De acuerdo con documentos oficiales y declaraciones públicas, esta estrategia busca reposicionar a Washington como potencia dominante en su hemisferio y reducir compromisos multilaterales considerados contrarios a sus intereses.

Trump: América Primero sacude OTAN y redefine poder en América Latina

Doce meses de gobierno bastaron para que la política exterior de Estados Unidos experimente un giro abrupto que impacta directamente en Europa y el continente americano. Aranceles de hasta 25% a países aliados, intervenciones militares y presiones económicas marcan el primer año del segundo mandato de Donald Trump, con efectos visibles en la OTAN y América Latina.

La reconfiguración del rol internacional de Estados Unidos ha sido impulsada desde la Casa Blanca por el presidente Donald Trump, quien, según indicó el Departamento de Estado, prioriza la doctrina de “Estados Unidos primero” como eje central de su política exterior. De acuerdo con documentos oficiales y declaraciones públicas, esta estrategia busca reposicionar a Washington como potencia dominante en su hemisferio y reducir compromisos multilaterales considerados contrarios a sus intereses.

En Europa, la tensión escaló tras el anuncio de aranceles de hasta 25% contra ocho países miembros de la OTAN que participan en maniobras militares en Groenlandia, medida adoptada días después de reuniones diplomáticas entre autoridades de Dinamarca, Groenlandia y la Casa Blanca. Según analistas internacionales, esta decisión ha generado inquietud dentro de la alianza atlántica y debilitado los mecanismos de cooperación establecidos tras la Segunda Guerra Mundial.

Un giro drástico del orden internacional

A nivel global, la administración estadounidense ha desmantelado o reducido su participación en múltiples organismos internacionales y ha reestructurado de manera integral el Departamento de Estado. De acuerdo con el Council for Foreign Relations, estas decisiones no tienen precedentes en la historia reciente del país, al tratarse de una superpotencia que cuestiona el mismo sistema que sostuvo su influencia durante décadas.

Según explicó Rebecca Lissner, investigadora del Council for Foreign Relations, el actual gobierno ha optado por un enfoque transaccional de la diplomacia, donde la cooperación y la seguridad internacional se subordinan a beneficios económicos directos. Esta lógica, añadió, se refleja en la imposición de condiciones financieras para la participación en iniciativas de paz y en la aceptación de aportes materiales de gobiernos aliados.

Mientras la Casa Blanca sostiene que su gestión ha contribuido a la resolución de conflictos internacionales, informes oficiales confirman operaciones militares en países como Irán, Venezuela, Yemen, Siria, Nigeria y Somalia. Paralelamente, Washington ha endurecido su discurso contra gobiernos aliados en América Latina, como México y Colombia, a los que ha señalado por presuntos vínculos con el narcotráfico.

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América Latina como prioridad estratégica

El cambio de enfoque resulta especialmente visible en América Latina, región que la Estrategia de Seguridad Nacional identifica como prioridad absoluta para los intereses de Estados Unidos. Según indicó el Departamento de Estado en comunicaciones oficiales, el hemisferio occidental es considerado un espacio donde Washington no permitirá amenazas a su seguridad.

De acuerdo con la administración estadounidense, los principales objetivos en la región incluyen la reducción de la migración irregular, la lucha contra los carteles de la droga y el freno a la expansión de inversiones chinas. Para ello, el gobierno combina incentivos económicos con sanciones comerciales y, en casos extremos, intervenciones directas.

Venezuela se ha convertido en el caso más emblemático de esta política. Tras la intervención militar del 3 de enero, Estados Unidos mantiene un amplio despliegue naval en el Caribe y ha advertido que podría repetir acciones similares si el gobierno venezolano no acata sus exigencias. Según fuentes oficiales, estas operaciones se justifican como parte de la lucha contra el narcotráfico, aunque organismos internacionales han cuestionado su legalidad.

En contraste, gobiernos alineados ideológicamente con Washington han recibido beneficios económicos y respaldo político. De acuerdo con comunicados oficiales, Argentina obtuvo un rescate financiero de 20.000 millones de dólares, mientras que El Salvador y Ecuador recibieron reducciones arancelarias. Asimismo, el gobierno estadounidense ha expresado apoyo explícito a líderes y candidatos de derecha en varios países de la región.

Trump encara ahora tres años más de mandato, con interrogantes sobre la sostenibilidad de esta estrategia exterior. Analistas advierten que el énfasis en acciones rápidas y de alto impacto podría generar resultados de corto plazo, pero con consecuencias duraderas para la estabilidad internacional y las relaciones históricas de Estados Unidos con sus aliados.