Más de 5 mil platos de locro en Amarilis: Festival de los Negritos cerró la “Navidad más larga del mundo”

En el marco del cierre de la Danza de los Negritos, conocida como la “Navidad más larga del mundo”, miles de asistentes participaron en una jornada marcada por el sabor y la identidad cultural. Durante las festividades del IV Festival de los Negritos “Amarilis para el Mundo 2026”, se repartieron más de cinco mil platos de locro, uno de los potajes más representativos de estas celebraciones, en una actividad que combinó gastronomía, música, fe y tradición.

La distribución del locro se realizó después del mediodía, como parte de un momento central de encuentro comunitario. Organizadores y participantes señalaron que compartir alimentos es un componente esencial de la festividad, que conmemora el nacimiento del Redentor y se vive como una expresión colectiva de devoción. En ese sentido, el locro no solo fue un plato para el público, sino también un símbolo de una tradición que se mantiene viva por generaciones y que refuerza los lazos entre barrios, comparsas, familias y visitantes.

Enero dejó postales de color y movimiento, pero también una imagen potente: largas filas, ollas humeantes y vecinos compartiendo el mismo sabor en un espacio público convertido en celebración. Para muchos, el locro representa el “calor” de la fiesta: un gesto que sostiene el sentido de comunidad y el espíritu de reciprocidad que acompaña a la Danza de los Negritos.

El locro fue presentado por los promotores del festival como parte de un “manifiesto” cultural que expresa el sincretismo de la festividad: una manifestación de fe que integra devoción religiosa, música, danza y prácticas comunitarias. La preparación y entrega del potaje se convirtió en un acto ritual de hospitalidad, donde el alimento cumple un rol tan importante como el baile: unir a la gente, convocarla y hacerla parte de la misma celebración.

A lo largo del festival, Amarilis mostró una vez más que la Danza de los Negritos no es solo una presentación artística, sino una tradición que se sostiene con participación masiva, organización y costumbres que se repiten año a año. La masiva entrega de platos —según se informó— buscó reforzar ese espíritu de compartir, en una fecha donde la fiesta se vive como cierre y como renovación.

Los asistentes destacaron el ambiente festivo y la oportunidad de reencontrarse. En la práctica, el reparto de locro funcionó como un punto de unión entre quienes llegaron por la danza y quienes acudieron por la experiencia completa: música, comparsas, devoción y gastronomía.

El festival también fue presentado como una plataforma para impulsar la internacionalización de la Danza de los Negritos, considerada una de las expresiones culturales más emblemáticas de Huánuco. Bajo el lema “Amarilis para el Mundo”, el evento buscó fortalecer la proyección turística y cultural del distrito, colocando en vitrina una tradición que cada año convoca a más visitantes y genera movimiento económico y cultural en la región.

En ese objetivo, la combinación de danza y gastronomía cumple un papel clave: permite que el visitante no solo observe, sino que viva la tradición. El locro, servido en miles de platos, aportó ese componente de experiencia compartida que convierte una festividad en una memoria colectiva.

Con el cierre de las celebraciones, Amarilis deja un mensaje claro: la tradición se preserva cuando se comparte. Y en esta edición 2026, el sabor del locro —servido a más de cinco mil asistentes— quedó como una de las postales más potentes de una fiesta que sigue creciendo, llevando la identidad huanuqueña más allá de sus fronteras.