La Zona Arqueológica Monumental de Garu, en el distrito de Choras, Yarowilca, empieza a visibilizarse ante el país y el mundo como uno de los complejos más importantes del pasado andino. Con más de 129 hectáreas de historia viva, Garu no es una promesa: es una realidad que exige acción inmediata. Mientras arqueólogos, investigadores y científicos internacionales ya reconocen su valor cultural e histórico, el Estado peruano aún no da señales claras de compromiso con su protección ni con su puesta en valor.
Ubicada en una zona altoandina de difícil acceso, Garu ha sido reconocida como Patrimonio Cultural de la Nación por la riqueza y diversidad de sus vestigios, que abarcan desde periodos precerámicos hasta etapas incaicas y coloniales. Según los especialistas locales, se trata de una verdadera urbe ancestral, con fortificaciones, templos, chullpas y viviendas distribuidas en múltiples sectores. No se trata de un sitio aislado, sino de un sistema urbano complejo que habla de un pasado organizado, tecnificado y profundamente humano.
Sin embargo, la realidad es otra. Garu enfrenta hoy un abandono preocupante. No hay servicios básicos, ni señalización adecuada, ni suficiente personal para vigilancia. Como si no bastara, recientemente se registró un incendio en el sitio, un hecho que revela con crudeza la vulnerabilidad del patrimonio cuando no hay recursos ni presencia institucional que lo resguarde. Mientras tanto, se proyectan circuitos turísticos de dos a tres días sin garantizar aún la infraestructura mínima que esos recorridos requieren.
No es admisible que un sitio con este potencial siga dependiendo de la buena voluntad de unos pocos funcionarios o del entusiasmo esporádico de visitantes y estudiosos. El Ministerio de Cultura, el Gobierno Regional de Huánuco y las autoridades locales deben asumir que la protección del patrimonio no es un lujo, es una obligación. La historia que no se conserva se pierde, y en un país que depende tanto del turismo, dejar caer Garu es también despreciar una oportunidad de desarrollo sostenible.
La municipalidad de Choras ha señalado que existen coordinaciones con la Dircetur y otras instituciones, pero esas mesas de diálogo deben traducirse en hechos concretos. Garu no puede convertirse en otro nombre más en la larga lista de promesas incumplidas ni en un lugar al que se llega solo para la foto. Necesita inversión real, planificación seria y una gestión que esté a la altura de su legado.
Porque Garu no es solo un vestigio arqueológico: es una advertencia y una posibilidad. Es el espejo de cómo tratamos nuestra historia. Y hoy, ese espejo comienza a mostrar grietas.




