La ejecución de los proyectos urbanos del Malecón, la Alameda y la Laguna Viña del Río vuelve al centro del debate público en Huánuco. El decano del Colegio de Arquitectos Regional Huánuco, Arq. Walter Vladimir Bruno Saavedra, sostuvo que la ciudad necesita avanzar con obras, pero con reglas claras, respaldo técnico y enfoque ambiental, para evitar que intervenciones de alto impacto terminen reducidas a “obra física” sin visión de espacio público.
Bruno remarcó que, aunque existe un PDU (Plan de Desarrollo Urbano), este “no está al 100%”, por lo que consideró imprescindible impulsar un plan específico o regulador de espacios públicos, articulado con la Municipalidad Provincial de Huánuco, que defina criterios ambientales, sociales, culturales y de funcionamiento urbano. En su lectura, estos proyectos no pueden tratarse como simples infraestructuras aisladas, sino como piezas que ordenan movilidad, turismo, uso ciudadano y conservación del entorno.
En el caso de la Laguna Viña del Río, subrayó la importancia de reconocer la fauna, la flora y la vertiente que nace en la parte alta (zona de Figueras), insistiendo en que el diseño debe proteger áreas verdes y priorizar infraestructura verde por encima de la infraestructura gris, para no desnaturalizar el espacio.
Plan regulador
El decano planteó que un plan regulador permitiría fijar alcances concretos —ambientales, culturales y sociales— para que la intervención conserve su esencia y responda al uso ciudadano. Su énfasis estuvo en el carácter peatonal del espacio público: más que una obra para “verse bien”, debe diseñarse para caminarlo, habitarlo y sostenerlo en el tiempo.
En esa línea, propuso ordenar el componente turístico sin convertirlo en el único objetivo, e integrar dimensiones culturales y sociales que sostengan la identidad del lugar. Para el Colegio de Arquitectos, el riesgo es claro: si no hay una guía específica para espacios públicos, el proyecto podría priorizar pavimentos, estructuras y elementos “grises”, afectando la dinámica ecológica y desplazando el propósito principal del área: ser un entorno abierto, saludable y usable por la población.
Bruno también deslizó un punto clave de gobernanza urbana: este plan no puede construirse de manera unilateral. Señaló que debe trabajarse de forma mancomunada con la Municipalidad Provincial, porque el espacio público requiere coordinación real entre niveles de gobierno para evitar contradicciones, duplicidades o decisiones improvisadas.
Expediente técnico en pausa
Uno de los mensajes más contundentes fue sobre el estado del proceso. El decano afirmó que no puede iniciarse la elaboración del expediente técnico mientras no esté completo el equipo responsable, incluyendo quien formula y quien supervisa. Ante la consulta periodística, coincidió en que existe una limitación práctica: la contratación de la empresa supervisora aún estaría pendiente, lo que impide un arranque formal y ordenado.
Según explicó, la supervisión no es un trámite accesorio, sino un acompañamiento clave para verificar que, desde los estudios básicos, se cumplan criterios técnicos y se reduzcan riesgos. Bajo esa lógica, iniciar sin supervisión o sin el equipo completo implicaría abrir la puerta a errores tempranos, correcciones costosas y decisiones que luego resulten difíciles de revertir.




