Trump en la Casa Blanca: El imperialismo que lucha por conservar su hegemonía.

J. Miguel Vargas Rosas

Mariátegui aclaraba lo siguiente en La escena contemporánea (1981):
«El liberalismo puro tiene siempre alguna nueva libertad que conquistar y alguna nueva revolución que proponer. Por eso, la burguesía, después de haberlo usado contra la feudalidad y sus tentativas de restauración, empezó a considerarlo excesivo, peligroso e incómodo (…) Renegando de la idea liberal, la sociedad capitalista reniega de sus propios orígenes. La reacción conduce, como en Italia, a una restauración anacrónica de métodos medievales» (p. 71)

Este liberalismo que Mariátegui llama puro, ya no existe entre la clase gobernante ni como un vago recuerdo, pues hasta los que osan llamarse neoliberales sirvieron y sirven al poder tiránico del capitalismo y lo único que han logrado esgrimir es una ideología agónica que, en la actualidad, opone métodos medievales a la lucha de los pueblos y a la idea del socialismo e incluso oponen aquellos métodos a ideas de “libertad pura”. La clase capitalista que gobierna verticalmente los Estados Unidos de Norteamérica es el claro ejemplo de dichos métodos y del asesinato de todo “liberalismo puro”. Nuestro Amauta ya avizoraba el derrotero que seguiría la burguesía norteamericana cuando enseñaba que «la participación de los Estados Unidos en la guerra mundial fue dictada por un interés imperialista» y que «La Nueva Libertad, propugnada por Wilson, convenía a todo el mundo, menos a los Estados Unidos». Todo esto lo dijo anteponiendo el postulado vertido por Lenin de que el imperialismo es la última etapa del capitalismo (p. 98)

Mientras que, en la época de Mariátegui, Estados Unidos de Norteamérica se perfilaba como el futuro imperialismo hegemónico, hoy estamos en una etapa en que dicho imperialismo se tambalea. El miedo de perder territorios de dominación impulsó a la burguesía norteamericana a elegir como presidente a Donald Trump, pues era lo que necesitaba para recuperar los espacios perdidos, advirtiendo a sus semicolonias que deben alinearse bajo su poderío y para recordar a sus rivales que deben temerle, tal como un jefe mafioso debe recordar su superioridad y frialdad a los que quieren derribarlo. Donald Trump es aún la mejor opción para lograr aquellos propósitos inmediatos; es un hombre poco culto, carente de la vergüenza diplomática, que sabe poco de política y economía; se educó de manera militar y bajo preceptos ultraconservadores, aunque contrasta con su personalidad corrupta e inmoral (aunque, ¿qué “ultraconservador” no tiene doble moral?); ha emergido de aquel círculo capitalista que, oculto en las sombras, sobrevive en la más ramplona corrupción y decadencia; sin diplomacia ni decoro, está preparado únicamente para tomar medidas drásticas, dictatoriales y fascistas; su cinismo sin límites lo lleva a hablar de “liberalismo” mientras impone gobiernos y bombardea ciudades y países. Poco le importa a él una planificación política y le resta importancia a la opinión pública; lo que sabe es que los grandes capitalistas norteamericanos necesitan mercado internacional y que no deben perder ni un kilómetro de los que son sus proveedores de materia prima, por lo que se limita a emitir órdenes de invasiones militares, ataques violentos y represiones a diestra y siniestra. Trump no es para nada un centrista ni mucho menos la representación de alguna transacción, es más bien la imagen de la decadencia, del regreso de los métodos anacrónicos con los cuales buscará superar la crisis actual en la que se ha profundizado USA y despertar sus fuerzas adormiladas tras un largo derrotero de guerras que lo han ido debilitando económicamente y lo han delatado ante la opinión pública como un imperio farsante que urde falsos objetivos pacificadores.

Tras la captura de Maduro, Trump, en una actitud matonesca, se ha dado el lujo de amenazar a gobiernos que intentan alinearse con el socialimperialismo chino, tales como Colombia y México, dejando en claro que una especie de guerra fría entre el bloque conformado por USA y la Unión Europea y el bloque que conforman China y Rusia se torna cada vez más agria. Además, no ha ocultado en lo más mínimo sus intenciones de continuar la represión y la violencia en Irán, ni ha mostrado la más mínima intención de detener el holocausto en Siria, pues realizó directamente una ronda de bombardeos en enero del presente año. Esto sugiere que USA desea posicionarse en Medio Oriente y desplazar a sus enemigos. Trump ha declarado abiertamente sus objetivos malsanos de acabar con la competencia del imperialismo chino y ruso, pretextando motivos ultranacionalistas y argumentando superioridad racial. Esto, más temprano que tarde, tendrá que desatar la reacción, mediante estrategias militares más contundentes, del bloque ruso-chino, como parte del proceso de redivisión del mundo en el que el Perú también formará parte del botín. Además, con esta actitud fascista, ramplona y sus alianzas con las llamadas sectas neonazis, Trump intenta transmitir confianza a la Unión Europea para que esta vuelva a cerrar filas a derredor de USA como su líder máximo.

Sin embargo, Trump oculta la actual crisis socioeconómica y política de los Estados Unidos mediante un discurso soberbio, audaz y práctico, pues este país, que otrora se marketeaba como el país de los “sueños cumplidos”, padece una inflación económica; inflación que intentan achacar a la migración excesiva, de latinos principalmente, esbozando discursos similares a los proliferados en su momento por los alemanes nazis contra judíos y polacos; asimismo, 38 millones de personas viven por debajo de lo que se considera pobreza y la pobreza infantil afecta a 9 millones de niños. En términos generales, la polarización nacional se describe de la siguiente manera: «La desigualdad de ingresos sigue en aumento: el 1% más rico posee 32,3% de la riqueza nacional, mientras que el 50% más pobre solo tiene 2,6%» (Reserva Federal, 2023). La situación de calle había incrementado en un 12% para el 2023 con respecto al 2022 debido al encarecimiento del precio medio de la vivienda. En ese mismo año, se registraron más de 48,000 muertes por armas de fuego, denotando así el carácter violento que ha forjado en su intestino el viejo imperio norteamericano y, paradójicamente, un país que no ha sabido garantizar seguridad a sus propios ciudadanos, funge de defensor de la seguridad mundial. En el sector salud se activó la alarma desde el 2023, pues se estipulaba que 30 millones de personas carecían de seguro médico y que el 66,5% de bancarrotas personales se debían a deudas médicas; mientras tanto, la deuda estudiantil ascendía a 1,7 billones de dólares. Estas crisis han ido agudizándose hasta nuestros tiempos y explican la necesidad de EE.UU. por volver a tomar las riendas del mundo bajo políticas de semicolonialidad e incluso de colonialismo retrógrada y el fervor que tiene el capital norteamericano por apoderarse de más zonas petrolíferas.

A lo expuesto hasta aquí, debemos añadir el pavor que le tiene el capitalismo al espectro del comunismo, el cual vuelve a cobrar gran influencia y vitalidad entre los que sufren directamente las crisis burguesas, pues saben que la burguesía no ha podido resolver sus propias contradicciones ni ha podido garantizar equilibrio ni justicia ni libertad. Ese temor impelió a USA a armarse de sistemas cibernéticos destinados a monitorear y supervisar la conducta de ciertos países y de ciudadanos dentro de sus propias fronteras. Entonces, el proletariado se incorporará en nombre de la verdadera libertad y de la verdadera paz, porque va comprendiendo a cabalidad que la crisis es una crisis del demo-liberalismo o democracia burguesa y que el conflicto definitivo es entre la idea conservadora y la revolucionaria. «La política, como todas las cosas, tienen únicamente dos polos. Las fuerzas que están haciendo la historia contemporánea son también solamente dos» (Mariátegui. La escena contemporánea. 1981, p. 74). Esas dos fuerzas son la burguesía y el proletariado; esas dos ideas son el capitalismo (conservadora) y el comunismo (revolucionaria).