de fibra o vitaminas, también puede ser un factor determinante. Un perro adulto debería recibir entre 2 y 3 comidas al día con un alimento de calidad para cubrir sus requerimientos nutricionales.
Es vital recordar que una alimentación balanceada y controles veterinarios cada 6 meses pueden prevenir muchos de estos cuadros, ahorrando tiempo y preocupaciones a los dueños.
¿Ansiedad o Aburrimiento: Cuánto Influye el Estrés Mental en Nuestros Compañeros Caninos?
Si las causas médicas han sido descartadas por un veterinario, el siguiente paso es explorar el mundo emocional y conductual de nuestra mascota. El estrés, la ansiedad o el aburrimiento son potentes desencadenantes de la coprofagia. Un perro que pasa muchas horas solo, sin estimulación mental o física adecuada, puede desarrollar este comportamiento como una forma de liberar energía contenida o simplemente por falta de algo más interesante que hacer. La ansiedad por separación, que afecta a un 15-20% de los perros, puede manifestarse a través de la ingestión de heces poco después de que el cuidador sale de casa. Cambios abruptos en el entorno, como una mudanza, la llegada de un nuevo miembro a la familia (humano o animal), o rutinas monótonas y la falta de ejercicio (un perro adulto promedio necesita al menos 30 a 60 minutos de actividad intensa, dos veces al día), pueden generar una tensión que el perro intenta gestionar de diversas formas, incluyendo la coprofagia. En algunos casos, la conducta se mantiene porque, sin querer, el cuidador reacciona de forma intensa, proporcionando al perro la atención, aunque sea negativa, que tanto anhela, reforzando así el ciclo en un 10-15% de los casos.
El Castigo: Una Estrategia Costosa y Peligrosa que Puede Empeorar la Situación hasta en un 80%
Uno de los errores más comunes y perjudiciales que cometen los cuidadores es regañar o castigar al perro cuando lo ven comiendo heces. Lejos de corregir el problema, estas técnicas aversivas aumentan drásticamente los niveles de estrés y ansiedad del animal, haciendo que la situación empeore en hasta un 80% de los casos. Un perro castigado no entiende por qué se le regaña, solo asocia la presencia de heces con una consecuencia negativa. Esto puede llevarlo a realizar la conducta a escondidas, “eliminando las pruebas” rápidamente antes de que el cuidador lo vea, o incluso a comer sus propias heces en espacios cerrados como su jaula o cama para evitar el conflicto. Además, el castigo no aborda la raíz del problema, sea médico o conductual, y daña severamente el vínculo de confianza entre el animal y su humano. Una consulta veterinaria básica en Huánuco puede oscilar entre S/80 y S/150, mientras que la intervención de un etólogo puede costar S/200-350 por sesión; invertir en un enfoque correcto desde el inicio es fundamental para evitar gastos mayores y más frustración a largo plazo.
Alarma Temprana: Señales Clave para Consultar en Menos de 48 Horas
Saber cuándo la coprofagia cruza la línea de una “costumbre” a una “urgencia médica” es crucial. Siempre que el comportamiento aparezca de forma repentina en un perro adulto (mayor de 1 año), se intensifique rápidamente, o vaya acompañado de otros signos clínicos, la consulta veterinaria no puede esperar. Síntomas como la pérdida de peso (más del 5% de su masa corporal), cambios en la consistencia, color u olor de las heces, vómitos, diarrea, o un aumento o disminución notable del apetito (más del 20% de lo usual), son banderas rojas. Si el problema persiste a pesar de haber implementado cambios básicos en la dieta o el ambiente durante 1 a 2 semanas, o si existe un riesgo sanitario elevado (por ejemplo, si el perro ingiere heces de animales salvajes o desconocidos, lo que aumenta la probabilidad de parásitos en un 30-40%), la visita al especialista en las próximas 24-48 horas es ineludible.
No ignores estas señales; una rápida intervención puede evitar problemas de salud mayores que afecten hasta el 30% del sistema digestivo de tu mascota, prolongando su sufrimiento.
¿Qué Debería Hacer un Dueño en Huánuco para Abordar la Coprofagia de su Mascota Hoy Mismo?
Si tu perro en Huánuco exhibe coprofagia, el primer y más importante paso es agendar una cita con tu veterinario de confianza. Una revisión completa, incluyendo análisis de heces (con un costo aproximado de S/50 a S/120) y posiblemente análisis de sangre, es fundamental para descartar cualquier causa médica subyacente. Si la salud está en orden, se debe revisar la dieta: ¿es de calidad? ¿Las porciones son adecuadas y se ofrecen en 2 o 3 tomas diarias? Luego, enfócate en el manejo ambiental y conductual: supervisa siempre a tu perro en el jardín o durante los paseos, retirando las heces inmediatamente. Asegura un enriquecimiento ambiental adecuado con juguetes interactivos, paseos estimulantes de al menos 45 minutos y sesiones cortas de entrenamiento (10-15 minutos al día) para mantener su mente activa. El refuerzo positivo es clave: recompensa a tu perro (con un premio que reciba en menos de 3 segundos) cuando haga sus necesidades en el lugar correcto y no muestre interés en las heces. La resolución puede tomar entre 3 y 6 meses con consistencia y paciencia, pero es un compromiso que vale la pena para el bienestar de tu compañero.
Abordar la coprofagia es un viaje que combina ciencia veterinaria y paciencia del cuidador. Priorizar la salud es el primer paso para asegurar el bienestar de nuestra mascota y fortalecer ese vínculo irrompible. Desde “Diario Ahora”, seguiremos explorando cómo entender mejor a nuestros animales, buscando siempre las voces expertas para guiar a nuestra comunidad huanuqueña en el cuidado de quienes nos dan tanto amor sin pedir más que nuestro cuidado y comprensión. El próximo mes, abordaremos la importancia de la socialización temprana en cachorros y cómo prevenir problemas de ansiedad en adultos.
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