Anabel Estévez: Dejó veterinaria tras 15 años por presión y ansiedad

El 60% de los veterinarios se siente agotado y una ley de 2023 dispara la ansiedad. Anabel Estévez, con 15 años de servicio, dejó su sueño por la presión y la burocracia.

La veterinaria, una profesión de vocación, enfrenta una crisis global: jornadas de hasta 12 horas, una elevada carga emocional y normativas asfixiantes. En España, el Real Decreto 666/2023, implementado el año pasado, ha sido la gota que derrama el vaso para muchos profesionales, aumentando la burocracia en un 30% y poniendo en riesgo la calidad de la atención animal.

Según la investigación publicada por La Vanguardia, la exveterinaria Anabel Estévez, con 15 años de experiencia, es un claro ejemplo de esta problemática. Su testimonio refleja un patrón preocupante donde la pasión por los animales choca con la dura realidad laboral y un sistema que penaliza la autonomía clínica, generando un desgaste profesional que fuerza el abandono de una carrera vital para la salud pública y el bienestar animal.

La Ansiedad y el Agotamiento Afectan a Más del 60% de los Veterinarios

Cada vez más veterinarios, jóvenes y experimentados, toman la dolorosa decisión de abandonar su profesión. No es por falta de vocación, sino por el peso acumulado de condiciones laborales extremas, la presión constante y un marco normativo que, según muchos, los asfixia. Un estudio reciente indica que más del 60% de los profesionales veterinarios a nivel global reportan síntomas de agotamiento, o “burnout”, en algún punto de su carrera, una cifra alarmante que supera a otras profesiones sanitarias. Jornadas que pueden extenderse hasta 12 o incluso 14 horas al día, una responsabilidad clínica inmensa y la exposición continua al desgaste emocional, sumado a una creciente carga administrativa, han erosionado un ejercicio profesional que durante años se sostuvo, en gran parte, por el compromiso personal y una profunda conexión con los animales. Anabel Estévez, quien dejó su consulta tras 15 años, lo resume así: “Cada caso duro, cada eutanasia, cada incertidumbre cuando no encuentras la respuesta a la primera van sumando y dejando huella”.

¿Qué Impulsa a Abandonar una Vocación Tan Sentida?

La veterinaria es, para la mayoría, un llamado desde la infancia. Anabel Estévez cuenta que desde muy pequeña tuvo “clarísimo” que quería dedicarse a los animales, sintiendo una “conexión especial” que le brindaba paz. Durante sus 15 años de ejercicio, lo más gratificante era ver un animal recuperarse de casos complejos gracias al trabajo en equipo, o la alegría simple de un perro al verla. Esa sensación de “poder ayudar y mejorar la vida de los animales y de sus familias” fue el motor. Sin embargo, este motor se fue apagando bajo el peso de la realidad. La ilusión de los primeros 5 años se transformó en ansiedad. La presión no es solo la carga de trabajo o la falta de valoración; es la abrumadora sensación de tener en tus manos la vida de un ser vivo, con el desgaste emocional de las eutanasias, la incertidumbre ante diagnósticos difíciles y la exigencia de familias, a veces, desesperadas. El sector tiene una de las tasas de problemas de salud mental y suicidio más altas, casi 2 veces superior a la población general, una estadística sombría que rara vez se visibiliza.

El Real Decreto 666/2023: La Gota que Colma el Vaso de la Burocracia

El conflicto en torno al Real Decreto 666/2023, que entró en vigor en 2023 y regula la prescripción, dispensación y uso de medicamentos veterinarios en España, ha puesto en pie de guerra a un amplio sector de veterinarios. Esta normativa, percibida como excesivamente burocrática, exige la implantación obligatoria del sistema telemático PresVet para registrar cada prescripción de antibióticos. Anabel Estévez, en su entrevista, identifica esta presión administrativa como “la gota que ha colmado el vaso”, disparando su ansiedad a un punto insostenible. Se estima que este tipo de regulaciones puede incrementar el tiempo dedicado a tareas administrativas en un 30% a 40% del total de la jornada, restándolo de la atención directa a los pacientes.

¿Cómo Afecta la Nueva Normativa la Autonomía Clínica y la Salud Animal?

La nueva ley impacta directamente la capacidad de los veterinarios para trabajar según su criterio. Anabel explica que la necesidad de registrar cada receta electrónica y la constante sensación de estar siendo “analizada”, con el “miedo constante a ser sancionada”, paraliza completamente. La normativa crea “listas absurdas” que prohíben el uso de ciertos antibióticos de elección, lo que entorpece los tratamientos efectivos, complica los casos y genera frustración en los clientes debido a la extensión de los procesos y los sobrecostos asociados, que pueden ascender a varios cientos de euros por caso. Esta situación no solo afecta al profesional, sino que el 80% de los veterinarios consultados considera que también perjudica directamente la salud y el bienestar de los animales, al retrasar tratamientos vitales y generar sufrimiento innecesario, impactando negativamente la calidad asistencial.

Costos Ocultos y Sanciones Desproporcionadas: Un Ejercicio de Riesgo Financiero y Técnico

La legislación vigente ha transformado el ejercicio veterinario en una actividad de alto riesgo legal y financiero. Los profesionales denuncian que “nos pueden sancionar con multas desproporcionadas si nos saltamos protocolos”, que en muchas ocasiones, van “en contra del bienestar del animal”. Estas multas pueden variar desde 600 euros hasta más de 60.000 euros en casos graves, convirtiendo a los veterinarios en “criminales por hacer lo que sabemos que es mejor para nuestros pacientes”. A esto se suma que el sector veterinario en España opera con un 21% de IVA, como si fuera un servicio de lujo, una carga económica que impacta directamente en los costos para las familias, de las cuales un 40% tiene al menos una mascota, y en la capacidad de los profesionales para invertir en mejoras o recibir una remuneración justa. Anabel subraya que esta situación hace que muchas familias no puedan permitirse los sobrecostos generados por los nuevos protocolos, llevando a que los animales no reciban la atención necesaria.

Tras 15 Años: El Difícil Adiós a un Sueño de Toda la Vida

La decisión de Anabel Estévez de dejar la profesión después de 15 años fue el resultado de un largo periodo de ansiedad y tristeza. La señal de alarma más grande fue darse cuenta de que, por primera vez, no quería volver a trabajar de veterinaria. Lo que había sido su “sueño de vida desde pequeña”, ya no le traía felicidad. Reconoció que tenía “muchas otras inquietudes y profesiones que explorar”, y decidió que era el momento de escucharse y priorizar su salud mental, una lección crucial para una profesión donde el apoyo psicológico es casi inexistente, a pesar de las altas tasas de afectación.

¿Existe Futuro para Quienes Aman Cuidar a los Animales en Este Marco?

Anabel, a pesar de su retiro, sigue conectada profundamente con el mundo animal. Continúa estudiando avances en veterinaria y ahora se forma para ser profesora de biología, con el fin de transmitir su entusiasmo por la naturaleza a las nuevas generaciones. Su relación con el mundo animal “forma parte de [su] ser”. Ella sueña y tiene la esperanza de que, algún día, las leyes cambien y los animales sean tratados con el respeto que merecen como “parte de nuestras familias”. ¿Podrá la profesión veterinaria evolucionar hacia un modelo que valore la autonomía del especialista, proteja su salud mental y garantice el acceso a una atención de calidad para todas las mascotas, evitando que más profesionales abandonen una vocación tan esencial? Este es un debate que apenas comienza a tener el eco que merece en la agenda pública.

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