GÉNESIS, CAPÍTULOS: 1, 2, y 3

Jacobo Ramírez Mayz

Me puse a leer la Biblia y estoy seguro que Andrés Jara, mi profesor de interpretación de textos, después que lea esto, estará seguro que algo aprendí. Dicen que al principio Dios creó los cielos y la tierra y que todo estaba oscuro, todo mojado, todo desordenado, un caos digno de municipalidad sin presupuesto. Pero ojo ya había aguas, aunque todavía no existían los cielos. Misterio número uno: ¿Dónde estaban esas aguas?, ¿en baldes?, ¿en tinas?, ¿en una nube esperando turno? No lo sé.

Luego Dios prende la luz, no el sol, no la luna, no un foco, la luz nomás, así, suelta, sin lámpara. Día uno, pasa la noche. ¿Noche sin sol? Sí. ¿Día sin sol? También. Astrónomos del mundo, discúlpenos.

Al tercer día, Dios se emociona y saca plantas, árboles, semillas, frutos. Todo verde, todo bonito. pero todavía no existía el sol, o sea fotosíntesis por fe, clorofila creyente, plantas evangélicas que crecen solo con oración.

Recién al cuarto día aparecen el sol, la luna y las estrellas, como quien dice: Ah, cierto, faltaba la luz. Pero nadie se hace problema, Dios mira todo y dice: «Está bueno», autoevaluación perfecta, cero críticas.

Avanza la cosa, salen peces, aves, bestias, reptiles, monstruos marinos (que luego misteriosamente desaparecen del currículum) y finalmente el hombre. Pero aquí viene el primer gran problema divino. En el capítulo uno, Dios crea al hombre varón y hembra, juntos, en combo, en promoción, listo, caso cerrado.

Pero en el capítulo dos, Dios parece haber olvidado lo que hizo, y dice: «No hay hombre, voy a hacerlo». Y lo hace otra vez, esta vez con barro, soplido nasal incluido. Versión artesanal, edición limitada. ¿En qué quedamos, Señor? ¿Producción en masa o trabajo manual?

Luego crea el huerto, los árboles, los ríos (con nombres que parecen marcas de cerveza artesanal: Pisón, Gihón, Hidekel) y pone al hombre a trabajar antes de que exista el pecado, o sea, el trabajo no fue castigo, el castigo fue el sueldo.

Después Dios dice: «No es bueno que el hombre esté solo». Tarde, papá, ya lo habías creado con mujer en el capítulo anterior, pero bueno, sigamos el juego. Entonces Dios crea a los animales después del hombre, cuando en el capítulo uno los había creado antes y los trae para que Adán los ponga nombres, como si fuera un pasatiempo de domingo. Me lo imagino diciendo: «Este se llamará ornitorrinco, este perro, este unicornio, no, este último no».

Ninguno sirve de pareja para el hombre, qué decepción; así que Dios duerme a Adán, le roba una costilla y fabrica a la mujer, cirugía sin anestesia, sin consentimiento informado y sin demanda legal, milagro médico.

Todo va bien hasta que aparece la serpiente, que habla mejor que muchos pastores. Convence, argumenta, promete conocimiento. Eva come, Adán también, pero luego se hace el sorprendido, como todo varón bíblico bien entrenado y pasa lo mejor: Dios, que es omnisciente, no sabe dónde están. ¿Dónde estás? Pregunta sincera, seguramente el GPS celestial estaba fuera de servicio. Luego viene el juicio, Adán culpa a Eva, ella culpa a la serpiente, y esta no culpa a nadie porque no le dan derecho a defensa.

Y el castigo es hermoso, a la mujer, dolor; al hombre, trabajo; a la serpiente, arrastrarse; a la humanidad, culpa hereditaria por miles de años, todo por comer un fruto que Dios puso ahí, prohibió, que amenazó con muerte a quien lo comiera y del que mintió un poquito, porque no murieron ese día.

Finalmente, Dios dice: «Ahora el hombre es como uno de nosotros». ¿Quiénes? ¿El comité de creación? ¿El directorio? ¿La Santísima Junta Directiva?

Y lo expulsa del Edén, no sea que coma del árbol de la vida y viva para siempre, o sea, el problema no era la desobediencia, sino la competencia. Cierra el huerto con querubines armados y una espada giratoria, como discoteca del apocalipsis y así empieza la historia humana: con luz sin sol, plantas sin fotosíntesis, dos creaciones del mismo hombre, un Dios que pregunta lo que sabe, castigos mal repartidos y una serpiente que dijo la verdad demasiado pronto. Amén

P.D. Si tienen alguna duda lean Génesis: capítulos 1, 2 y 3. Si fuera en la edición Reina Valera, mejor.

Las Pampas, 29 de enero del 2025